Vivir más y mejor: la medicina de la longevidad propone cuidar la salud antes de que aparezcan las enfermedades

La medicina tradicional suele intervenir cuando aparece un síntoma o una enfermedad. La de la longevidad propone anticiparse: estudiar a personas que se sienten sanas, detectar riesgos y preservar la autonomía y la capacidad física y mental.

domingo 25/10/2026 - 12:09
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Históricamente, ir al médico fue casi sinónimo de tener un problema. Un dolor, un síntoma o un valor en un análisis, entonces comenzaba la búsqueda de una explicación y un tratamiento.

La medicina de la longevidad propone cambiar de mapa: ocuparse de la salud cuando todavía existe, detectar riesgos antes de que se transformen en enfermedades y conservar durante más tiempo las capacidades que permiten vivir de manera autónoma.

No se trata de perseguir una supuesta juventud eterna. El concepto tiene que ver, sobre todo, con cambiar el momento en el que se interviene.

“La medicina que aprendimos es, en gran medida, reactiva: el médico aparece cuando aparece la enfermedad”, explica Natalia Ayala, médica neurocirujana y directora general de ERA Longevity, la primera clínica especializada en longevidad de la provincia de Buenos Aires.

Frente a ese modelo, plantea que “el médico debería preservar la salud, potenciarla y anticiparse a su deterioro”.

Medir sin síntomas

La medicina de la longevidad pone el foco en los llamados factores de riesgo modificables. En lugar de esperar a que una enfermedad se manifieste, busca conocer el estado de salud de una persona, identificar dónde puede existir una alarma y actuar cuando todavía hay margen para modificarla.

Eso puede incluir desde cuestiones bastante conocidas —presión arterial, glucemia, colesterol, peso y composición corporal— hasta indicadores vinculados con salud metabólica, capacidad cardiorrespiratoria, masa y fuerza muscular, nutrición, sueño o aspectos hormonales.

“Hay que ir a la raíz, medir, estratificar el riesgo e intervenir. No solamente para vivir más, sino para vivir más años con salud”, resume Ayala.

Es un tema crucial en una sociedad que envejece. Según datos del RENAPER, en la Argentina ya hay 65 personas mayores por cada 100 menores de 15 años. Y las proyecciones de la CEPAL indican que para 2050 las personas de 60 años o más representarán el 25% de la población de América Latina.

En ese contexto, conservar fuerza, movilidad, capacidad cognitiva y vínculos sociales deja de ser solamente una cuestión individual. También plantea un desafío para los sistemas de salud y para la forma en que la sociedad piensa el envejecimiento.

La alimentación y la actividad física ocupan un lugar central. En las personas mayores, por ejemplo, la pérdida de masa y fuerza muscular puede comprometer la autonomía. Silvia Jereb, Medical & Nutritional Science Head Adults & Niche de Danone Argentina, advierte que “la fragilidad no debe asumirse como una consecuencia inevitable de envejecer”. La detección temprana permite intervenir sobre factores modificables como la alimentación, la actividad física y el estado funcional.

La longevidad también se juega fuera del consultorio

Pero preservar la salud no significa solamente controlar análisis o incorporar más estudios. También supone sostener aquello que mantiene activo al cerebro y conectada a la persona con los demás.

Jugar, aprender, conversar, salir de casa y mantener vínculos pueden parecer actividades alejadas de la medicina. Sin embargo, forman parte de una mirada cada vez más amplia sobre el envejecimiento saludable.

Agustina Manna, recreóloga gerontológica, lo resume así: “El juego es un derecho inalienable que nos acompaña toda la vida y no pertenece solo a la infancia”.

Para la especialista, los juegos de mesa pueden aportar una estimulación cognitiva más completa que actividades tradicionalmente asociadas con las personas mayores. Exigen comprender reglas, sostenerlas, tomar decisiones, planificar estrategias y enfrentarse a situaciones nuevas. Pero además tienen otra característica: requieren de otros.

Manna también destaca un componente emocional. Cuenta que en sus talleres hay personas que llegan con dolores, y al terminar una partida dicen que se les pasó el tiempo sin pensar en aquello que las aquejaba.

De las canas y las arrugas a la prevención

La lógica de la longevidad también empieza a aparecer en áreas que tradicionalmente se abordaron desde la estética. La dermatóloga y tricóloga Julia Vélez plantea, por ejemplo, que la salud capilar debería pensarse también desde la prevención: alimentación equilibrada, proteínas y nutrientes adecuados, descanso, manejo del estrés, protección solar y evitar el exceso de calor o procesos químicos forman parte de ese cuidado.

“Las canas son solamente uno de los signos visibles: la pérdida de brillo, la porosidad y el afinamiento también forman parte de este proceso”, agrega.

Florencia Violini, gerenta de Marketing de Natura Mercado Sur, admite que la marca observa un cambio de paradigma hacia el well-aging, una filosofía que busca con nuevas líneas acompañar el paso del tiempo en lugar de intentar “frenarlo” con soluciones agresivas. “Con los años el pelo cambia su estructura y densidad, pero ese proceso no es un desgaste, sino nuestra historia en movimiento”, sostiene.

Algo similar ocurre con la piel. Karla Vasconcel, técnica cosmiatra de Lidherma, explica que el concepto de Skin Longevity implica un cambio respecto del antienvejecimiento tradicional: preservar de manera preventiva la salud y la capacidad funcional de la piel y no esperar a que aparezcan arrugas o manchas para empezar a cuidarla.

“Se busca comprender los mecanismos biológicos del envejecimiento para preservar activamente la salud, la funcionalidad biológica y la inteligencia de la piel a lo largo del tiempo”, detalla.

En ese sentido, destaca como medidas preventivas protegerse de la radiación UV, evitar la sobreexfoliación y los productos demasiado agresivos, utilizar limpiadores suaves, mantener una buena hidratación y reducir el estrés oxidativo, entre otras acciones.

El crecimiento de esta tendencia también trae el riesgo de que el concepto se convierta en una nueva etiqueta para vender suplementos, tratamientos o promesas de resultados rápidos. Ayala es enfática en este punto: “En medicina no hay milagros: hay evidencia, probabilidades de efectividad y procesos que necesitan tiempo”.

Un ejemplo de hacia dónde puede avanzar este enfoque es AVIA, una herramienta argentina desarrollada por la Fundación Cuidados de Salud que utiliza inteligencia artificial para estimar el riesgo de fragilidad y pérdida de autonomía en personas mayores. El modelo trabaja con datos longitudinales y busca identificar señales antes de una caída, una internación o una situación de dependencia. Fue probado en una experiencia piloto con alrededor de 200 pacientes del Hospital Piñero de Buenos Aires.

La herramienta no diagnostica ni reemplaza al médico. Su función es aportar una señal temprana para orientar dónde podría ser necesario intervenir. Es justamente la lógica preventiva llevada al terreno de los datos: detectar una trayectoria de riesgo cuando todavía existe margen para cambiarla.

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