Canasta joven: cuánto cuesta independizarse del hogar familiar

Salarios bajos, empleo inestable y alquileres cada vez más altos empujan a miles de jóvenes a postergar la salida de la casa familiar. Qué gastos hay que afrontar hoy para vivir solo.

martes 12/05/2026 - 18:00
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Carla acaba de empezar su primer año de facultad. Está entusiasmada, pero con emociones encontradas: es que no deja de ver cómo su hermana, ya recibida y con trabajo, no logra hacer una base económica como para independizarse. “Cuando hablo con mis amigos estamos todos igual”, dice, con cierto desgano. Y es que esta es una imagen que se repite, tanto que cuatro de cada 10 personas, de entre 25 y 35 años, no logran vivir solos, según un informe de la Fundación Tejido Urbano.

Parte de la explicación de esta tendencia radica en el contexto económico que viven: desde salarios cada vez más magros hasta la dificultad para ingresar al mercado laboral con buenas condiciones. Y hay más: la canasta para independizarse es cada vez más desafiante por sus altos costos.

Una de las principales barreras estructurales es la informalidad laboral, que limita el acceso al mercado de alquileres. Para firmar un contrato es habitual que se exijan recibos de sueldo y una garantía propietaria. Sin embargo, con niveles de informalidad que alcanzan al 36% de los jóvenes, muchos no pueden cumplir con esos requisitos o acreditarlos formalmente” señaló Damián Di Pace, Director de la Consultora Focus Market.

¿Cuánto cuesta vivir solo?

Para saberlo hay que ir viendo cada ítem. Según el relevamiento realizado por Focus Market, alquilar un departamento de dos ambientes de aproximadamente 35m² en un barrio como Belgrano implica alrededor de $550.000 mensuales. A este monto se suman $212.000 de expensas, y para entrar hay que agregar el equivalente a un mes de alquiler en concepto de depósito. A su vez, los servicios públicos básicos como agua, luz y gas registran un promedio conjunto de $104.205 mensuales, considerando las boletas promedio de febrero. Entonces, el costo mensual de la categoría vivienda asciende a $912.038.

Más de la mitad de los jóvenes adultos no puede independizarse. (Foto: Freepik)

Si pasamos a ver cuánto necesitan para alimentos, bebidas, higiene y limpieza, el gasto de supermercado alcanza los $466.299 por mes. Y hay que ver también cómo cubren el acceso a la salud, ya sea a través del sistema público, de la seguridad social o de una prepaga completamente privada.

En esta última alternativa, si no se tiene un empleo formal, un plan individual básico para una persona de entre 25 y 35 años, tiene un promedio de $238.377 mensuales, sin incluir copagos por prácticas específicas.

Una suma que no se cubre

Otro ítem que hay que sumar es la movilidad. El relevamiento de Focus Market tomó en cuenta viajes en colectivo o subte, más algunos “lujos” en un auto de aplicación. Así, el gasto mensual en transporte público implica unos $74.383 por mes, más $68.740 en viajes por aplicaciones.

Los que tienen la oportunidad de estudiar deben añadir los costos de apuntes, libros, y algunos hasta la cuota. Claro está, hoy se necesita agregar servicios adicionales como internet y telefonía móvil, que implican unos $111.720. Y si a esto le sumamos algún deporte, hay que incluir unos $68.000 mensuales al presupuesto.

Así, el costo mensual de los gastos mínimos y necesarios para independizarse supera los dos millones de pesos. Ahora, si a esto se le suma el ir a una universidad privada, practicar más deportes, acceder a terapias vinculadas a la salud mental, suscripciones a streamings y a herramientas de IA, entonces la canasta joven puede superar ampliamente los tres millones de pesos.

“La magnitud de esta brecha permite dimensionar por qué la independencia económica se vuelve cada vez más difícil para una parte importante de los jóvenes. La combinación de ingresos inestables configura un escenario en el que incluso quienes trabajan encuentran dificultades para sostener un proyecto de vida autónomo”, describe Di Pace.

Y agrega: “Mejorar esta situación requiere abordar de manera simultánea varios problemas estructurales. Por un lado, consolidar la formalización del empleo joven y avanzar en políticas que faciliten el acceso a la vivienda, ya sea mediante garantías alternativas, créditos accesibles o esquemas de alquiler más flexibles. Por el otro, promover condiciones económicas que permitan que los ingresos crezcan en línea con el costo de vida”, detalla el director de Focus Market.

Un sueño lejano

La salida de la casa familiar dejó de ser un ritual esperado de la adultez para convertirse, en muchos casos, en una proeza económica. El deseo de irse a vivir solo ya no depende de la voluntad sino de algo mucho menos romántico, que el sueldo alcance”, advierte Juana Jurado, directora de la Licenciatura en Psicología de UADE.

