Yo siempre conecté más con Diego Maradona que con Lionel Messi. Lo veía más argentino en el sentido de sus aptitudes naturales para lo sobrenatural, dando menos del potencial total por su vulnerabilidad a pesar de su fuerte personalidad. Pero las despedidas siempre son bravas.
Soy futbolero y considero que Messi llegó más alto que Maradona a todo nivel porque lo ama todo el mundo. Es como que Maradona expresó a la Argentina real con sus más y sus menos. Messi, en cambio, representa la Argentina ideal. La que puede llegar a picos inigualables aun en el final de su larga carrera.
Cuando llega un día como estos, no sufrimos porque “el que nos salva y conquistó al mundo” no lo hará con nuestra camiseta. Nos emocionaremos por los últimos 21 años de nuestras vidas, porque todos sabemos cómo y con quién miramos cada Mundial. Y la vida vuela, es más veloz que Messi, y seremos testigos de la tristeza de nuestros hijos que lo adoptaron como el ídolo del mundo.

Por eso esta tensa espera, aguardando su salida a la cancha y los planos de la gente entre lágrimas, agradeciendo pero conmovidos por 21 años de un “yo colectivo”. Fuimos 44 millones de personas que logramos ponernos de acuerdo en que a él lo amamos porque nos da una alegría masiva donde nadie adopta una conducta contraria.

Se va Messi, se va el providencial, en un país donde no creemos tanto en la felicidad colectiva.
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