Una de las voces institucionales que se alzó fue la de la ese establecimiento educativo local (la ex ENET N°2), que emitió un comunicado dirigido a las familias, mientras que la profesora Carina Kaplan, docente universitaria de la UBA que se dedica a la investigación educativa, compartió una dura reflexión en redes sociales, ambas piezas convergiendo en un llamado urgente a la responsabilidad compartida para prevenir futuras tragedias.
Tras un trágico suceso de violencia en una escuela de Santa Fe, la comunidad educativa de dicho establecimiento escolar secundario de Comodoro Rivadavia, manifestó su dolor y urgió a las familias a colaborar activamente en la prevención.
El comunicado institucional pide supervisión sobre los objetos que los alumnos llevan a clase y una regulación estricta del tiempo de pantalla y videojuegos, marcando la diferencia entre autonomía y autorregulación.
Paralelamente, Kaplan ofreció una visión crítica, sentenciando que la sociedad está «rota» y que la tragedia es síntoma de un colapso ético alimentado por el poder y la cultura digital. Ambas posturas coinciden en que la solución requiere un esfuerzo conjunto y profundo, y no solo medidas superficiales dentro del ámbito escolar.
El mensaje institucional: Un llamado a la corresponsabilidad
Desde la institución comodorense, se expresó el dolor que atraviesa a la comunidad educativa: «Comenzamos la semana con una noticia muy triste. En una escuela de Santa Fe sucedió un hecho violento que nos atraviesa como comunidad educativa», señalaron desde la Escuela.
El comunicado subraya el esfuerzo diario de la escuela por construir un «espacio de cuidados, libre de violencias». Sin embargo, el texto reconoce un límite en su accionar: «comprendemos que atravesamos momentos difíciles como sociedad y que no alcanza con lo que hacemos en la escuela».
Ante esto, la propia escuela solicita el acompañamiento familiar en dos áreas sensibles: «la supervisión sobre los elementos para aprender que traen a la escuela y los que no tienen ese fin» y, crucialmente, «el uso positivo y delimitado de las redes sociales y la regulación del tiempo en línea en videojuegos». La institución enfatiza la necesidad de establecer límites, diferenciando claramente: «no confundamos autonomía progresiva con autorregulación».
La crítica ética de la docente
La reflexión de Kaplan lleva el análisis a un plano más profundo, calificando el hecho como señal de que «algo del orden de lo humano se ha resequebrajado. La sociedad está rota». Rechazó las respuestas rápidas y superficiales, advirtiendo: «no podemos dar respuestas fast food frente a esta escena traumática…».
La docente criticó que desde las esferas de poder se premia la crueldad y que la cultura digital genera una «anestesia frente al dolor ajeno» en los niños, dejándolos en un «abismo vincular» y un «sinsentido existencial». E insiste en que la herida no es solo externa (como el bullying), sino subjetiva: «un buen alumno también puede tener una subjetividad herida».
El camino a seguir
Ambas voces, la institucional y la individual, se aúnan en la necesidad de un compromiso firme. Mientras la escuela pidió sostener el ambiente escolar sano desde el hogar, Kaplan concluyó llamando a la acción inmediata: «ahora, es tiempo de acompañar a esos niños, a esas familias, a esos docentes. Y es tiempo de llorar en comunidad al niño que perdimos».
