En una jornada marcada por el frío, la lluvia y una leve nevisca, el trabajo no se detiene. Al final de la calle Alsina, Carlota instaló su puesto de venta de panificados caseros. Para afrontar las inclemencias del clima, se encuentra resguardada bajo un refugio de madera fabricado especialmente por su cuñado.
En diálogo con «Bienvenidos a Dubai» a través de El Comodorense Stream, la vendedora detalló el enorme esfuerzo silencioso que hay detrás de su rutina, la cual comienza en plena madrugada. «A la 1 de la mañana hago la masa, a las 3 estiro y a las 4 o 4:30 me pongo a fritar», relató.
A las ocho de la mañana ya se instala en su puesto, ofreciendo una variedad ideal para combatir las bajas temperaturas. Sobre el ritmo de venta durante esta mañana gélida, explicó: «Ahora me quedan rosquitas porque los calzones rotos ya los vendí casi todos. En este otro tupper tengo torta frita y raspadita. Había hecho bolitas de fraile y se terminaron».
La jornada en la calle se extiende hasta agotar la mercadería, un horario que puede variar diariamente. «A veces me quedo hasta las 2 o 3 de la tarde. Otras veces a las 10 u 11 ya me voy. Es según la gente y según el bolsillo de la gente», reconoció Carlota. Además, admitió que a esta altura del mes la venta viene «floja, pero bien, gracias a Dios vendemos todo lo que hacemos».
Para ella, el sacrificio físico y la exposición al temporal valen completamente la pena. Lejos de lamentarse, valora profundamente su labor diaria: «Es algo que a mí me gusta y es algo lindo. Gano plata tranquila, sanamente y sin hacer mal a nadie», concluyó desde su puesto en la calle Alsina.
