Un informe redactado por Rubén Lasagno, director de la Agencia OPI Santa Cruz, sostiene que previo a la elección de la gente, los precandidatos hablan entre algodones. “Sí pero no, que se haga pero que se cuide, que se controle pero se permita…”, alega como excusas de los políticos analizados.
En su continuidad, la misiva reza que existe “un sinfín de falacias y palabras reprimidas, tratando de hacer “buena letra” para quedar bien con todos los sectores y olvidando los discursos de ellos mismos, cuando han hablado sin la presión de ser lo que quieren ser: elegidos para estar en el poder durante cuatro años”.
Más adelante, indica que un diario de Río Gallegos difundió ayer una nota que a todas luces pretende unificar el discurso de los precandidatos a algo en la provincia, sobre la necesidad de que la minería se siga realizando en Santa Cruz. Ese es básicamente el objetivo y ninguna duda que la premisa viene manejada desde los sectores empresariales interesados.
Sin embargo -sostiene- lo interesante es ver qué dijeron cada uno de los precandidatos, ya que todos convergen en un punto: apoyar la minería (objeto del artículo cumplido) y luego se diferencian en cuestiones de modo, pero sin profundizar en los aspectos brutales que en otro momento de sus discursos, han sido eje de los reclamos al gobierno nacional y provincial.
Lasagno advierte que ese artículo deja claramente establecido en la bajada de la nota que “con distintos condicionamientos, ninguno de los precandidatos de los distintos frentes se oponen a la explotación minera”, núcleo de la nota. Y veamos:
“Mientras el Partido Obrero propone la explotación por parte del Estado, el radicalismo sugiere al Estado como socio igualitario con las empresas. El oficialismo va por la elevación de las regalías en el Congreso; el Frente Encuentro Sur va por mayor control de la extracción, modificando la legislación y el socialismo también apuesta a modificar el Código Minero”, expresa en una síntesis el medio.
Dice que no se lee, al menos en la nota de este diario que los reproduce, la posición férrea del PO, sostenida por el partido en otras circunstancias, sobre la sobreexplotación, la megaminería, el impacto ambiental, la salud de los pueblos, el saqueo a los recursos naturales y el pasivo ambiental que dejan las empresas a instancias de la falta de controles y la connivencia de los intereses multinacionales y la política.
Afirma también que Héctor Di Tulio, a la cabeza de las listas para diputado nacional por el Radicalismo, dice que apoya la explotación minera, pero reclama que se haga sin “materiales nocivos” para al salud. Habría que recordarle al precandidato que la minería se basa en la manipulación y aplicación de elementos altamente nocivos entre ellos el cianuro, al punto que las provincias que desean preservar la salud de las poblaciones, prohíben la utilización de él. Obviamente que hacerlo es cerrarle las puertas a la minería. Y en el fondo, ningún candidato quiere hacerlo, ni resultar tan simpático para la gente que les caiga indigesto a las mineras.
“Evitando hablar del cianuro (que molestaría directamente a las empresas), Di Tullio acierta en que las empresas multinacionales que operan en Argentina no accionan de la misma manera que en sus territorios de origen y que en Santa Cruz lo hacen de manera “irracional”. Luego hace hincapié en la necesidad de modificar el Código Minero y revaloriza la necesidad de que el Estado participe en partes iguales en la explotación minera”, indica.
Di Tulio deja de lado la falta de control, el impacto desmedido al medioambiente, la inadecuada política de explotación que aplica el estado nacional y provincial y soslaya hablar de la corrupción y los negocios políticos-empresariales y de la autonomía que tienen las mineras, amparadas por Cámaras mineras que conforman una suerte de red lobysta para sostener este fabuloso negocio. Tampoco habla de las irrisorias ganancias que deja en concepto de regalías y otros aspectos fundamentales que hacen a la explotación intensiva, mientras la onza de oro asciende a los 1.800 dólares a nivel internacional.
