Los límites del “plan platita”, el dilema de los mapuches y los problemas estructurales del Frente de Todos

Un documento judicial pone límites al «plan platita». El Frente de Todos no logra salir de la parálisis de la derrota en las PASO. El conflicto mapuche le mete tensión al Congreso. El problema no…

domingo 24/10/2021 - 11:34
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Un documento judicial pone límites al «plan platita». El Frente de Todos no logra salir de la parálisis de la derrota en las PASO. El conflicto mapuche le mete tensión al Congreso.

El problema no es Alberto, el problema es el Frente de Todos. El Gobierno entra al último tramo antes de las elecciones 2021 en su peor momento. No dejó casi ningún error sin cometer. En los últimos días, encuestadores que trabajan para el Frente de Todos vieron un trasvasamiento de votantes que podían acompañar al oficialismo en las elecciones, pero que giraron hacia Juntos por el Cambio. Esto es en Provincia de Buenos Aires.

Son personas que no fueron a votar en las PASO, o que votaron a las opciones que se quedaron afuera. También hay de los de Randazzo, Hotton y Espert.

En el Frente de Todos hay preocupación por el resultado y también por el futuro del Gobierno. No hay coincidencia entre los distintos actores sobre el rumbo que tiene que tener el país. Toda la coalición está en stand by hasta el 14 de noviembre.

Juan Manzur –que asomó los primeros días como la estrella del gabinete- bajó dramáticamente el perfil. No le fue bien en Estados Unidos hace 10 días. Los inversores le plantearon dudas sobre el futuro del país. Él contestó con la metáfora de la aceituna. Días después, en un encuentro reservado en Buenos Aires, alguno de los asistentes lo planteó claramente: no está claro el rumbo del Frente de Todos, ni quién manda, ni qué es lo que piensa Cristina Kirchner, todavía líder del espacio.

Aníbal Fernández –que venía a darle volumen política al gabinete- primero se incineró en un innecesario conflicto con el dibujante Nik. En las últimas horas le tocó otra vez defender lo indefendible. ¿Por qué el Gobierno nacional no interviene frente a una situación de presunto terrorismo en la Patagonia? “Si creen que lo van a resolver como Roca con la Campaña del Desierto, se equivocan feo”, planteó Aníbal.

El conflicto de los mapuches deja complicado al peronismo para recuperar provincias que creían que podían revertir: Río Negro, Chubut y Neuquén. Quizás en el transcurso del fin de semana Alberto entendió el problema y por eso decidió llamar a la gobernadora de Río Negro.

Hay más problemas. En La Pampa, el exgobernador Carlos Verna está concentrado en su salud. Su mujer Rosa Vicente no lo deja salir de su casa. Sigue siendo el líder de la provincia y si él no se mueve, difícilmente se pueda dar vuelta el resultado. Ahí el Frente de Todos juega dos senadores clave.

En San Luis, la Justicia acaba de dictar un importante fallo que podría dejar al peronismo fuera de carrera. En 2017, el oficialismo había perdido las PASO por más de 15 puntos. En las generales, Rodríguez Saá lo dio vuelta y ganó por 10.

Ahora, la Justicia Federal, en un fallo inédito, le prohibió hasta las elecciones:

  • Dar microcréditos.
  • Pagar el nuevo plan de asistencia al desempleado
  • Efectuar pagos en ejecución “de la ayuda extraordinaria”
  • Entregar subsidios en dinero

Juntos por el Cambio aprendió de la historia de 2017. Ahora ganó las PASO por casi 10 puntos. ¿Habrá revancha?

Conflicto mapuche: otra vez la falta de rumbo

El conflicto con los mapuches muestra la desorientación del Gobierno. Se trenzaron en una polémica con la gobernadora de Río Negro sobre quién tenía que poner la seguridad en la zona.

Gabriela Cerrutti –la nueva portavoz del Gobierno- hizo una defensa extraña de la situación: “No está en discusión la propiedad privada en este caso. Están en juego otras situaciones. Tiene que ver con la colonización que tuvo Latinoamérica», planteó.

Lo raro es que este conflicto está desplegado en una región que el Gobierno necesita desesperadamente para mantener el control del Congreso…

Neuquén, Chubut y Río Negro son tres provincias claves para que el oficialismo pueda aprobar las leyes que necesita después del 10 de diciembre.

