Mientras la institución repara sus instalaciones y retoma la escuelita de fútbol, el compromiso social se mantiene firme hasta que la última familia logre reubicarse.
El paso del tiempo ha ido achicando los grupos, pero la huella del derrumbe sigue presente en las instalaciones del Club Florentino Ameghino. En diálogo con Radiocracia, el presidente de la institución, Walter Asencio, brindó un panorama detallado de la asistencia que aún brindan a los damnificados, en un trabajo conjunto con el albergue municipal General Mosconi (ex Vita).
Actualmente, el club alberga a 13 mayores y 3 menores de edad. La situación de estas familias es heterogénea: desde antiguos propietarios que subsistían con «changas» diarias hasta inquilinos que hoy se encuentran en un limbo habitacional. «Estamos en la recta final, esperando que tengan sus respuestas y encuentren su lugar para terminar esto de la mejor manera», expresó Asencio.
El obstáculo de los alquileres y la crisis social
Uno de los puntos más críticos que señaló el dirigente es la dificultad para que las familias abandonen el centro de evacuados, incluso aquellas que ya perciben subsidios habitacionales. «Algunos tienen el subsidio y no encuentran alquiler; otros, si se van a alquilar al norte, el día a día se les hace complicado por el trabajo», explicó.
Asencio remarcó que dentro del club las familias tienen garantizada la alimentación, el aseo y un lugar calefaccionado, lo que genera una «mezcla de sensaciones raras» ante la incertidumbre del afuera. La situación laboral, que ya era frágil antes del derrumbe, se ha visto amplificada por la pérdida del hogar, dificultando el acceso a alquileres que se ajusten a sus realidades económicas.
El Club: Entre el deporte y la solidaridad
A pesar de la función social como centro de evacuados, el CAFA ha logrado normalizar parte de su vida institucional. «Las actividades de la escuelita y otras categorías ya las retomamos. Nos falta el tema del alquiler del gimnasio porque hay que hacer reparaciones que estamos trabajando con el municipio», detalló el presidente.
La logística de sostenimiento se mantiene mediante un esquema de colaboración. El club funciona como nexo entre los damnificados y el municipio, recibiendo también aportes de provincia y asistencia técnica de organizaciones como la Cruz Roja, que provee elementos de limpieza e higiene.
Vínculos que trascienden la emergencia
Tras 120 días de convivencia, el clima dentro del club ha pasado de la emergencia al lazo afectivo. Asencio confesó que existe un cruce de emociones: «Uno quiere que se termine para que ellos estén tranquilos, pero ya los conocemos hace 4 meses y compartimos muchas cosas; uno piensa que cuando no estén, se los va a extrañar». Finalmente, el dirigente agradeció el apoyo incondicional de su pareja, Gabriela, y de los colaboradores Diego y el resto del equipo del club. «Hacer este trabajo social es largo, pero también es gratificante. Esperemos que el día que termine podamos entre todos decir ‘salud’ por esta gente que la pasó tan mal», concluyó, reafirmando que la atención continuará firme hasta que se logre la solución habitacional definitiva para cada familia.
