Lo que pasó en Nepal tuvo su antecedente en la Patagonia y advierten que podría volver a ocurrir

En 2009, el vaciamiento repentino de un lago formado junto al Ventisquero Negro, al pie del Cerro Tronador, liberó millones de metros cúbicos de agua sobre el valle del río Manso. El fenómeno arrastró árboles, bloques de hielo y dañó caminos e infraestructura. Los especialistas estudian estos eventos ante la formación y crecimiento de lagos asociados al retroceso de los glaciares.

miércoles 02/09/2026 - 22:36
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Las imágenes de inundaciones repentinas vinculadas a lagos glaciares en regiones montañosas del mundo encuentran un antecedente impactante mucho más cerca: en plena Patagonia argentina, al pie del Cerro Tronador, ocurrió un fenómeno capaz de transformar en cuestión de horas un valle entero.

Fue el 21 de mayo de 2009, en el Ventisquero Negro, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi y a unos 80 kilómetros de Bariloche. Allí se produjo el vaciamiento repentino de parte del lago proglacial formado como consecuencia del retroceso del glaciar.

El fenómeno es conocido internacionalmente como GLOF (Glacial Lake Outburst Flood), es decir, una inundación generada por la liberación repentina del agua acumulada en un lago glaciar. No fue simplemente una enorme masa de hielo cayendo sobre el agua y provocando una ola: el mecanismo fue todavía más complejo.

De acuerdo con información científica difundida por el IANIGLA-CONICET, las intensas precipitaciones elevaron el nivel del lago hasta que se produjo la falla de la morrena que funcionaba como una presa natural. La barrera cedió y una enorme cantidad de agua comenzó a descender violentamente hacia el valle.

Diez millones de metros cúbicos en menos de tres horas

La dimensión del episodio fue extraordinaria. Los estudios posteriores estimaron que alrededor de 10 millones de metros cúbicos de agua fueron liberados en menos de tres horas.

El caudal máximo generado durante el evento llegó a ser más de 28 veces superior al caudal medio del río Manso, transformando el curso de agua en un poderoso aluvión que avanzó por el valle.

La corriente no transportaba solamente agua. A su paso incorporó barro, sedimentos, árboles y grandes bloques de hielo desprendidos del ambiente glaciar, multiplicando su capacidad destructiva.

El impacto alcanzó sectores ubicados a kilómetros del Ventisquero Negro. En Pampa Linda, las crónicas de aquellos días registraron daños en caminos, cercos e infraestructura, además de árboles arrancados y bloques de hielo transportados río abajo. Una casilla de Parques Nacionales también fue arrastrada y la zona quedó temporalmente aislada.

El bosque quedó marcado por el paso del agua

La fuerza del flujo modificó sectores del paisaje y arrasó vegetación ubicada en las márgenes del recorrido, dejando evidencias visibles de hasta dónde había avanzado la inundación.

El episodio sorprendió por la velocidad con la que se desarrolló: un lago aparentemente contenido pasó a liberar millones de toneladas de agua en apenas unas horas.

Pampa Linda quedó aislada durante varios días debido a los daños provocados sobre los accesos y la infraestructura del sector. Los bloques de hielo transportados por la crecida aparecieron incluso a decenas de kilómetros de su lugar de origen, una muestra de la energía alcanzada por el evento.

¿Podría volver a ocurrir?

El episodio del Ventisquero Negro se convirtió en un caso de estudio precisamente porque los lagos glaciares pueden crecer a medida que los glaciares retroceden. Cuando el hielo se retira, pueden quedar depresiones donde se acumula agua, contenida en algunos casos por morrenas formadas por sedimentos y rocas.

Estas barreras naturales no necesariamente tienen la estabilidad de una presa construida. Una combinación de aumento del nivel del agua, precipitaciones intensas, desprendimientos de hielo o roca y otras alteraciones puede favorecer una ruptura y provocar una descarga repentina.

El IANIGLA ha señalado que el retroceso de los glaciares favorece la aparición de nuevos lagos y el crecimiento de otros existentes, haciendo necesario identificarlos y estudiar su evolución y potencial peligrosidad.

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