El índice que elabora el Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella bajó 1,1% respecto de julio, se ubicó en 40,2 puntos, en un escenario atravesado por tasas de interés altas, aumento de la mora crediticia, pérdida de empleo registrado y cierre de empresas.
El dato llegó después de otro retroceso mensual en julio, cuando el indicador había caído 4,8%, luego de las mejoras de mayo y junio. La secuencia dejó una conclusión incómoda para el Gobierno: la recuperación de la confianza que había asomado en parte del primer semestre no logró afirmarse.
Sin embargo, agosto, mostró el primer aumento de 0,7% en la comparación interanual, luego de acumular 8 meses de caída consecutiva, una cifra que expone hasta qué punto la percepción social sigue lejos de acompañar el relato de ordenamiento económico, donde la percepción general fue de mejora.

El relevamiento fue realizado por Poliarquía Consultores entre el 4 y el 13 de agosto en 40 grandes centros urbanos. La encuesta funciona como un termómetro del humor económico de las familias, porque releva cómo ven su situación actual, qué esperan para los próximos meses y qué disposición tienen para consumir. El resultado de agosto dejó un mensaje claro: la mejora de la macro todavía no se convirtió en alivio concreto para una porción importante de la población.
La caída del mes se concentró en el interior del país, con 3,79%, aunque mantiene el índice regional más alto, con 43,8 puntos. El análisis director del CIF, Sebastián Auguste, destacó que el índice mostró subas de 0,1% en la Ciudad de Buenos Aires y del 0,4% en el Gran Buenos Aires, con 39,9 puntos y 38,3 puntos, en cada caso.

Ese reparto territorial no sorprendió. Desde hace meses, varios indicadores ya muestran que el deterioro no pega igual en todo el mapa económico. El Interior, aun con caídas, sostiene un humor algo menos castigado. La diferencia no es menor: indica que la percepción de la crisis o del ajuste no se distribuye de manera uniforme y que el pulso social sigue muy condicionado por la realidad de cada región.
La brecha se hizo todavía más visible al mirar los niveles de ingreso. Allí apareció uno de los datos más fuertes del informe. Los hogares de menores recursos registraron una mejora mensual de 2,1%, mientras que en los hogares de ingresos altos el índice bajó 1,8%. Traducido a la foto final del índice, los sectores altos quedaron en 42,7 puntos y los bajos en 36,8 unidades.
Los sectores altos quedaron en 42,7 puntos y los bajos en 36,8 unidades
La distancia no solo muestra una sociedad partida en su percepción económica; también deja en evidencia que los costos del ajuste siguen concentrándose con mucha más fuerza abajo (cayó 0,5% interanual) que arriba (subió uno por ciento).

Ese punto tiene una lectura política y social que va más allá de la estadística. Para los sectores de menores ingresos, el problema no pasa solo por la inflación o por el valor de una cuota. También pesa la incertidumbre laboral, la dificultad para reponer consumos básicos y la sensación de que cualquier desequilibrio, por pequeño que sea, puede desarmar la economía del hogar. En los segmentos altos, el encarecimiento de tarifas, servicios y financiamiento también erosiona expectativas, pero el golpe resulta menos brusco. Agosto volvió a dejar esa asimetría a la vista.
En los segmentos altos, el encarecimiento de tarifas, servicios y financiamiento también erosiona expectativas
El componente de Condiciones Presentes, que mide cómo evalúan los encuestados su situación personal y la marcha general de la economía, reforzó ese diagnóstico. Bajó 3,2% respecto de julio y se ubicó en 33,1 puntos. Frente a agosto del año pasado, la caída fue de 1,7 por ciento.
Ese registro muestra que el malestar no surge solo de una comparación abstracta con meses anteriores. Hay una percepción bastante extendida de que la vida cotidiana sigue lejos de mejorar, incluso después de varios meses de desaceleración inflacionaria y de cierto orden en algunas variables fiscales y monetarias.

El contexto de agosto ayudó a consolidar esa sensación. El aumento de la mora crediticia sumó una señal de alerta entre familias que ya tienen dificultades para sostener pagos. A la vez, creció la discusión sobre el rol del Estado frente a la brecha cada vez más visible entre lo que bancos y fintech pagan a los ahorristas y lo que cobran a quienes necesitan financiamiento. Esa tensión se da mientras continúan apareciendo datos de caída del empleo registrado y cierre de empresas.
No obstante, la percepción sobre el futuro registró en el mes sendas mejoras de 0,4% mensual y 2,4% interanual, con un índice de 47,4 puntos, por encima del resto de los subíndices.
La percepción sobre el futuro registró en el mes sendas mejoras de 0,4% mensual y 2,4% interanual, con un índice de 47,4 puntos
El dato importa porque marca un cambio de clima. Cuando cae la evaluación del presente, pero el futuro resiste, todavía queda margen para que el consumo se sostenga a partir de expectativas de mejora.
La disposición a comprar bienes durables quedó otra vez entre los puntos más débiles del relevamiento, con caída de 4%. Ese componente había repuntado desde niveles muy deprimidos, pero todavía se mueve en valores bajos.
Las tasas de interés elevadas, el costo del financiamiento y la fragilidad de los ingresos limitan decisiones como cambiar un electrodoméstico, comprar un auto o encarar gastos relevantes en el hogar. Allí aparece una de las claves del momento: puede haber baja de inflación y cierta calma financiera, pero si el crédito resulta caro y el empleo registrado pierde fuerza, la mejora tarda en llegar al consumo real.
El informe sumó además una mirada sobre la trayectoria del índice durante la presidencia de Javier Milei. En los primeros 32 meses de gestión, la confianza del consumidor acumuló una suba de 1,1%. La percepción sobre la situación personal cayó 5,4%, la visión sobre la economía general retrocedió 19,1% y las expectativas de compra de bienes durables aumentaron 91,3%, aunque desde un piso extremadamente bajo. Dicho de otro modo: hubo recuperación en algunos tramos del índice, pero el balance está lejos de mostrar una mejora homogénea.
En 32 meses de gobierno de Mileo la percepción sobre la situación personal cayó 5,4%, la visión sobre la economía general retrocedió 19,1% y las expectativas de compra de bienes durables aumentaron 91,3 por ciento
Auguste recordó además que el punto más alto del ICC durante el actual gobierno fue enero de 2025, con 47,38 puntos. Desde entonces, el índice acumuló una baja de 15,1%. A la vez, desde el piso de enero de 2024, cuando había caído a 35,6 puntos tras las primeras medidas de la administración Milei, el indicador muestra una recuperación de 13%. La secuencia expone el recorrido completo: rebote desde un piso muy bajo, mejora transitoria y desgaste posterior.
