En las últimas horas, la institución vivió una jornada a pura emoción y festejo con el bautismo de Luciana, una joven alumna piloto que cumplió con el gran rito de pasaje de la aviación: su primer vuelo completamente sola.
Despegar, dominar el cielo y aterrizar sin el instructor en el asiento de al lado es un momento que marca un antes y un después. Pero en el caso de Luciana, la ocasión tuvo un sabor todavía más especial.
Desde el corazón del aeroclub destacaron con orgullo: «¡Es un honor para el club tener la tercera generación de pilotos de la familia en el ACCR!».
Como manda la sagrada tradición aeronáutica, semejante logro no podía pasar desapercibido. Inmediatamente después de apagar de tocar tierra firme, llegó el bautismo de piscina.
