Aunque la inflación continúa mostrando una tendencia descendente, especialistas advierten que la desaceleración de los precios no se traduce en una mejora para las familias. Así lo sostuvo el contador y director del Observatorio de Economía de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), César Herrera, quien analizó el impacto del índice de inflación del 1,9% correspondiente a junio.
«Venimos a la baja. El mes pasado medimos alrededor del 1,3% y este mes fue algo parecido. Los precios están relativamente tranquilos, aunque un poco por encima de nuestro modelo», explicó Herrera.
Sin embargo, aclaró que esta estabilidad no responde únicamente a factores monetarios. «No tiene que ver solamente con la política monetaria, sino con la falta de poder adquisitivo de los hogares. La gente tiene menos ingresos disponibles para consumir», afirmó en diálogo con FM La Petrolera.
En ese sentido, indicó que los precios regulados por el Estado, como algunos servicios, registraron incrementos cercanos al 2,4%, mientras que rubros como el transporte público, las tasas municipales y otros servicios continúan absorbiendo una parte cada vez mayor del ingreso familiar.
Herrera remarcó que la menor presión sobre los alimentos está directamente relacionada con la reducción del consumo. «La forma en que baja la inflación es porque las familias ya no pueden comprar lo mismo. Eso también viene acompañado por un crecimiento del endeudamiento y de la pobreza», sostuvo.
Uno de los indicadores que más preocupa es la morosidad en créditos y tarjetas. Según explicó, actualmente supera el 12%.
«Muchas familias utilizan la tarjeta de crédito para comprar alimentos. Cuando no pueden pagar el resumen completo, terminan abonando tasas muy elevadas. Parte del salario termina destinado al sistema financiero, mientras la mayoría de las familias pierde capacidad de compra», señaló.
El director del Observatorio también explicó que los distintos rubros presentan comportamientos diferentes. Mientras algunos alimentos aumentan y luego retroceden, recreación y cultura aparecen entre los sectores con mayores subas.
«Son consumos que las familias dejan de hacer primero. Aguantan mientras pueden y después esos precios aumentan más por una cuestión de supervivencia de quienes ofrecen esos servicios que por un incremento de la demanda», explicó.
También mencionó que vivienda, agua y electricidad continúan entre los rubros con mayores aumentos.
En ese contexto, sostuvo que la inflación seguirá contenida mientras los salarios continúen creciendo por debajo de los precios.
«Los ingresos no recuperan el poder adquisitivo. Si un producto aumenta menos, pero la persona igualmente no puede comprarlo, el problema sigue siendo el mismo. La inflación es un fenómeno dinámico y no depende únicamente de la emisión monetaria», afirmó.
Respecto del costo de vida en Comodoro Rivadavia, Herrera indicó que una familia tipo necesitó alrededor de $1.900.000 para no caer por debajo de la línea de pobreza, mientras que la canasta básica alimentaria, que marca el umbral de indigencia, se ubicó entre $850.000 y $1.000.000.
Además, recordó que la inflación medida para la región Patagónica fue del 1,6%, aunque insistió en que el principal problema continúa siendo la pérdida del poder de compra de los salarios y el creciente endeudamiento de los hogares
