Volkswagen informó el jueves que recortará el número de modelos que ofrece hasta incluso la mitad para reducir costos y competir mejor con las empresas chinas. Sin embargo, el fabricante alemán no explicó qué supondrán esos cambios para los trabajadores, que llevan tiempo preparándose para grandes recortes de empleo y cierres de fábricas.
El plan, dado a conocer tras una reunión de la junta directiva, parecía un reconocimiento tácito de que la empresa se había vuelto demasiado grande y compleja, y que necesitaba reducirse para sobrevivir al cambio global de los coches de combustible fósil a los vehículos eléctricos, una transición que ha trastocado a muchos fabricantes de coches consolidados y ha propiciado el auge de los fabricantes chinos.
En los últimos días, la prensa alemana había indicado que la empresa se estaba preparando para despedir a 100.000 trabajadores antes de que acabara la década y cerrar cuatro fábricas en Europa.
Estos recortes tan drásticos no son característicos de Volkswagen ni de la industria alemana, que suelen preferir los cambios graduales. Los representantes sindicales y los líderes políticos del estado alemán de Baja Sajonia tienen mayoría en el consejo de supervisión de la empresa, compuesto por 20 personas, y habían dejado claro que no apoyaban recortes tan profundos.
Aun así, parece que habrá que pasar por algunos sacrificios. La empresa ha dicho que su objetivo será producir nueve millones de coches al año, frente a los 12 millones que se planeaban antes de la pandemia y los 10 millones más recientemente. En un video, Oliver Blume, director ejecutivo de Volkswagen, dijo que era necesario «deshacerse del exceso de capacidad», lo que da a entender que la empresa aún podría cerrar fábricas.
«La situación geopolítica se ha vuelto más crítica en los últimos 12 meses», dijo Blume, y añadió: «Los próximos años decidirán quién desempeñará un papel decisivo en la industria automovilística».
Pero no dio muchos detalles, ni siquiera sobre si la empresa intentaría seguir siendo el segundo mayor fabricante de coches del mundo después de Toyota –según las ventas– ni cómo lo haría.
«El consejo de supervisión no ha respondido hoy a las preguntas urgentes», dijo Ferdinand Dudenhöffer, director del Centro de Investigación Automotriz de Bochum, Alemania, en un correo electrónico. «La incertidumbre sigue ahí».
Volkswagen cuenta con 111 plantas de producción en todos los continentes, excepto en Australia y la Antártida, según la página web de la empresa. Entre sus marcas se encuentran Audi, Porsche, Skoda, Lamborghini y Bentley. Volkswagen también posee el 88 por ciento de Traton, fabricante de los camiones MAN, Scania e International.
Algunas de las marcas de Volkswagen ofrecen coches muy parecidos con diseños y características ligeramente diferentes, una práctica que puede aumentar los costos y la complejidad. General Motors y Ford Motor retiraron hace años marcas como Pontiac, Oldsmobile, Saturn y Mercury para simplificar la producción y la promoción de marca.
En Neckarsulm, en el suroeste de Alemania, donde unos 15.000 trabajadores ensamblan modelos para Audi, los vecinos temen que el cierre de la planta arruine la economía local que gira en torno a los turnos de la fábrica.
«Si Audi desaparece, aquí todo se va al traste», dijo Cayli Halin, de 54 años, que trabaja en el centro de pruebas de la planta.
Lo que quedó sin aclarar tras el anuncio del jueves fue cuántos de los 657.000 empleados que tiene Volkswagen en todo el mundo podrían quedarse sin trabajo a medida que la empresa reduzca la producción. La ganancia de la empresa cayó un 28 por ciento en el primer trimestre, hasta los 1.6 millardos de euros (1.8 millardos de dólares), y sus ventas bajaron un 2 por ciento.
Porsche, que suele aportar una gran parte de las ganancias de Volkswagen, se ha visto afectada por los aranceles del 25 por ciento que el presidente Donald Trump ha impuesto a los coches importados. Los deportivos y los todoterrenos de Porsche se fabrican en Alemania y se exportan a Estados Unidos, uno de los mercados más importantes de la marca.