Entre los costos está el alquiler, el internet, el deporte y los insumos para estudiar. (Foto: Freepik)

Si achicamos la franja etaria entre los 15 y los 29 años, el 64% de los jóvenes aún vive con sus padres según la Encuesta Nacional de Jóvenes realizada por el INDEC. “Este dato muestra que la permanencia en la casa familiar no es una rareza personal ni una decisión aislada, sino una tendencia social que expresa las dificultades actuales para acceder a una vivienda propia”, suma Jurado.

En este sentido, el acceso al techo es visto como el mayor desafío para irse de la casa familiar. “De acuerdo con nuestra encuesta reciente entre usuarios de la app, el 26% identifica la vivienda como el aspecto más costoso de vivir solo, cifra que asciende al 45% entre mujeres de 26 a 35 años. Esto demuestra que el acceso a la independencia residencial sigue estando fuertemente condicionado por la capacidad de afrontar altos costos fijos, especialmente el alquiler”, indican desde Happn.

“Nuestra encuesta también muestra que estas limitaciones influyen directamente en decisiones de vida y de pareja: el 58% de la Generación Z consideraría mudarse antes con su pareja por motivos económicos. Esto evidencia cómo el costo de vida puede acelerar ciertas instancias personales, no solo por el deseo de construir un proyecto en común, sino también por la necesidad de dividir gastos”, añaden desde Happn.

Una nueva adultez

Hoy emerge una nueva realidad. Muchos jóvenes trabajan, estudian, tienen pareja y hasta aportan en sus casas, pero no pueden independizarse. “Aparece una adultez ambigua, son adultos para producir, pagar, organizarse y responder, pero siguen siendo hijos en términos habitacionales. Esa contradicción da lugar a un impacto psicológico y emocional, generando frustración, comparación con generaciones anteriores y sensación de estancamiento”, explica Jurado.

“En este punto es necesario revisar una idea sobre cierta mirada moralizante que puede caer sobre ellos. Se los acusa de cómodos, de eternos adolescentes, de gastar en salidas, café, ropa o tecnología en vez de ‘hacer el esfuerzo’. Para quienes no pueden acceder a una vivienda, estos consumos no necesariamente reemplazan la independencia, son los pequeños espacios de autonomía que sí pueden comprar”, ejemplifica la líder de UADE.

Pero, también advierte que explicar este fenómeno únicamente desde la economía sería reduccionista. Otra barrera, dice la experta, es la madurez emocional. “Hay jóvenes que podrían independizarse, pero eligen no hacerlo porque la casa familiar ofrece comodidad, menos gastos, servicios resueltos y una red de apoyo constante 24/7. En estos casos, la permanencia no siempre responde a una imposibilidad real, sino también a no querer resignar calidad de vida. Además, a diferencia de generaciones anteriores, la dinámica familiar cambió. En muchos hogares hay más negociación de la libertad, vínculos más cercanos con los padres y menos necesidad emocional de escapar”, detalla Jurado.

El primer trabajo

Algunos jóvenes prefieren vivir con sus papás porque no pueden afrontar los gastos. (Foto: Freepik)

Conociendo que la canasta esencial de los jóvenes supera los dos millones de pesos, entonces vale la pena preguntarse cuánto suele ser el sueldo inicial de estos trabajadores. “El nivel salarial del primer empleo formal en Argentina varía según el sector y el grado de formalidad, aunque en líneas generales se ubica en rangos que acompañan los básicos de convenio, en algunos casos levemente por encima. Actualmente, los ingresos promedio para estas posiciones iniciales se sitúan entre $1,1 y $1,4 millones mensuales”, señala Valeria Calónico, directora de Operaciones de ManpowerGroup Argentina.

“El ingreso de los jóvenes al mundo laboral en Argentina suele darse de dos maneras: por un lado, una primera inserción temprana —incluso antes de los 18 años— en empleos informales, muchas veces vinculados a la necesidad de generar ingresos propios o contribuir al hogar. Por el otro, el acceso al empleo formal se da mayormente entre los 18 y los 24 años, con una fuerte concentración en roles operativos o de base, como posiciones en logística (carga y descarga), gastronomía o atención al cliente. En estos casos, el empleo es percibido principalmente como una instancia de aprendizaje y adquisición de experiencia, más que como un espacio de desarrollo a largo plazo”, describe Calónico.

En este sentido, esta experta observa que en el contexto actual “el empleo eventual cobra especial relevancia como puerta de entrada al mercado formal, ya que permite a los jóvenes sumar experiencia, compatibilizar el trabajo con estudios y acceder a esquemas laborales más flexibles en términos de carga horaria y dinámica”.

Con variables que juegan en contra, los jóvenes luchan hoy entre conseguir un primer empleo, desarrollarse y combatir el desánimo que les da ver a sus pares que no logran independizarse.

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