En medio de una recesión que paralizó por completo las ventas y una seguidilla de hechos delictivos que afectó a sus compañeras, la mujer defendió el rol de la policía local pero apuntó con dureza contra el sistema judicial que libera a los delincuentes.
Asegura que trabaja más de diez horas al día solo para «sobrevivir» y que debe usar su jubilación para costear los gastos fijos del comercio.
El panorama para los pequeños comerciantes del casco céntrico se volvió insostenible en los últimos meses. A la marcada caída del consumo se le sumó una creciente preocupación por las fallas de seguridad en los complejos comerciales. Iris, propietaria de un local de indumentaria en una galería de la zona, describió con angustia el escenario diario al que se enfrentan quienes levantan la persiana cada mañana.
«Los chorros andan libres en la calle y nosotros vivimos encerrados. Mi casa está llena de rejas y voy a tener que poner rejas acá también. Lo único que uno pide es trabajar tranquilo», lamentó la comerciante, sumándose al reclamo generalizado que recorre las calles de la ciudad en las últimas semanas respecto a la reincidencia delictiva.
El rol policial y las fallas del sistema
Lejos de culpar a los efectivos que caminan la jurisdicción, la vecina respaldó el trabajo de las fuerzas de seguridad operativas en el microcentro. «Ellos también arriesgan su vida y están trabajando igual que nosotros por un sueldo para sobrevivir. La culpa no la tienen ellos, la tiene el sistema. La mayoría de los chorros son conocidos por los policías de este sector, pero cuando piden encerrarlos, no los dejan», fustigó en alusión a las trabas judiciales para mantener detenidos a los autores de los robos.
En cuanto a la vulnerabilidad de la galería donde trabaja, Iris reconoció que si bien es la primera vez que sufren un ingreso forzado generalizado, los robos bajo la modalidad de «mecheros» o arrebatos sobre los mostradores son constantes. «Falta un poco de control en la galería en el horario de entrada y salida, y el control del cierre de las puertas. A mí ya me pasó dos veces y no quiero otra vez», advirtió.
Trabajar doce horas para «no vender ni un par de medias»
El impacto de la crisis económica se siente con fuerza en el mostrador. Iris detalló que viaja diariamente desde las inmediaciones de Diadema Argentina —lo que le demanda una hora de ida y otra de vuelta en transporte público— y que realiza un horario corrido de 10:00 a 20:00 horas para evitar el gasto de doble pasaje.
La falta de circulante en la calle vuelve estéril el esfuerzo: «Pasan 15 o 20 días y no vendés ni una remera, ni un par de medias que salen 2.000 pesos. Con mi sueldo de jubilada estoy pagando el alquiler del local», confesó, revelando que se fijó este mes como plazo límite para evaluar la continuidad de su negocio. «Acá no tenemos ayuda de ningún lado; tenés que pagar impuestos, AFIP, alquiler y expensas. Nadie viene a decirte ‘como no vendiste, este mes no te cobro'», graficó con crudeza.
Mujeres, mayores de 40 y sostén de hogar
Hacia el cierre de sus declaraciones, la comerciante visibilizó una problemática de género y edad que afecta al sector comercial céntrico de Comodoro, donde la mayoría de los puestos son atendidos por mujeres adultas que no tienen acceso a otros empleos formales.
«La gente grande es la que más pierde. Acá trabajamos todas personas arriba de los 40 años, y trabajás para sobrevivir, no para vivir», expresó, remarcando el impacto psicológico y económico que causó el último robo a una de sus compañeras de pasillo. «Muchas de las que tienen locales acá son sostén de hogar. Como Feli, a la que le robaron el otro día, ella vive sola con sus hijas y no tiene un trabajo seguro. Lo único que estamos pidiendo es un poquito de seguridad para poder subsistir», concluyó.
