Es licenciado en Kinesiología y Fisioterapia, lo que ejerció por 9 meses en Córdoba pero el cansancio mental que le provocó la pandemia lo llevó a renunciar y buscar algo para descansar la mente. Tenía un solo propósito: volver a Comodoro. Lo hizo en bicicleta, pero la aventura no fue solo el pedaleo. En los tres meses que duró su viaje hizo largas excursiones, acampó, rindió un posgrado de la universidad en una estación de servicio y conoció a personas que le abrieron las puertas de sus hogares y más, en una aventura que recomienda vivir aunque sea una vez en la vida.
Alex Bascuñán es de Comodoro, aunque pasó estos últimos años en el centro del país, donde estudió y se recibió como licenciado en Kinesiología y Fisioterapia en la Universidad Nacional de Córdoba. Egresó en 2018 y continuó formándose y trabajando en el área de Neurorreahabilitación.
El 2020 fue un año muy especial para él, lleno de cargas que le trajo la pandemia de Covid-19 por ser trabajador de Salud. Los protocolos, los trajes protectores, las medidas, los horarios, el poco descanso y estar lejos de su familia lo hizo colapsar, por lo que a fines de ese año decidió dejar su trabajo.
En ese momento tenía un solo propósito: volver a Comodoro. Pero no lo iba a hacer de la forma convencional abordando un avión o un colectivo. “Yo soy de la idea que cuando te rodeas de gente que hace una determinada actividad, sea un deporte o aventuras de este tipo, se produce una especie de efecto dominó: no solamente te dan ganas, sino que cuando se tratan de actividades que quizás para un común de la gente es algo ‘alocado o imposible’ para vos se te convierte en algo totalmente viable”, le confiesa a El Comodorense.
Fue así que comenzó a realizar sus propias alforjas (equipamiento para vehículos de dos ruedas) y la aventura de viajar hasta su ciudad natal en bicicleta se iba materializando.
HORA DE LA AVENTURA
Viajó a San Martín de los Andes, donde decidió que sería el comienzo de la aventura. “Desde ese punto a Villa la Angostura se encuentra el camino de los 7 Lagos, y es un circuito bastante recomendable para adentrarse en el ciclo-turismo, además de que es hermoso”, explica.
Serían más de 1.100km de ruta en bicicleta, y le deparaban muchos más en cada una de las localidades. Y el día llegó, pero el comienzo no fue de la mejor manera: la bicicleta sufrió un golpe durante el viaje en encomienda y se rompió una pieza de la que no se conseguía repuestos. Esto le significó estar tres días parado en la localidad neuquina, acampando con días de lluvia que le hicieron pensar más profundamente en qué se estaba metiendo.
“Creo que fue el único momento donde quizás sentí miedo e incertidumbre por primar la improvisación de la aventura sobre la organización. También creo que es la idea de estos viajes, organizar lo básico y después abrirse a todas las posibles aventuras que puedan surgir en el camino”, describió sus sensaciones en ese momento.
El viaje que inició no fue en solitario, “solamente partí solo y luego me hice rico de amistades de desconocidos en el camino”, dice a El Comodorense.

Una aventura que podría haber durado días, se extendió por tres meses. Hizo paradas en todas las localidades a las que iba llegando, y en todas realizó excursiones.
“En Bariloche decidí quedarme 2 semanas, en donde solo un día lo pasé en la ciudad. En una primera salida recorrimos Refugio Frey conectando con Refugio Jakob y luego Colonia Suiza. Bajamos a la ciudad a buscar comida y volvimos a subir por 7 días, conectando Colonia Suiza con Pampa linda por el corazón de las montañas barilochenses, denominado circuito de las 5 lagunas», relata.

El Bolsón no se quedó atrás, recuerda. “Me deslumbró, tratamos de salir un poco de lo típico por lo que partimos de Refugio Natación hasta llegar a Refugio Laguitos durante 7 días”, repasa en comunicación con este medio.
Allí se dio una de las particularidades más lindas de su travesía. “Una vez abajo tuve que hacer una pausa al viaje ya que debía rendir un posgrado de la universidad del área de respiratorio. Era muy loco, pero gracias a la virtualidad y la nueva modalidad que se había adoptado por la pandemia, pude rendir mi trabajo en una estación de servicio y luego continuar mi viaje. Pudimos presenciar un amanecer en la cima del Piltriquitron, cumbre a la roca del tiempo en el Mottoco, Lago Puelo, el Hoyo, entre otros lugares”.

