-¿Cómo tomó las amenazas y acusaciones?
– Fue un día muy triste. He sido víctima de una acusación pública de practicar la pedofilia. Vale decir de tener relaciones sexuales con niños, que es la peor infamia que puede cometer un ser humano. En mi estándar de valores es casi como haber recibido un disparo de arma en el físico. Es un disparo moral que deja secuelas porque a los que tenemos sentido de la vergüenza nos preocupa mucho la imagen que damos. A veces hasta uno siente vergüenza de cosas que ha hecho, por qué no decirlo, pero esto no. Es una acusación ilevantable. Contra fantasmas no se puede combatir. De modo que si alguien en lugar de apuntarme con un revólver utilizó esa infamia, esa patraña, esa injuria, para medrar mi espíritu moral, pues le digo que lo consiguió. No consiguió intimidarme, pero sí logró impactarme de lleno y causarme una profunda tristeza.
-¿Qué se puede revelar?
-Esto tiene un prólogo y es que al despertarme el 16 de febrero a las 6 encontré tres mensajes de texto en el celular. Se me indicaba que si no me expedía en un determinado sentido, se iban a develar en la zona casos de pedofilia. El segundo mensaje, a las 2, fue con el mismo sentido: «Si usted no vota en una posición, develaremos un caso de pedofilia en la zona»; y un tercer mensaje refería «pronúnciese en determinada dirección por agradecimiento».
-¿Cómo lo tomó?
–Primero lo tomé a broma. Pero cuando llegué al Tribunal me encontré con mis colegas exponiendo preocupados que habían pintarrajeado algunos lugares claves, en particular algunos cerca de mi casa, con estas inscripciones. Ahí hice la denuncia porque las amenazas anónimas dirigidas a un funcionario público en ejercicio del cargo para lograr una decisión, están fuertemente reprimidas por el Código Penal, es una cohesión agravada con una pena máxima de 5 a 10 años.
-¿Hacía referencia al justicialismo o al Modelo Chubut el mensaje?
-No quiero echar leña al fuego. Las cosas están en su cauce y también tengo un alto sentido del honor, la discreción y la caballerosidad y no quiero involucrar a quienes no sé si acaso conocen o desconocen este asunto. Parto de un principio de buena fe y digo quizá lo desconozcan. De hecho una de las partes involucradas emitió un comunicado en repudio de las amenazas de modo que lo valoro.
-¿Logró cambiar su voto esto?
-¡Absolutamente no! ¡Por supuesto que no! De ninguna manera porque no tengo nada que temer. Sobre los actos de mi vida privada puedo responder todo honor y toda gloria. No tengo nada que temer. Yo no soy un santo, aclaro, soy un hombre común, pero no tengo nada que temer. Estoy enojado, yo pensé que la política criolla, como decía Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista, estaba llena de prácticas taimadas, pero creo que el pobre de Justo, que se murió en el ´28, quedaría sorprendido frente a tamañas prácticas anónimas que sin dudas tienen un contenido político porque es irrefutable asociar las amenazas con las pintadas. Nicolás Repeto, que no es el de la televisión, decía «cuando entré en política di mi honor a los perros». Entonces yo tendría que decir también que «cuando entré en el Poder Judicial entregué mi honor a los perros». Cuando los perros mordisquean, cuando los perros ya no son perros sino son lobos, uno tiene sensaciones encontradas: Primero de tristeza y después de mucha bronca.
-¿Fue una amenaza al Poder Judicial?
-¡Sin ninguna duda! La amenaza es esta, no sé si para la parte, pero sí para la cabeza del autor: «O votás como yo quiero o voy a decir que sos un pedófilo. Votá como yo quiero o te voy a denunciar por pedófilo. Votá como yo quiero y demostrá agradecimiento». He tomado en mi vida profesional decisiones muy polémicas. Que han afectado a muchas personas, algunas de ellas muy importantes. Nunca me pasó esto.
-Algunos decían que la marcha fue un modo de presión…
-¡Qué le parece! ¿Usted sabe lo que es estar con 300 personas tocando el bombo y que digan «Pfleger largá los nenes»? ¿Sabe lo que significa estar así? No podíamos salir, eso es presión. Pusieron un auto frente a la doble puerta. Estuvimos desde las 9 hasta las 19 con bombos, platillos, cánticos, discursos, etcétera. No sé quiénes son ni a quién representan pero sé que ocurrió y es una presión inaceptable para el Tribunal.
-Desde el justicialismo señalaban que era «expresión» y no «presión»…
-Es un juego de palabras muy sutil. Por supuesto que es una expresión, pero una expresión de una presión. Los jueces debemos reflexionar. Yo quisiera ver cómo se puede reflexionar frente a una orquesta de bombos durante horas y horas machacando. Es casi como una tortura. A lo mejor hubiera sido admisible que lo hicieran hoy (por ayer) que está la sentencia escrita. Pero era un repique constante de ruidos amorfos que le horadan el cerebro. Yo no tengo una textura psicofísica impermeable. Estas cosas me permean. Y repito, los cánticos impactan. Entonces… ¿expresión?.

