Mientras las bajas temperaturas golpean a Comodoro Rivadavia, Fabián vuelve a instalarse cada mañana en la esquina de Polonia y Kennedy con una mesa llena de tortas fritas, pan casero y calzones rotos. Detrás de cada producto hay una historia de esfuerzo, sacrificio y la necesidad de llevar un plato de comida a su casa.
Junto a su esposa, quien se encarga de cocinar toda la producción, trabajan todos los días desde hace siete años. La jornada comienza entre las 9 y las 10 de la mañana y se extiende hasta las 18 o 19 horas, sin importar el frío o las condiciones del clima.
«Estamos desocupados y esta es nuestra única fuente de ingreso. Tenemos hijos chiquitos y uno de ellos tiene autismo, así que dependemos de esto para poder tener la comida diaria», contó.
La familia comenzó con la venta callejera tras quedarse sin trabajo y, desde entonces, no dejó de apostar al emprendimiento. Cada mañana elaboran productos frescos para ofrecer a los vecinos que pasan por el lugar.
«Tratamos de vender cosas de buena calidad, todo calentito y hecho en el día. Gracias a Dios tenemos clientes que ya nos conocen y siempre vuelven», expresó.
Fabián también aprovechó para agradecer el acompañamiento de los comodorenses que eligen comprarles y permiten que puedan seguir adelante.
«Nuestro sustento sale de esta venta. Estamos muy agradecidos con la gente de Comodoro porque siempre nos acompaña. Nosotros ponemos todo el esfuerzo para ofrecer lo mejor», concluyó, invitando a quienes quieran colaborar a acercarse a la esquina de Polonia y Kennedy.