En su hoja de ruta le siguió Cholila, a la que describe como “un lugar mágico” poco explotado turísticamente, por lo que “conserva su aspecto natural”. Ese fue el primer destino, luego de dos meses de recorrido, en el que durmió en un colchón. Grafica que “hay un video y cada vez que lo veo reconozco la felicidad que llevaba encima, ¡era de no creer! Es un lindo recuerdo, porque me auto-demuestra como con algo tan simple podes ser tan feliz”.
Alex cree que muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos al alcance por la cotidianeidad de las cosas y los momentos, que genera una pérdida de interés por lo que luego terminamos extrañando.

“A partir de ahí mi viaje continuó en solitario, siguiendo ruta por el Parque Nacional Los Alerces con sus imponentes lagos y árboles; Trevelin, con sus molinos harineros, viñedos y reconocidas casas de té; Esquel, con ‘la Trochita’ y cumbre al cerro 21”, resalta de cada una de las localidades visitadas.
LA GENTE Y LA PANDEMIA
En ese instante hace una pausa para hablar sobre la gente que conoció en el camino. Recordaba cada uno de sus nombres y sus acciones. Por ejemplo, en medio de la ruta una familia paró y le dio “una bandeja de asado de la que podrían haber comido cinco personas”, describe.
“En todos los lugares te cruzabas con personas que te cargaban de energía para seguir en viaje”
“En el Bolsón un payador que me hizo un recitado antes de partir; en Cholila un refugio para ciclistas, la familia Daher que nos hospedó por varios días y Luquitas, un escalador que construía su casa de bioconstrucción. En Trevelin a David, quien tenía su cervecería y me hospedó dentro. Literalmente el tipo me dejó la casa sola, me abrió su heladera y me dijo ‘toma lo que quieras, sentite como en casa'», cuenta sorprendido.

«Lo mismo en los lugares siguientes: Esquel en donde me hospedaron Victor y Laura y me acompañaron a recorrer la ciudad. En Gobernador Costa y José de San Martin donde me brindaron hospedaje, Tamariscos y para finalizar Sarmiento. Creo que a partir de Cholila tuve racha de colchones, y ya me costaba volver a la carpa y el aislante, jaja. En fin, la gente te abre las puertas de sus casas, aun así en tiempos de pandemia”, relató el joven.
LO MÁS DURO DEL VIAJE
Lo más difícil de su aventura llegaría sobre el final. Cuando arribó a Esquel pensaba tomarse un colectivo para llegar a Comodoro, pero “¿para qué?”, pensó, si ya estaba a nada de la ciudad del viento.
Justamente, viento es lo que más encontró en ese trayecto, que tenía tramos de 90, 130 y hasta 150km de distancia entre parada y parada. “Según el viento me podían llevar entre 4 y 8hs sin parar. Los días eran más cortos y mi idea era no estar en ruta de noche”.
Alex ya se había cruzado con camioneras que le recomendaron no pedalear de noche, puesto que en la oscuridad sería muy difícil verlo y podría suceder una tragedia.

En todo su trayecto, destaca, “de mil autos solo uno me pasó cerca, claramente la minoría”. Cabe recordar que la corriente de aire que generan los automóviles a gran velocidad puede provocar la caída de un ciclista si pasara cerca, y ni hablar si se tratara de un camión. Pero no sucedió, y al contrario, “me tocaban bocina alentándome y a veces te sentías que estabas en el Tour de Francia”, cuenta y se ríe.
Luego de tres meses, llegó a Comodoro. Las fotos y videos, que pueden verse en su Instagram @Alexbascunan.94 eran suficientes para mostrar lo que fue el viaje, pero las sensaciones que vivió solo él las entiende.
Incluso quedó con ganas de más. Si fuera por Alex, “seguía hasta Ushuaia”, pero eso quedará para otro día. Mientras tanto, comparte su mensaje con todos los que llegan a conocer la historia de su aventura: “Hay que encontrar el momento exacto para realizarlo, por lo menos una vez en la vida”.
