La actividad sufrió su mayor caída mensual desde la pandemia y la economía quedó al borde de una recesión técnica

El EMAE que mide el Indec acumuló un crecimiento del 1,7% en los primeros siete meses del año. Sin embargo, la fuerte caída de julio cambió las perspectivas para el segundo semestre y obligó a revisar las proyecciones de crecimiento para 2026.

domingo 04/10/2026 - 8:13
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La economía argentina inició el tercer trimestre con un traspié de gran magnitud. En julio, el nivel de actividad se contrajo un 2,9% respecto de junio en la medición desestacionalizada, la caída mensual más pronunciada desde abril de 2020, cuando el inicio de la pandemia había provocado un desplome del 15,7% en un solo mes. La variación interanual, además, volvió a terreno negativo por primera vez desde febrero, con un retroceso del 1,4%.

El golpe fue de tal envergadura que borró prácticamente todo el avance acumulado durante los últimos 16 meses, y devolvió al indicador al nivel en que se encontraba en marzo de 2025. La consecuencia más inmediata de ese derrumbe es que la segunda mitad del año arranca desde un piso considerablemente más bajo que el previsto.

El crecimiento acumulado entre enero y juliose redujo al 1,7% interanual, cuando hasta junio se ubicaba en el 2,2%. Conviene aclarar que operaron algunos factores puntuales que agravaron la caída, como las lluvias intensas y hasta el impacto del mundial de fútbol sobre ciertos consumos y actividades. Pero incluso si el retroceso resultara transitorio, este arranque de trimestre deja a la economía al borde de una recesión técnica, que se configura cuando se encadenan dos trimestres consecutivos de contracción.

El análisis sectorial revela que en julio perdieron fuerza varios de los motores que venían sosteniendo el crecimiento agregado. La intermediación financiera dio un giro brusco, al pasar de crecer un 6,1% interanual en junio a caer un 3% en julio. El agro desaceleró de manera marcada, del 5,3% al 0,7%, aunque todavía acumula una expansión del 9,8% en el año. Y la explotación de minas y canteras moderó su avance, del 15,8% al 8,4%, si bien conserva un alza acumulada del 13,5%.

El impulso de estos dos últimos sectores no alcanzó para compensar la debilidad del resto, y el retroceso de la actividad financiera privó a la economía de uno de los pilares que la habían venido empujando.

La lectura en clave trimestral es la que enciende las señales de alerta. Dado que el producto ya se había contraído un 0,6% en el segundo trimestre en la medición desestacionalizada, un nuevo retroceso en el tercero completaría el cuadro de una recesión técnica. Y el punto de partida es exigente, porque para que el promedio de la actividad del tercer trimestre iguale al del segundo haría falta crecer cerca de un 3% mensual tanto en agosto como en septiembre.

Un rebote en agosto es plausible tras una caída de semejante magnitud y con la reversión de los factores transitorios, pero sostener dos meses seguidos de aumentos del 3% luce muy difícil, sobre todo frente a una actividad que entre enero y julio cayó, en promedio, alrededor de un 0,6% mensual.

El tropiezo también estrechó el margen para el resultado del año completo. Las proyecciones de crecimiento para 2026, que se ubicaban en torno al 2,2%, ya se habían vuelto exigentes tras el freno del segundo trimestre. Con la caída de julio, la estimación se recortó al 1,8%, y con posibilidades de una nueva revisión a la baja. Alcanzar siquiera ese número más modesto requeriría recuperar en agosto la caída de julio y luego sostener avances cercanos al 1% mensual entre septiembre y diciembre, un ritmo elevado y persistente que por ahora los indicadores disponibles no anticipan.

La pregunta que se abre hacia adelante es si una mejora del crédito y de los ingresos reales logrará recomponer la demanda interna, que es la clave para revertir la tendencia. En ese plano aparecen algunas señales incipientes de recuperación. En junio y julio, el salario real del sector privado frenó su caída y mostró leves avances del 0,1% en ambos meses, mientras que en el sector público la mejora fue más nítida, con subas del 1,5% y del 0,8% respectivamente. Aunque los ingresos reales todavía se mantienen por debajo de los niveles de un año atrás, esa dinámica reciente, de sostenerse, podría contribuir a apuntalar el consumo y a moderar la caída de la actividad.

El frente financiero, en contraste con el cuadro de la economía real, ofreció una novedad auspiciosa. En septiembre, y pese a que el riesgo país continuó en ascenso, las emisiones internacionales de deuda acumularon U$3174 millones, un monto que superó el promedio de los meses previos y que se ubicó como el segundo mayor registro de la actual gestión. El dato es especialmente relevante porque constituye un flujo adicional de divisas en un momento en que el Banco Central redujo con fuerza su ritmo de compras en el mercado cambiario, en línea con la estacionalidad del trimestre, al pasar de un promedio diario de 103 millones en julio a 39 millones en agosto y apenas 13 millones en septiembre.

Ese repunte de las colocaciones se explicó, en gran medida, por dos operaciones de peso. La principal correspondió a la mayor petrolera del país, que colocó US$1200 millones con vencimiento en 2035, un cupón del 7,55% y un rendimiento del 7,85%, en su mayor emisión desde 2015. La segunda fue protagonizada por la provincia de San Juan, que regresó al mercado internacional tras 27 años de ausencia y colocó 600 millones a un rendimiento del 9,875%.

La diferencia de unos 200 puntos básicosentre ambas tasas refleja tanto el deterioro del contexto entre una y otra emisión como la distinta prima de riesgo de cada emisor, ya que la petrolera cuenta con un historial reciente de acceso al crédito y con ingresos en dólares, mientras que la provincia carecía de antecedentes de colocaciones recientes. Aun así, ambas operaciones se concretaron por debajo del costo de financiamiento que enfrentaría hoy el soberano, que rondaba el 10,8%.

El comportamiento del riesgo país durante la semana dejó una enseñanza que conviene subrayar. El indicador argentino mostró una sensibilidad mucho mayor que el del resto de la región frente a la suba de las tasas globales, con un deterioro que respondió también a factores propios, entre ellos la debilidad de la actividad y una mayor incertidumbre política de cara a 2027.

Mientras el riesgo argentino trepó 105 puntos básicos en lo que va del mes, el promedio latinoamericano apenas se movió tres puntos. A ese cuadro se suma un contexto internacional exigente, con la tasa del bono del Tesoro estadounidense a diez años en el 5,16%, su mayor nivel desde 2007, y la posibilidad de una nueva suba por parte de la Reserva Federal antes de fin de año.

El balance general deja una economía tensionada entre dos dinámicas opuestas. Por un lado, una actividad que sufrió un fuerte revés y que coquetea con la recesión técnica, con la demanda interna como principal incógnita. Por el otro, un sector privado que demuestra que las puertas del financiamiento internacional siguen abiertas para determinados emisores dispuestos a convalidar las tasas vigentes.

La continuidad de esos flujos de divisas será determinante para fortalecer las reservas de cara al año electoral, pero la asignatura central sigue siendo lograr que la economía real recupere el pulso antes de que el tropiezo de julio se transforme en una tendencia.

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