Parece que la inflación de junio vendría cerca de 1,5% y la Casa Rosada, en lugar de ratificar la tenue desaceleración en la antesala de las PASO, le soltó la mano al INdEC y dio vía libre a Juan José Aranguren para repartir entre las petroleras el aumento dispuesto en los combustibles que llega a casi el 8%, apenas algo menos de la mitad de la pauta monetaria para todo el año del Banco Central que escandaliza a la propia Jefatura de Gabinete. ¿Tendrá que ver que en las encuestas la inflación ahora preocupa menos que la inseguridad?
El secretario de la Cámara de Expendedores, Raúl Castellanos, sin querer relativizó la responsabilidad que le adjudicaban a Federico Sturzenegger por haber dejado flotar al dólar para que subiera 3,3% en una semana e impactara sobre el costo local del crudo. Por un lado, recordó que contra esa incidencia en más, hubo otras dos en menos que no se tuvieron en cuenta, como que simultáneamente el valor internacional del crudo para refinar bajó, lo mismo que el de los biocombustibles con los que hoy se cortan las naftas y el gasoil, pero por otro, denunció una suerte de cláusula gatillo para resarcirles a YPF y compañía el desfase del año pasado entre la evolución de los precios en boca de pozo y la inflación. La transferencia pegará en el índice 0,3 puntos y al agro le cuesta $3.600 millones en plena cosecha gruesa.
El director del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo, Jorge Todesca, completó la adaptación técnica del medidor de inflación para que tenga nivel nacional y se fue unos días dejándolo en una delicada pendiente descendente. Regresa en esta primera semana de julio a su despacho con novedades de los colegas del gabinete nacional, como el ministro de Energía, Juan José Aranguren, que en su ausencia aumentó el precio de la nafta y el gasoil hasta 7,2% siguiéndole los pasos al titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, que finalmente se decidió en las últimas jornadas a “tirar la chancleta” con el dólar y lo dejó flotar 3% arriba en junio.
¿Habrán tenido algo que ver en la decisión del gobierno en vísperas de las PASO de apartar la vista del índice de precios las encuestas como la del «Humor social y político», que elaboró D’Alessio IROL/Berensztein, según las cuales entre mayo y junio la preocupación ciudadana por la inseguridad superó a la inflación y los aumentos tarifarios?
Al parecer “las consultoras recalcularon sus proyecciones para 2017 luego de estimar que, para julio, el índice de precios oficial no confirmará una desaceleración, como preveían, sino que se ubicará entre el 1,5% y el 2%”, escribió Ignacio Olivera Doll, en Ámbito Financiero. Menciona en esa dirección las subas en la nafta, en las expensas, en las prepagas y en los gastos vinculados con las vacaciones de invierno.
Aranguren, quien luego del incremento aplicado en las tarifas del agua y de interrumpir, tal como ofrenda al plan antiinflacionario, la pauta de actualización de la tarifa del gas con que había iniciado el año se ató la mano derecha para no firmar más aumentos, reapareció ahora de nuevo con las naftas (como a principios de año), que le suman un 0,3% a la inflación de julio e incrementan la presión sobre la autoridad monetaria para atajar esos penales.
El gesto alcista del ex CEO de Shell esta vez respondió, según revelaciones del secretario de la Cámara de Empresarios de los Combustibles, Raúl Castellanos, a una «suerte de compensación» a las empresas petroleras, dado que sus precios habían subido 31% en 2016 contra una inflación que superó el 40%.
Golpe al tractor
Además de complicarle las cuentas a Todesca, el incremento de este insumo clave para el transporte y las tareas en torno de la producción agropecuario golpea en plena cosecha gruesa al sector, que consume un tercio del total del gasoil en Argentina y al que la suba de 6% le costará a unos $ 3.600 millones, como calculó el presidente de la Sociedad Rural (SRA), Luis Etchevehere, omitiendo que en abril, cuando el gobierno bajó el gasoil para acomodarlo al tobogán del crudo a nivel internacional, se ahorraron $ 894 millones.
Más incisivos, los transportistas aseguraron que el nuevo incremento que se refleja desde ayer en los surtidores mañana lo pagarán «íntegramente» los consumidores en góndola “porque nadie en la cadena lo va a poder absorber». Creían que hasta octubre o noviembre no se modificaría el precio, explicó a El Cronista, Daniel Indart, presidente de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac).
La transferencia a las petroleras denunciada por los estacioneros funcionó como una suerte de primicia de la cláusula-gatillo que firmaron los gremios en las recientes paritarias, aunque los trabajadores deberán esperar un tiempo para poder accionarla y que recién a partir de ahí les pateen el resarcimiento para adelante.
Para el último trimestre, de acuerdo con Castellanos, habrá un nuevo incremento en los combustibles para cerrar el año, que se agregará a la reanudación del cronograma del gas.
Todesca retorna a su despacho con la certeza de que así como en abril el índice no dio señales de la baja del 2,6% en los combustibles, en esta oportunidad el vector hacia arriba sí lo contabilizará y derramará en el resto de los precios.
Federico Sturzenegger aflojó finalmente con el tipo de cambio, lo dejó flotar y solamente entre el lunes 26 y el viernes 30, el peso se depreció un 2% (de $ 16,55 a $ 16,88), con lo cual terminaron adjudicándole la responsabilidad de que el aumento de naftas y gasoil fuera más fuerte de lo previsto «en principio, iba a ser de 5%».
Aunque dolorido por la indiferencia que les profesa Aranguren frente a la difícil situación financiera que atraviesan los propietarios y arrendatarios de las estaciones de servicio a nivel nacional, Castellanos salió sin querer en defensa de Sturze al relativizar, en declaraciones al canal Crónica TV, que el precio del dólar en el país haya sido la única explicación de la suba de los combustibles, ya que recordó que el valor internacional del crudo para refinar bajó, lo mismo que el de los biocombustibles con los que hoy se cortan las naftas y el gasoil.
Argumentó de ese modo su escrache al ministro de Energía en el sentido de que compensó a las petroleras por el desfase del año pasado entre precios e inflación.
Ya que estamos, la administración de Mauricio Macri contribuye a remarcar los costos con una recarga impositiva nacional, provincial y municipal que, en el caso de la canasta alimentaria, promedia el 44% del valor final de los productos de manera directa o indirecta, de acuerdo con un estudio del IARAF (Instituto Argentino de Análisis fiscal). En el pan, por ejemplo, el 38% del precio son impuestos.
Menciona el caso del chocolate, que está gravado con el IVA al 21%, en el cual el costo impositivo contenido en el precio final de venta es del 44,10%, lo que supone entre 7 y 8 puntos porcentuales más que en el año 2000, por lo que la presión tributaria se incrementó entre 20% y 25%.

