El psicólogo Alejandro Schujman puso el foco en una problemática cada vez más presente en las familias: la brecha entre el control que los adultos ejercen sobre la vida cotidiana de los chicos y el desconocimiento que existe sobre lo que ocurre en internet. «Los estamos sobreprotegiendo en la vida real, los estamos descuidando en la vida virtual», afirmó en una entrevista con El Comodorense Stream.
Para explicar esa situación, contó que suele preguntarles a los padres si conocen Omegle TV, una plataforma de videollamadas aleatorias utilizada por adolescentes en distintas partes del mundo.
«Yo lo conozco a través de los chicos. Omegle TV es una web en donde los chicos entran y tienen videollamadas random con gente de todo el mundo«, explicó.
Según detalló, la dinámica de estas plataformas puede exponer a los menores a situaciones de riesgo en cuestión de segundos. «Vos prendés la cámara, te metés en la web y entonces de repente están chateando con un nene de 10 años en Australia, está muy tierno con los canguritos y dando vueltas, de repente hacen skip y chatean con un pedófilo de 40 años en Boston».
Schujman sostuvo que, mientras los jóvenes conocen y utilizan estas herramientas con naturalidad, muchos adultos desconocen completamente cómo funcionan. «Los padres tranquilos y los chicos están esquipeando en Omegle TV. Los chicos saben, los adultos no», señaló.
En ese contexto, comparó la realidad actual con la retratada en la serie Adolescencia y advirtió sobre el impacto que pueden tener las redes sociales en el desarrollo de los jóvenes.
«Lo vimos en la serie Adolescencia: lo peligroso que es el mundo de las redes sociales y la virtualidad. El factor de protección somos nosotros», remarcó.
El especialista también se refirió a la propuesta teatral que impulsa y explicó que uno de sus objetivos es fortalecer el vínculo entre padres e hijos, promoviendo una mayor escucha y participación de los adultos.
«Es una propuesta a empoderar, y esto suena mesiánico, pero es absolutamente humilde, a los padres para que sepamos que nuestra palabra tiene peso y a darles el micrófono a los chicos para que puedan pedir ayuda», expresó.
Finalmente, insistió en que la clave está en acercarse al mundo de los adolescentes sin abandonar el rol de cuidado y acompañamiento.
«Que los adultos podamos acercarnos mucho más a ellos y meternos nosotros en el mundo de ellos cuidándolos. El límite no es castigo, el límite es amor y es protección», concluyó.
