Para López Murphy: “Este plan económico es vulnerable”

El economista, referente del liberalismo clásico y cofundador del PRO en 2005, pone la lupa sobre el Gobierno y sostiene que el modelo económico del gobierno “Es vulnerable a episodios negativos externos, es verdad. La…

domingo 24/09/2017 - 13:04
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El economista, referente del liberalismo clásico y cofundador del PRO en 2005, pone la lupa sobre el Gobierno y sostiene que el modelo económico del gobierno “Es vulnerable a episodios negativos externos, es verdad. La idea de corregir en forma gradual, en ocho años, los enormes desequilibrios que tenemos, requiere de condiciones muy favorables que son fáciles de ver”.

En una entrevista del diario Perfil, Ricardo López Murphy es consultado sobre el plan del gobierno hasta el 2.019.

—La idea es que este programa de consolidación continúe. ¿Por qué? Porque se va a acumular una deuda que, en algún momento, se tendrá que saldar. ¿Qué son déficits? Déficits son impuestos diferidos. La deuda es impuesto diferido. Entonces, necesitamos que los déficits de hoy sean los superávits de mañana. No existe una deuda que crezca hasta el infinito. Soy bastante reacio a las políticas deficitarias porque creo que empobrecen, quitan los recursos que financiarían la inversión. El déficit es un comedor de ahorros, y empobrece porque la gente cree que los bonos públicos son riqueza. Son riqueza si los tienen Fontevecchia o López Murphy, pero en el agregado no son riqueza. Alguien los tendrá que pagar. Peor aún, si no se dieran esas circunstancias, la presencia de una deuda grande implica impuestos futuros muy altos. Por eso le hace tanto daño al crecimiento. Eso es lo que me lleva a mí a tener, desde siempre, una posición contraria al desequilibrio fiscal, favorable a una fuerte disciplina fiscal. Eso ha sido y es muy sano. Ayudaría al crecimiento del país, a la acumulación de capital, a la generación de trabajo.

—Respecto de la actual situación, usted dijo: “No se percibe el inmenso costo que produce el enfrentar los problemas. No enfrentarlos produjo, por ejemplo, la catástrofe de 2001. Es una idea infantil”.

—Es que los problemas se arreglan con el paso del tiempo. No confundamos gradualismo con no actuar. Gradualismo implica actuar. Las condiciones para adoptar políticas de shock o graduales dependen de dos cosas: consideraciones técnicas y financiamiento. La política no es el problema principal. Si no se tiene financiamiento, hay que actuar. En una hiperinflación a nadie se le ocurriría ir con un programa gradual, demorado en el tiempo. Pero si se tiene una inflación del 30% o 40% y espacio para una tasa de interés baja, se puede discutir qué es lo prioritario. Me hubiera gustado recibir una explicación más precisa de los dos graves problemas que el Gobierno recibía. Uno fue herencia de tantos años de populismo que básicamente fue descapitalizarnos en energía, equipamiento de las fuerzas armadas, seguridad social… Cuando una sociedad se descapitaliza baja su productividad, baja su nivel de vida. Otro fue el tremendo shock externo que tuvo la región en 2014, la brutal caída, entre el 30% y el 40%, del precio de las commodities. En países muy mal administrados como Venezuela, esa caída los pulverizó, los hizo inviables, por eso un país rico puede convertirse en un país africano pobre, donde no hay medicinas ni harina. Los países ya no muy mal administrados sino sólo mal administrados, como Brasil y Argentina, sufrieron serias crisis. Más aguda en Brasil porque Argentina utilizó, con cierta habilidad, el endeudamiento para atenuar el shock.

—En términos prácticos…

—En la gestión populista hubo muchísimos errores. Uno de los más notorios fue la descapitalización y degradación del sector energético. No explotamos el petróleo y el gas cuando eran carísimos e invertimos ahora, que son baratísimos. Es demencial. Además, se causa daño ambiental. Los acuerdos de París, ¿qué son? Formas de contener la contaminación. ¿Dónde está la contaminación? En el sobreúso de energías hidrocarburíferas. ¿Qué hace el mundo? Gravar la energía. ¿Qué hacíamos nosotros? Subsidiarla, y provocar una intensidad energética por unidad de PBI espectacular. Los subsidios se concentraron en la megaúrbe. ¿Qué pasa entonces? Como Argentina tiene un problema de macrocefalia, con un interior raquítico, si se concentran los subsidios en la megaúrbe, lo que se hace es atraer más gente allí. Eso es maximizar la patología. Lo que se hizo en esos años fue obtener un rédito político, pero a costo de un daño enorme al país. Resolver los problemas ambientales, de seguridad, de infraestructura, es costosísimo. Algunos proponen un Plan Marshall para el Gran Buenos Aires. ¡Hay que hacer un Plan Marshall para el interior! Lo único que falta es que agrandemos más lo que ya es un problema estratégico. ¿Cuál debió ser la gran prioridad? Eliminar rápidamente los subsidios a la energía. Dar señales que el país se acercaba a las reglas internacionales que permiten la inversión, el ahorro de energía.

—¿Usted hubiera aumentado más rápido las tarifas?

