El enfoque de la Administración Macri acerca de la llamada ‘mafia sindical’ es conocido, según el caso de Omar Suárez más que el de Juan Pablo Medina (que más bien parece haber sido el resultado de un sincericidio del ‘Pata’): intervenir el sindicato y la obra social, cambiar el prestador de la obra social, intentar normalizar a favor de algún sector de confianza.
Luego de esos 2 casos es muy mencionado por el diario La Nación el sindicalista Víctor Santa María como un dirigente en condición similar. Además, tiene ya una causa judicial que parece avanzar. En ese contexto, es interesante conocer también la opinión del tal Santa María, también responsable del diario opositor Página/12.
Víctor Santa María reúne desde hace un tiempo algunas de las cualidades que más escozor generan en el Gobierno nacional: es sindicalista, preside el Partido Justicialista porteño –en un territorio en el que el peronismo se alinea con Cristina Fernández de Kirchner- y dirige el Grupo Octubre, propietario de la radio AM 750 y del diario Página/12, dos de los principales -y escasos- medios opositores, que hoy atraviesan graves problemas económicos.
El secretario general del sindicato de los encargados de edificios (Suterh) recibió a Letra P en su oficina del séptimo piso de la obra social de ese gremio, en pleno corazón del barrio de Once, donde habló de la situación de la CGT, de las denuncias en su contra y de la contradicción de ser, al mismo tiempo, dirigente sindical y empleador.
Según Santa María, la batería de denuncias en su contra por poseer cuentas en el exterior y por la administración de los recursos del sindicato es parte de “una embestida del Gobierno contra el movimiento obrero”, que se complementa con la intención de ahogar medios opositores. Un Gobierno encabezado por el presidente Mauricio Macri, con quien supo sostener una muy buena relación desde el Suterh cuando era jefe de Gobierno porteño. “No existe ninguna denuncia penal”, se defendió.
El frente de conflicto que tiene que afrontar actualmente Santa María se completa con el rechazo de los trabajadores de Página/12 a los retiros voluntarios anunciados por la empresa que él comanda. El sindicalista-empresario explicó que el medio atraviesa “una situación muy difícil”, que adjudica al manejo discrecional de la pauta oficial que, asegura, esta direccionada hacia los grandes medios con “la intención de querer callar al diario”.
-¿Cómo analiza las denuncias en su contra por cuentas en el exterior y por el manejo de los recursos del sindicato?
-Desde hace un tiempo hay una embestida de ciertos sectores del Gobierno contra el movimiento obrero. Esto se expresa en que en el último Comité Central Confederal todos los sindicatos comentaron que, por una u otra cosas, estaban con algún quilombo. O la AFIP, la UIF o denuncias internas que ahora se reactivan, incluso dentro de la Comisión Directiva, sobre las que se monta el Ministerio de Trabajo para presionar. Hay un intento de meterle un cerrojo, una mordaza al movimiento obrero.
-¿Y en su caso particular?
-Yo no tengo ninguna denuncia penal en contra, ninguna causa judicial abierta que tenga que ver con lo penal. En nuestro caso, al panorama general de los sindicatos, se suma el papel que cumplen nuestros medios, sobre todo Página/12. Por lo visto, al Gobierno no le gusta escuchar voces disidentes. Esos son los dos planos que se van sumando.
-Pero más allá del escenario general, ¿qué hay de las denuncias sobre los movimientos de dinero y cuentas en Suiza?
-Es información vieja que está en las redes desde hace algunos años y que tiene que ver con distintas operaciones que hacen a temas de plata afuera, del blanqueo, etcétera. Yo no tengo ninguna cuenta afuera, nunca firmé ni autoricé la apertura de cuentas en el exterior. No voy a hacer como hace (Mauricio) Macri, que le echa la culpa a su viejo. Yo respondo por mí y sé lo que tengo, lo que no tengo, lo que tiene el sindicato y cómo se hizo eso.
-¿Habló con funcionarios del Gobierno sobre estas denuncias?
-Ningún funcionario se refirió al tema. La relación actual se limita a la que tienen todos los sindicatos con el Ministerio de Trabajo. Una relación normal, con los tironeos o retrasos normales. Sí hay una fuerte discriminación en la distribución de la pauta oficial que reciben nuestros medios. Por eso decimos que la ofensiva oficial, en nuestro caso, tiene que ver con la función de estos medios.
-¿Su opinión sobre esta “ofensiva antisindical” es compartida por el conjunto de los gremios de la CGT?
-Sí, por supuesto. En el Confederal se habló claramente sobre la persecución. La intención del Gobierno es ir no solamente por los gremialistas, sino también por los gremios. Esto se dijo claramente.
-Si hay consenso en esto, ¿la CGT no debería tener una posición más dura?
-En el último Confederal se propuso que el Consejo Directo de la CGT defina después del 22 de octubre qué medida tomar, una posición que acompañé. Yo creo que estamos en un momento igual de preocupante que durante el último año. Algunos ven que en vez de ir hacia un paredón a 180 kilómetros por hora, ahora estamos yendo a 90. Pero todos acuerdan en que tenemos un paredón enfrente. Así y todo, soy parte del movimiento obrero y sé qué valor tiene la unidad para los trabajadores, sobre todo ante lo que nos tenemos que enfrentar ahora.
-O sea que no hay que esperar una reacción rápida de los sindicatos.
-No lo sé, en el Confederal no la vi. Tampoco cuestiono lo que se definió, porque está lo que le gustaría a uno y lo que se puede. Esto es lo que se puede, sobre todo porque hasta dirigentes críticos, como (el bancario Sergio) Palazzo, fueron los que propusieron no tensionar las posiciones.
-En las acusaciones contra los sindicalistas se mezclan denuncias por malversación con acusaciones por el ejercicio sindical. ¿Qué opina de esto?
-Para el Gobierno, lo importante no es el medio sino el fin. La intención acá es intervenir sindicatos, quedarse con la caja de los gremios, desplazar a dirigentes que, aunque puedan ser cuestionables, los quieren sacar por su actividad gremial. Ese es el fin de las medidas. Si escarbas un poco más, vas a ver que apuntan a que los sectores concentrados de la economía, la concentren aún más. Apuntan a que los barcos se muevan sin restricciones gremiales, que en la construcción las condiciones de seguridad no sean un impedimento para seguir explotando trabajadores. Lo que quieren es desplazar sindicatos para dar más beneficios a los empresarios.
