Solidaridad a contrarreloj: El comedor Alto Las Flores necesita donaciones urgentes para no tener que cerrar sus puertas

El comedor comunitario del barrio Alto Las Flores atraviesa uno de los momentos más críticos desde su fundación. Su responsable, Laura Aguirre, expuso el dramático escenario diario ante el desborde de la demanda y la falta de insumos secos y frescos.

martes 09/06/2026 - 10:03
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La referente social confesó que la escasez la llevó a utilizar el dinero de su propia medicación para garantizar el almuerzo de decenas de abuelos y niños, y apeló a la solidaridad de la comunidad, de las empresas y del municipio para sostener en pie el espacio que asiste a personas de diversos sectores de la ciudad.

El impacto de la recesión económica y la pérdida del poder adquisitivo calan hondo en los sectores más vulnerables de la periferia local. El comedor comunitario del barrio Alto Las Flores se encuentra al borde del colapso operativo debido a un sostenido incremento de familias, adultos mayores y niños que se acercan diariamente en busca de asistencia alimentaria, superando con creces la cantidad de insumos con los que cuenta el espacio para cocinar.

Laura Aguirre, la histórica referente y encargada de llevar adelante el dispositivo social, describió con profunda angustia la realidad socioeconómica que observan desde la institución. «Estamos pasando en este momento una situación muy fea en el comedor, porque realmente no nos alcanza para darle a toda la gente que está viniendo. Llegan hasta acá incluso de otros barrios porque también han cerrado otros lugares», advirtió. Como muestra de la alarmante escala de demanda, precisó que en una de las últimas jornadas debieron confeccionar y entregar viandas para 44 familias en un solo día.

Las postales de la necesidad se replican cada mañana en las calles de la zona alta. «Yo a las 11 de la mañana ya tengo gente haciendo cola para venir a buscar la comida, que se entrega a las 12. Tengo abuelos y abuelas que vienen con sus nietos. Vienen temprano porque a veces me falta, entonces quieren ser los primeros para poder llevarse su platito de comida calentito», relató, extendiendo una invitación abierta tanto a los ciudadanos como a las autoridades municipales para que se acerquen a constatar el complejo escenario.

Una decisión límite: postergar la salud por el prójimo

La crisis de desabastecimiento tocó su punto más crítico a comienzos de esta semana, empujando a Aguirre a tomar una determinación extrema que generó preocupación en su entorno familiar. «Ayer fue la gota que rebalsó el vaso. Mis hijos el domingo me dieron la plata para que yo me fuera a comprar las pastillas que tomo porque yo sufro de las piernas. Pero como había que ir a comprar algo para hacer la comida, fui y compré la carne» para el comedor, confesó de manera cruda.

Esta acción le valió lógicos reproches de su círculo íntimo, quienes le remarcaron la prioridad de atender sus patologías crónicas. «Mis hijos me dicen: ‘Mami, es tu salud’. Yo entiendo que es mi salud, pero también me da lástima que la gente venga y no tener para darle; los niños principalmente y los abuelos que vienen hasta acá arriba. Te da cosas, me puse muy mal y después se me subió la presión de los nervios», detalló sobre el nivel de estrés que maneja en la trinchera social.

A pesar del desgaste físico y emocional, la vecinalista ratificó su compromiso inquebrantable con la barriada: «Hoy gracias a Dios me levanté otra vez con todas las ganas de seguir adelante. Yo dije que no voy a aflojar, voy a seguir y no lo voy a cerrar porque yo las pasé y sé lo que es pasar necesidad. Yo voy a seguir adelante por mi gente». Asimismo, derribó mitos y prejuicios sobre el sector argumentando que «la gente no viene porque tenga ganas de venir acá arriba con el barro y la lluvia, bajando y subiendo todas las escaleras; viene porque realmente lo necesita. Al abuelo no le alcanza la jubilación, el que alquila no llega, y tengo familias enteras con problemas de salud que gastan todo en remedios».

Un llamado a la solidaridad y la promesa de ayuda institucional

Históricamente, el comedor se sostuvo mediante la colaboración de particulares, aunque la crisis modificó el mapa de los aportantes. Como paradoja de la situación actual, la encargada ejemplificó que vecinos que antes ejercían el rol de donantes hoy se han transformado en solicitantes de viandas. No obstante, mantiene la esperanza en las gestiones oficiales recientes: «Me prometieron que me iban a dar una mano ahora y que me van a solucionar el problema, así que espero que la próxima nota les tenga que decir que gracias a Dios ya tengo todo».

Para dimensionar el volumen de materia prima que requiere el espacio de manera diaria, Aguirre detalló que para una sola jornada de cocina necesitan utilizar un pack completo de fideos de diez kilogramos más cuatro paquetes individuales, o bien un total de 7 paquetes de arroz de un kilo por día, sumado a la correspondiente proporción de carne, pollo o pescado y verduras.

¿Cómo colaborar con el comedor Alto Las Flores?

Ante la urgencia de la situación, se solicita la colaboración de la comunidad en general, comercios, empresas y distribuidoras de la ciudad que puedan aportar:

  • Alimentos secos (fideos, arroz, legumbres, puré de tomate, leche en polvo, harina).
  • Alimentos frescos (carne vacuna, pollo, pescado, verduras variadas).

«No necesito que me hagan un pedido enorme. Un paquete de fideos o un kilito de papa a nosotros nos sirve y nos ayuda un montón si todos colaboran», concluyó. Los interesados en acercar asistencia o coordinar donaciones pueden comunicarse de manera directa al abonado telefónico 297-461-9383, o bien ubicar el establecimiento en los mapas digitales bajo la denominación oficial de «Comedor Alto Las Flores».

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