—En el área energética, donde además eran muy regresivas socialmente: los subsidios se acumulaban en los sectores de más alto ingreso. En el Gran Buenos Aires hubiera facilitado un programa más equilibrado, después de revelar en su totalidad la gravedad de la herencia recibida.

—¿Fue un error no comunicarlo mejor?

—Revelar la gravedad de la herencia no sólo comunicación. ¿Por qué? Porque la comunicación precede a la acción. Usted comunica y crea las condiciones para hacer una corrección, porque ese monumental desequilibrio fiscal vuelve frágil al país, lo hace muy vulnerable. Con escenarios externos desfavorables puede haber dificultades. Compararemos las circunstancias de hoy con las de fines de siglo. ¿Cuál es la diferencia? A fines de los 90 los países emergentes, Argentina y Brasil, nos endeudamos al 14%. Hoy podemos endeudarnos al 5. Esos 9 puntos son la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Por qué no podíamos endeudarnos al 14%? Porque la aritmética nos explotaba y ese costo de capital era decisivo para la supervivencia. La crisis que sufrimos no fue a causa del diseño del sistema, que seguramente algún problema tuvo. La provocó un shock externo catastrófico en costo de capital y caída de las commodities. Hoy los precios son más altos que en esa época, pero sobre todo bajó drásticamente el costo del capital.

—¿Depender del precio de las commodities o de la tasa de interés no hace que el problema sea una cuestión de tiempo? Porque en algún momento las tasas de interés van a subir, o las commodities pueden caer.

—Eso se resolvió de manera brillante en Chile hace diez años, con el Fondo al Cobre. Chile alcanzó 10 puntos de superávit fiscal por año de PBI ahorrándolo, porque el precio del cobre estaba por las nubes. Es en la prosperidad cuando se debe ahorrar y ser más prudente. De otra forma, el día que llega la adversidad, no hay otra salida que ajustar.

—¿Usted cree que si hubiésemos sido más drásticos en el aumento de las tarifas habríamos tomado menos deuda?

—Sí, si hubieran actuado con más firmeza en todo el sistema presupuestario. Vayamos a otro caso. La esperanza de vida se alargó de manera notable en el mundo. Cuando era joven, la expectativa de vida era 72, 73 años y hoy es razonable pensarla en 81 u 82. Una mujer en edad de jubilarse tiene una expectativa de vida de 25, 26 años. Si ahorramos 30 años para servir 26 con el mismo nivel de vida, no hay cuenta que cierre. Se necesita un número de personas por retirado y una proporcionalidad entre los años de trabajo, de aporte y tiempo de retiro. Si se rompe esa aritmética, se crea una monumental crisis fiscal. En Estados Unidos se discute cómo hacer esa reforma, Francia la hizo; Alemania, Italia, España la han hecho. Los franceses aportan 42 años y medio, nosotros, 30. No se puede cambiar de golpe, pero cada tres meses se podría correr un mes: de esa manera, a lo largo de 20 años, el sistema se vuelve más sostenible. Para hacer una corrección gradual debe quedar bien en claro que la deuda que se coloca hoy, mañana tendrá un superávit para enfrentarla.

—¿Usted hubiese tomado menos deuda?

—Cuanto más prudentes seamos en ese sentido, mejor. Se le censura al Gobierno por su endeudamiento, pero eso significa que buscan más corrección fiscal. Pero si se critica al Gobierno por su endeudamiento y a la vez se pide más gasto, ya es un problema de analfabetismo. O de no saber aritmética.

—Melconian tuvo disidencias con la política del Gobierno porque él planteaba que había gradualismo fiscal y shock monetario, y que una de las dos cosas no era posible con la otra.

—Ese es el tercer aspecto del problema de la política gubernamental. A mí me gustaría, y lo dije en conferencias académicas, que hubiese una simetría en el esfuerzo. La emisión monetaria no nace de un acto de locura de los bancos centrales, nace por la necesidad de cubrir el faltante de financiamiento del Estado. Por eso la inflación es un impuesto que complementa a los otros. La forma de sanear la inflación no es sólo retomar control de la cantidad de dinero como lo hace el programa actual, sino quitar el riesgo de que sean los desequilibrios fiscales y la acumulación de deuda lo que fuerce al Banco Central a producir expansiones monetarias.

—¿Hoy el déficit se financia con deuda?

—Lo que no quiero es que me bajen la inflación circunstancialmente y después me la tengan que subir por la deuda acumulada. Si hubiera más simetría en ambos esfuerzos sería más sano, habría menor apreciación cambiaria, menor costo del capital, mejores oportunidades de inversión. Hay una lógica. Es verdad que bajar la tasa de inflación permite un éxito más temprano y es lo que el Gobierno buscó, más que el proceso de convergencia que planteo yo. Pero para mí el largo plazo está a la vuelta de la esquina. Siempre tiendo a pensar los problemas a largo plazo.

—En términos más comprensibles para quien no conozca la economía, ¿usted hubiese planteado una inflación más alta?

—Por lo menos que la convergencia inflacionaria estuviera condicionada, o el esfuerzo que allí se hacía, fuera simétrico al que se hacía en materia fiscal. La lógica del esfuerzo monetario debe tener una lógica equivalente en el segmento fiscal.

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