Alberto Fernández, durante su visita a Puerto Madryn. Chubut es una provincia clave en el mapa de las elecciones, pero el conflicto mapuche y su apoyo tácito no ayuda al oficialismo (Foto: Presidencia).

En Chubut, el Frente de Todos pone en juego tres senadores. Si se repitiera el resultado de las PASO, solamente se va a quedar con uno. En los primeros días después de las elecciones intentaron un acercamiento al gobernador Arcioni. Es un peronista cercano a Massa pero enfrentado al Frente de Todos local; aunque en el Congreso tiene a su gente integrada al bloque oficialista. Salió tercero en las PASO, aunque sus votos permitirían que el Frente de Todos ganara la provincia, si bajara la lista.

Sin embargo, su candidato a senador, Federico Massoni avisó que no se bajaría pase lo que pase. Al final se convencieron de que la estrategia no era la correcta: Massoni recoge más votos antikirchneristas y le restaría votos a Juntos por el Cambio. O eso dicen.

Como sea, el apoyo tácito a los “mapuches” no ayuda al oficialismo a recuperar la provincia.

Hoy el epicentro del conflicto está en Río Negro. La gobernadora Arabela Carreras también necesita confrontar con el gobierno nacional para sostener el liderazgo provincial.

En Río Negro gobierna Juntos Somos Río Negro, que lidera Alberto Wereltilnek, exgobernador y hoy senador nacional.

Weretilnek llegó al poder después del asesinato de Carlos Soria a manos de su mujer en la noche de año nuevo de 2012. Soria había ganado la elección pocos días antes y Weretilnek -que venía del Frente Grande- era su vicegobernador. Asumió en el cargo y se quedó con el liderazgo de la provincia.

Fue aliado de Cristina, de Macri y de Alberto en la primera etapa de gobierno. En los últimos meses empezó a diferenciarse. Fue cuando Alberto designó a Martín Soria en el ministerio de Justicia. Martín es hijo del excompañero de fórmula de Weretilnek y máximo opositor.

¿Por qué es importante esto? Porque si el gobierno se queda sin mayoría propia en el Senado a partir del 10 de diciembre, va a necesitar hacer una alianza con sectores de la oposición que no integren Juntos por el Cambio para sacar sus leyes. Al pelearse ahora con la gobernación de Río Negro no solamente está arriesgando un resultado electoral: también se está peleando con el senador que puede ser la clave del quórum en el Senado. Un costo demasiado alto para defender a un grupo de supuestos mapuches.

El conflicto mapuche llega también a Neuquén. Ahí no se eligen senadores pero sí diputados. El Movimiento Popular Neuquino que gobierna esa provincia también puede ser un aliado clave para el gobierno en la Cámara de Diputados.

Conflicto mapuche: quién es Facundo Jones Huala

El «factor mapuche” no solamente pega en las provincias afectadas. Es otra muestra más de los problemas de gestión (y de política) del Frente de Todos. Según números de la gobernación de Río Negro, el 98% de la gente está en contra del grupo RAM o sus primos.

El reclamo de tierras de las comunidades mapuches es real y legítimo. Además, está reconocido por la ley 26.160. De hecho, ya se les reconoció el derecho a muchas de estas comunidades que lo reclamaron de manera pacífica y se les asignaron miles de hectáreas.

Según explica el periodista local Guillermo Sgarbosa -uno de los que más investigó el tema- solo en Río Negro hay 170 comunidades con reconocimiento. Sin embargo, esto no baja el nivel de violencia de este grupo Resistencia Ancestral Mapuche, cuyos lazos con la comunidad mapuche no están para nada claros.

Quienes lo conocen de chico saben que Facundo Jones Huala fue punk, iba a la escuela con una cresta en la cabeza, mientras su mamá iba a una iglesia evangélica. En un momento, la familia empezó a ir a Chile y tomó contacto con grupos radicalizados.

“Facundo cree lo que dice y lo ejecuta. No va a modificar un ápice. Tiene un cóctel discursivo que mezcla a Marx, Perón, el Che, pero se autopercibe mapuche y elige destacar esa línea de la herencia familiar. Por su personalidad seguramente el tiempo en prisión solo reafirmó sus convicciones», describe Guillermo Sgarbosa.

