En medio de las intensas jornadas de frío que atraviesa la ciudad, la necesidad de generar ingresos impulsa a los vecinos a sostener sus labores en la calle. Este es el caso de Leandro, quien todos los días se instala sobre la calle 9 de Julio para vender budines, desafiando las bajas temperaturas y las inclemencias del clima patagónico.
Anteriormente, el vendedor se dedicaba a la construcción, pero por cuestiones propias del oficio debió alejarse de ese rubro. Hoy, su realidad económica depende exclusivamente de la venta diaria, ya que un día que no trabaja representa un día sin ingresos monetarios. «A mí me gusta salir a batallar todos los días, haya frío, viento o lluvia», aseguró Leandro sobre su constancia en la vía pública.
Para cada jornada laboral, el joven sale a la calle con una producción exacta de 27 budines. Dentro de su oferta, los clientes pueden encontrar la variedad de limón y nuez, que tiene un valor de $10.000 el entero y $5.000 la mitad. Por otro lado, ofrece sabores de frutos rojos y de chocolate, los cuales cuestan $12.000 la unidad completa y $6.000 la media porción.
Según detalló Leandro, el budín de frutos rojos se ha convertido en el producto más vendido entre los transeúntes. Sin importar las condiciones climáticas, Leandro mantiene firme su presencia en el centro para lograr comercializar toda su mercadería. «Siempre con la ayuda de Dios para poder vender todo», concluyó.