Los problemas de Volkswagen son una señal inquietante para los fabricantes de coches occidentales y japoneses ya consolidados. En mayor o menor medida, todos ellos se enfrentan a los cambios tecnológicos y a la competencia de fabricantes chinos como BYD y Geely, que venden coches repletos de características de lujo a precios relativamente bajos.
En la Unión Europea y el Reino Unido, los fabricantes de coches chinos vendieron en conjunto más vehículos en mayo que los japoneses, según datos de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles.
Animados por los subsidios del gobierno, los fabricantes chinos empezaron a centrarse en los vehículos eléctricos hace años, unas inversiones que les han dado una gran ventaja ahora que cada vez más europeos compran estos modelos. Aproximadamente uno de cada cinco vehículos nuevos vendidos en Europa es eléctrico y las ventas se han disparado este año debido al aumento de los precios del combustible provocado por la guerra con Irán.
Volkswagen es especialmente vulnerable porque, durante muchos años, gran parte de su ganancia procedía de la venta de coches en China, donde en su día fue el principal fabricante de coches. Las ventas de la empresa en China se desplomaron un 20 por ciento en el primer trimestre, tras haber caído significativamente durante varios años.
El temor a los cierres de fábricas ha sacudido a Alemania, donde la industria del automóvil –y Volkswagen en particular– ocupa un lugar sagrado en la conciencia nacional y es un pilar de la economía del país.
El canciller Friedrich Merz y su gobierno han intentado impulsar el sector con nuevos subsidios y presionando a los responsables de la Unión Europea en Bruselas para que flexibilicen algunas normativas del sector automotriz entre otras medidas, con la esperanza de ayudar a los fabricantes alemanes a competir mejor con sus rivales chinos.
Merz no se pronunció sobre los rumores de despidos en Volkswagen antes de la reunión de la junta directiva del jueves, pero un vocero, Stefan Kornelius, dijo a los periodistas la semana pasada que «nuestro objetivo es evitar el cierre de fábricas en Alemania».
Ali Alp Cagan, de 31 años, lleva casi dos años trabajando como informático en Audi y, personalmente, no le preocupan los despidos, porque cree que sus perspectivas laborales son buenas.
«En general, sin embargo, la situación ya es tensa», dijo.
Cagan y otros trabajadores que salían de la fábrica tras un cambio de turno reciente culparon a la empresa, afirmando que no había sabido innovar y que ahora China fabrica coches más baratos y mejores.
La difícil situación de la industria automovilística alemana ha dado fuerza a los partidos políticos de extrema derecha y de extrema izquierda del país. En la planta de Audi en Neckarsulm, integrantes del Partido Marxista-Leninista de Alemania repartieron hace poco folletos instando a los trabajadores a participar en una huelga preventiva no autorizada contra cualquier cierre.
Los líderes cívicos y los empresarios de la ciudad están preocupados por su comunidad. Pauline Spies, de 56 años, dijo que los problemas de la empresa ya estaban afectando al negocio de su agencia de viajes, Michigan Tours.
Harry Leinmüller, de 67 años, también ha notado una caída en el gasto en la tienda de té de su esposa, Teecultur, que está situada justo en el lado de la calle por donde suelen pasar los trabajadores cuando vuelven a casa desde la fábrica. Le preocupa que los despidos perjudiquen aún más.
«Hay muchísima gente joven aquí; algunos han comprado terrenos en el campo. Muchos ya no podrán pagar sus casas», dijo. «Los chinos son más rápidos que nosotros y tienen más conocimientos».
El alcalde, Steffen Hertwig, de 56 años, dijo que el cierre de la fábrica sería «fatal» para la zona. Pero se mostró convencido de que Volkswagen no cerraría esta fábrica de Audi porque es demasiado innovadora. La situación, dijo, «no se puede comparar en absoluto con la de Detroit en la década de 1980».
Jack Ewing escribe sobre la industria automotriz con énfasis en los vehículos eléctricos.
Jim Tankersley es el jefe del buró del Times en Berlín desde donde encabeza la cobertura de Alemania, Austria y Suiza.
