La intención de derogar la ley que regula el precio uniforme de los libros pone en alerta al sector editorial

Libreros y editores alertan sobre una medida que, aseguran, desprotege también a los lectores. Desde la cartera de Sturzenegger dicen que el proyecto todavía no está cerrado.

jueves 23/07/2026 - 21:07
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La campaña es visible en redes sociales, encuentros y ferias, como la próxima edición de la FED: el sector editorial está alertando sobre la posibilidad de que se derogue la Ley 25.542, del año 2001.

Según distintos sectores de la industria, la normativa, inspirada en la llamada ley Lang, por el ministro de Mitterrand Jack Lang, de los ochenta, es una iniciativa virtuosa. Ahora, cadenas, librerías independientes y la comunidad editorial se han unido contra lo que consideran una amenaza directa a su supervivencia, especialmente en el caso de las librerías independientes.

La ley establece que son precisamente los editores los que fijan el precio de venta de sus libros, de tal modo que sea el mismo en todos los puntos de venta. Así, las librerías grandes y pequeñas, sucursales o independientes, compiten en la forma de lanzar, presentar y vender productos cuyo precio es el mismo, en todo el país. Pero no compiten en base a descuentos o promociones, a variaciones en el precio, que no todas estarían en condiciones de ofrecer y permitirse.

La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, un evento que convoca cada año más de un millón de visitas. (Foto: Fundación El Libro).

Desde el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que dirige Federico Sturzenegger, dicen que el proyecto aún se está trabajando. “El objetivo es que los libros sean más accesibles para los lectores. Para lograrlo, elimina una restricción que hoy impide que las librerías compitan en precios mediante descuentos, promociones u otras estrategias comerciales”, afirman.

Según ellos, los consumidores tienen más opciones bajo un mercado desregulado. “La experiencia internacional respalda ese enfoque”, afirman. “En el Reino Unido, tras eliminar el sistema de precio único en 1995, no sólo no desaparecieron las librerías ni la producción editorial, sino que aumentó la cantidad de títulos publicados. No existe evidencia en el mundo de que el precio fijo sea necesario para preservar la bibliodiversidad”.

Del otro lado, la editorial Siglo XXI posteó: “Esta ley parte de la premisa de que las librerías son una parte fundamental de la cadena de valor del libro, pero también, una parte fundamental de la vida cultural de la Argentina. De esa manera, protege la diversidad de todo el ecosistema editorial”. “Sin la Ley 25.542 no hay libros más baratos. Hay menos librerías”, publicó Libros del Zorro Rojo.

“El gobierno actual, en un gesto favorable solo a los grandes conglomerados internacionales de la edición, las cadenas de libros y las plataformas de venta online que compiten contra el sector librero, busca la derogación de esta ley que protege a las librerías de la competencia desleal de mercado”, posteó Librería Norte. Ubicada sobre la Avenida Las Heras, Norte es una de esas librerías amadas por los lectores que hace honor a su oficio: un espacio para conversar sobre libros, atendido por lectores y en la que los lectores encuentran siempre más de lo que vienen a buscar. “Librerías como la nuestra, que no integran ningún grupo empresarial y que están a lo largo y a lo ancho del territorio argentino, y que se caracterizan por la diversidad de su catálogo, estarán condenadas a desaparecer”, escribieron.

El afiche diseñado por la Asociación de Dibujantes de Argentina y firmado por la Cámara del Libro. (Foto: instagram).

Pero no sólo levantan la voz las librerías independientes. Representante de las grandes cadenas, como El Ateneo y Yenny, Adolfo de Vincenzi, del grupo ILHSA, se sumó a las alertas en una entrevista con la revista Forbes que se comparte mucho por estas horas. “No estoy a favor de que se desregule. Si se deja todo libre, sin duda yo voy a tener muchísimo menos problema que las librerías chicas. En un mundo en el que solo hablás de librerías, a mí me ayudaría un montón. Pero el negocio del libro es muy chiquito cuando lo sacás de sí mismo y lo llevás a otra actividad”, dijo.

“Queremos sostener el oficio del librero. Ese que te conoce, te saluda y te dice que tiene un libro para vos”, dice Juan Pampín, presidente de la Cámara Argentina del Libro.

“Si se desregula todo, para los supermercados el libro debe ser el 0,5% de la venta”, añadió. Lo pueden regalar sin ningún problema. Este país, que se caracteriza por tener muchas librerías, pasaría a tener un negocio que agonizaría. Hoy ya tenemos problemas con Mercado Libre, porque su plataforma está hecha para favorecer el precio más barato. El libro para ellos es lo mismo que cualquier cosa: te mandan al más barato. Imaginate eso con total libertad».

La Cámara Argentina del Libro nuclea entre 450 y 500 empresas medianas y pequeñas de todo el país. Su presidente, Juan Pampín, cree que la baja de precios, en los países donde se implementó la desregulación, dura poco tiempo. “Inicialmente bajaron un poco los precios, pero sólo para volver a tomar carrera. Y provocó que la competencia se achique, que los editores y libreros se achiquen y los precios vuelvan a subir”, dice.

La Feria de Editores (FED), que celebra su edición número 15 entre el 6 y el 9 de agosto próximos, se suma al repudio. “La ley actual es ejemplo en todo Latinoamérica y se inspiró en los principales mercados editoriales del mundo; Francia, Alemania y España. Luego fue emulada por Portugal, Italia, Austria, Japón, Países Bajos y varios países más”, dijeron los organizadores en un comunicado.

La Feria de Editores nuclea a los sellos independientes y celebra su edición número 15 los primeros días de agosto. (Foto: Matías Moyano).

“Como comunidad, instamos a reflexionar sobre la importancia de preservar y fortalecer nuestro ecosistema literario. Juntos, editoriales, librerías y lectores podemos debatir mejoras a la ley, cambios pero no se puede derogar unilateralmente una ley que se gestó en el debate y con información de calidad sobre el funcionamiento del ecosistema del libro”.

Los partidarios de la desregulación argumentan que fomenta la competencia, pero para los sectores de la industria advierten que esa competencia quedará en manos de tres o cuatro plataformas digitales y grandes supermercados que decidirán qué leemos, cuándo lo leemos y a qué precio, argumentan.

“Las librerías tienen particularidades: conocen a los actores locales, se dedican a vender cosas que van más allá del best seller y lo más rentable», dice Pampín. “Queremos sostener oficios que no se rigen por los algoritmos que publican instagram o Mercado Libre, sino que trabaja sobre lo que interpela a su propia sociedad. Estamos defendiendo a nuestros autores, diseñadores, porque al pagar un precio uniforme a lo largo de todo el país, se permite una correcta distribución de las regalías. Cuando cierran librerías, pierden los lectores. Las que quedan serán más grises, más homogéneas y pasteurizadas. Queremos sostener el oficio del librero. Ese que te conoce, te saluda y te dice que tiene un libro para vos“.

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