Vivían en el Barrio Virgen Misionera, camino al cerro Catedral. Tras esos viajes “espirituales” a Chile, tanto él como su mamá empezaron a generar situaciones de violencia en la zona. Hay un vecino que les hizo 16 denuncias.

Sgarbosa describe que hay documentados en las tres provincias 400 incidentes en 10 años. 60 solamente en Bariloche. Cada hecho en sí mismo no ameritaría la intervención nacional. Pero en el conjunto podría ser entendido como una estrategia terrorista; Chile lo entendió así.

Desde la cárcel, Huala escribió: “Basta de discursos pacíficos, basta de hipocresía, y si hay niños y ancianos déjenlos en un lugar resguardado o aléjense una distancia prudente para combatir sin exponerlos, que no sea una escusa para esconder cobardía” (sic).

“Una Lof (clan) se debe conformar por linaje o vínculo familiar. Pero los detenidos que están hoy tienen cada uno un apellido y son de distintos pueblos. No hay reconocimiento”, dice Sgarbosa.

La pregunta es por qué el gobierno nacional termina reivindicando a estos grupos. En la zona de Río Negro establecen una relación directa entre estos movimientos, las FARC, la Venezuela de Maduro y Nicaragua.

No es la primera vez que el kirchnerismo intenta cooptar a movimientos sociales con tendencias violentas para hacerse fuerte en determinados territorios.

La diferencia es que esta vez es el propio Presidente el que se expone. Néstor Kirchner siempre manejó bien la ambigüedad. Presionaba a través de los piqueteros amigos, pero mantenía un brazo amigable hacia los sectores moderados. Nunca siendo presidente firmó él a favor de grupos radicalizados. Eso se cortó ahora.

En una carta la semana pasada, Alberto planteó que no está en juego la seguridad nacional. “No es este el caso ni mucho menos. Es por ello que sería aconsejable que, en uso del poder de policía que le otorga la Constitución de Río Negro, se pueda formar un cuerpo específico que se ocupe de los refuerzos del control y mayor seguridad en el futuro”, escribió.

Estas expresiones no son compartidas por el peronismo territorial. El que mejor lo expresó esta semana fue Sergio Berni: “Cuando el bien tutelado es la paz social, hablamos de terrorismo; no hay que siquiera que dudarlo”, dijo. Berni –que tiene terrenos en Río Negro- está a punto de dejar el Frente de Todos y se prepara para una larga carrera presidencial.

El Frente de Todos y las minorías

La idea que Berni y otros sectores del peronismo están repitiendo es que Alberto está más preocupado por las minorías ruidosas que por construir mayorías. «Me parece bárbaro que discutamos el sexo no binario, pero alguien tiene que discutir cómo una persona que fue presa y detenida por el uso de armas, en cuatro días salió en libertad», dijo descarnadamente Berni hace unos días.

Sergio Berni volvió a mostrarse crítico con la política del gobierno nacional, en este caso por su actuación en el conflicto mapuche (Foto: archivo).

Sergio Berni volvió a mostrarse crítico con la política del gobierno nacional, en este caso por su actuación en el conflicto mapuche (Foto: archivo).

Un hombre de antigua militancia peronista armó un encuentro en su localidad para intentar explicar con números por qué el Frente de Todos estaba perdiendo la elección. “Tenemos que salir de la marcha de Perón y Evita y de pensar que los pobres nos van a venir a votar. Los van a llevar y nos van a votar en contra”. En concreto, en base a estadísticas planteaba que había que acercarse “con un discurso amable” a escuchar y resolver los problemas de la gente.

-Yo no vine acá a que me digan lo que tengo que hacer. Yo estoy para militar sobre las causas de la pobreza- bramó uno de los asistentes, enrolado en el Partido Comunista Revolucionario.

-¡Y yo quiero ganar la elección!-, contestó el experimentado dirigente.

El nivel de discusión que existe adentro del Frente de Todos sobre cómo ganar la elección es directamente proporcional al que existe en torno a cómo gobernar. Hasta que se salde el debate, habrán perdido la elección. Lejos del discurso “amable”, hoy predomina un discurso más agresivo y polarizante.

El problema es que si este discurso se profundiza, la derrota en noviembre va a ser todavía mayor. La pregunta que todos se hacen adentro y afuera del Gobierno es cómo se va a poder gobernar los dos años que quedan si los problemas se profundizan.

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