El ex socialista, ahora vuelto a las filas del Radicalismo, evita decirle al electorado que el diputado nacional de su partido, actualmente precandidato a la gobernación, Eduardo Costa, no ha presentado un solo proyecto para lograr que se modifiquen las leyes nacionales y/o provinciales en materia de minería, ni se lleven las regalías a un nivel de interés más aceptable para el país y particularmente para Santa Cruz.
Walter Cifuente del Partido Socialista encuentra necesario modificar el Código Minero y el pasivo ambiental que dejan, pero recala en generalidades que no comprometen su opinión, sino más bien actúan como una expresión de deseo. Algo similar ocurre con los otros precandidatos, pues en ningún caso alguien propone cómo hacerlo y se cuidan de evitar comprometerse con sus propias palabras.
El precandidato a Legislador por Encuentro Sur dejó afuera los aspectos más controvertidos de la minería y como otros, hizo eje en generalidades como la necesidad de una nueva legislación, que todos sabemos son el punto de partida y puerta de entrada de todos los males que aquejan al país en materia de preservación de los recursos naturales.
El oficialismo, por su parte y como no podía ser de otra manera, apoyó, en primer lugar, la “inversión minera” y luego en boca del actual Jefe de Gabinete Pablo González, candidato a Senador se pudo leer expresiones como “debe mejorar el beneficio de la renta a través de la actualización de la legislación vigente, siempre en el marco de la preservación de los recursos naturales de la provincia”, y en este sentido dijo que “es conveniente elevar las regalías a través del marco legal, no es necesario la intervención del Estado si se mejoran éstas –las regalías– a través de la legislación” (¿?).
Curiosamente el precandidato del oficialismo propone hacer lo que su partido, afincado en el gobierno desde el 2003, no ha hecho. Siendo mayoría en el Congreso de la nación y la provincia y teniendo en sus manos el destino de la decisión política, ni en el gobierno de Kirchner ni en el actual de la presidenta, existió voluntad por cambiar el marco legal que favorece ampliamente el saqueo minero y les permite pagar con monedas, las riquezas que se llevan de nuestro territorio. ¿Por qué deberíamos creerle al jefe de gabinete que como Senador impulsará un cambio en este sentido, si nunca lo han hecho desde la provincia y mucho menos desde la Nación?.
Concluyendo: una vez más, asistimos al acomodamiento de las palabras de acuerdo a las circunstancias que rodean el interés político del momento. En su mayoría los partidos de izquierda, suelen ser brutalmente combativos con la explotación de los recursos naturales y la enorme destrucción ambiental a la que nos exponen en pos de la acumulación de capital y hasta critican fuertemente las pretendidas “inversiones” de las que se ufanan las empresas y cuestionan abiertamente la utilización de los bajos salarios y las paupérrimas condiciones de seguridad que le brindan a los trabajadores, solo con el fin de aumentar descomunalmente sus ganancias. En este caso, al menos esa parte del discurso, ha desaparecido.
Proyecto Sur llegó a la cuenca carbonífera, habló de las posibilidades ciertas que se abren con la construcción de la megausina, la utilización del carbón etc y hasta recordó que ellos mismos son partidarios del emprendimiento, pero obvió la parte del mensaje políticamente incorrecto de mencionar entre el electorado de Río Turbio y 28 de Noviembre el escandaloso sobreprecio de la obra, las irregularidades en la confección del Estudio de Impacto Ambiental, los negociados que rondan la obra, las sospechas de corrupción que existen y las denuncias que se han hecho respecto de las consecuencias ambientales que podrá ocasionar en el futuro.
El Radicalismo reflota cuestiones tan importantes como necesarias, que se deben hacer en torno a la explotación minera en la provincia, pero se olvida que su actual representante a nivel nacional no es ejemplo de que las promesas de campaña, sean efectivamente plasmadas en la práctica. Entonces ¿Qué debemos hacer como electorado?: Pedir y exigir compromiso y no quedarnos como oyentes pasivos ante una andanada de palabras conectadas al discurso político, oportunista y acomodado a la circunstancia, pero de contenido vacuo.
