Entre quejas por la falta de calefacción, cloacas tapadas, fallas en la iluminación y semanas enteras sin porteros, los padres advirtieron sobre el severo retroceso pedagógico de sus hijos y apuntaron contra el Gobierno provincial: «El gobernador dijo que iba a garantizar los 180 días de clase y no se está cumpliendo».
La paciencia de la comunidad educativa de la Escuela Nº 737 llegó a su límite. En una asamblea autoconvocada en las puertas del establecimiento, las familias decidieron romper el silencio y visibilizar una crisis que, según denuncian, arrastra casi una década de parches edilicios, desidia de Obras Públicas y una conflictividad gremial que dejó a los alumnos desamparados y al borde del «analfabetismo funcional».
Bajo la modalidad de clases reducidas, rotación de cursos o la fría virtualidad de la plataforma Google Classroom, los estudiantes asisten de forma intermitente. Los testimonios reflejan una desgarradora realidad compartida: el derecho constitucional a la educación pública se encuentra gravemente vulnerado en la ciudad.
El drama en el hogar: Tareas sin explicación y frustración familiar
Vanesa, madre de una alumna que cursa el tercer año, relató el drama cotidiano de intentar sostener la escolaridad desde el ámbito doméstico sin herramientas pedagógicas. «Mi hija va a pasar a cuarto año y siente que no sabe nada. Desde que empezó el ciclo lectivo no ha tenido una semana completa de clases», lamentó con angustia.
La mujer describió el caótico esquema horario al que están sometidos diariamente: «Por ahí entran a las 7:30 de la mañana y a las 9:00 ya tenemos que retirarlos porque se cortó el agua o porque no hay calefacción en todo el edificio. Se manejan por Classroom, pero nadie les explica lo que tienen que hacer. Es solo sentarse tres o cuatro horas a copiar tarea sin entender el contenido».
La problemática expone también una brecha social crítica. «Yo no terminé el secundario y me cuesta mucho poder ayudarla. Los chicos se estresan. Necesitan estar en el aula, frente a un docente que les diga cómo se hacen las cosas», sentenció Vanesa, quien recordó que el abandono del edificio no es nuevo: «Tengo un hijo que se egresó en 2018 y ya sufríamos los mismos problemas de cañerías rotas y falta de calefacción. El año pasado los propios padres tuvimos que colaborar para comprar la luminaria, algo de lo que tendría que hacerse cargo el Estado».
»Nuestros hijos terminan siendo rehenes»
Por su parte, Sebastián, otro de los padres autoconvocados en el establecimiento, coincidió en el severo diagnóstico de la infraestructura y lamentó el impacto directo que el conflicto salarial y operativo genera en la formación elemental de los adolescentes. «El problema es un 50 y 50 entre lo edilicio y el personal operativo. Faltan porteros y se suspenden las clases por falta de higiene o porque no se puede garantizar el desayuno y la merienda», reseñó.
El padre aclaró que la comunidad acompaña el reclamo de los trabajadores, pero exige que se priorice a los menores: «Entendemos y acompañamos la lucha por los salarios, muchos de nosotros hemos ido a las marchas. Pero queremos que entiendan la necesidad de nuestros hijos de estar escolarizados. Están perdiendo conocimiento y terminan siendo rehenes de toda esta situación».
Asimismo, remarcó la solidaridad interna ante la falta de respuestas oficiales, detallando que «gracias a un papá que está colaborando con la mano de obra, se están cambiando los focos y tubos de la escuela para poder dar clases en lo poco que se puede, rotando los cursos».
La insólita propuesta de los padres ante la desocupación y la falta de porteros
Ante la alarmante posibilidad de que tras el receso invernal continúen los paros de los auxiliares de la educación (ATE), Sebastián lanzó una drástica propuesta comunitaria:
- Monotributo para limpiar: «La parte operativa nos preocupa. Si no les alcanza el sueldo o no quieren venir, hay mucha gente sin trabajo en la calle. Armamos un grupo de padres, nos hacemos el monotributo y venimos nosotros mismos a limpiar y reparar la escuela».
- Llamado a las autoridades: «Que nos digan con quién hay que hablar y venimos a laburar a la escuela, no tenemos drama. Pero necesitamos que los chicos vuelvan a las aulas, que es su espacio de contención y de formación», exclamó.
Un reclamo que apunta directo a Rawson
Los padres confirmaron que ya comenzaron a organizarse de manera independiente mediante redes sociales para coordinar futuras medidas de fuerza conjuntas, debido a que las vías institucionales tradicionales se encuentran agotadas.
«La directora nos comunicó su malestar, ella hace los reclamos a Obras Públicas pero le dan mil vueltas con los papeles, los presupuestos y nadie le hace caso. Queremos que esto llegue a donde tenga que llegar: al Ministro de Educación, al Intendente y al Gobernador. Esto depende netamente de la Provincia y deben dejar de mentirle a la gente con promesas que no se ven en la realidad. La educación de mañana depende de que abran las escuelas hoy», concluyeron de forma unánime.
