La volatilidad de los activos financieros en el primer trimestre de 2026, y que tanto ha alterado el ánimo de los inversores, tuvo un protagonista inesperado en el oro que, al ser considerado como una posición conservadora, no suele reproducir ni amplificar los movimientos generales de los índices con la violencia que manifestó en las últimas semanas.
De hecho, el oro se comportó como un activo de alto riesgo como las criptomonedas: la onza llegó a negociarse en umbrales máximos entre USD 5.400 y USD 5.500 entre enero y marzo. Sin embargo, la dinámica bajista muy pronunciada en el último mes, debido a la escalada de acciones bélicas en Oriente Medio con epicentro en Irán, hizo colapsar a los metales. Y en el caso del oro, implicó que devolviera todas las ganancias en lo que va del año.
Ese lunes, la onza en el mercado de futuros de Nueva York caía 4,4%, a a 4.374,80 dólares. Así, acumuló una baja de más de 1.200 dólares o 21,7% desde el máximo histórico de USD 5.586,20 del 29 de enero de este año, casi dos meses atrás.
Y desde los USD 5.405 la onza del 2 de marzo, cuando empezaba a afectar a los mercados la tensión geopolítica en torno a Irán, la baja es de más de 1.000 dólares o un 19,1 por ciento.
