En el corazón de Km 8, desde hace 17 años, la pastora y capellana Mónica Iturrioz, junto a su esposo Sergio, lidera un espacio que va mucho más allá de lo espiritual. En un lugar alquilado que funciona como punto de encuentro, este matrimonio —ella además operadora contra las adicciones— ha convertido la fe en acción comunitaria pura, transformando la realidad de muchos vecinos.
Lo que comenzó hace un tiempo como una iniciativa solidaria para fechas especiales como Navidad, Año Nuevo o el Día del Niño (donde realizan tradicionales «choriceadas» y entregan juguetes a los mas chicos de El Faro y COMIPA), hoy se ha transformado en un motor semanal para paliar una situación cada vez más compleja: la falta de alimentos.
«Decidimos que íbamos a invertir la ofrenda: en vez de dinero, la transformamos en alimentos para la gente que podamos ayudar», explica Mónica, destacando que esto es un logro colectivo. «Obviamente yo sola no lo estoy haciendo. La colaboración viene de todo el grupo de la iglesia, que aporta desde un paquete de arroz y salsa, hasta 10 kilos de alitas de pollo».

La actividad central se realiza rigurosamente cada miércoles. El equipo se cita a las 8 de la mañana para empezar a cocinar comida fresca y nutritiva. Aunque están asentados en Km 8, las puertas están abiertas para todos: «Puede ser o no del barrio, viene gente de todos lados», señala la pastora. Además, los sábados el compromiso se renueva con la merienda, un espacio que ya recibe entre 25 y 30 niños cada semana.
Pero el hambre no es la única urgencia. Con la campaña «Ayúdame a abrigar a otra», el grupo de la iglesia confecciona mantas con telas recicladas. Este año, gracias a las donaciones, sumaron la entrega de camperas, chalecos y ropa de niños para combatir el frío.

Al ser consultada sobre cómo nació esta iniciativa, Mónica dijo: «No es algo que estoy imponiendo, es algo que dice la Biblia. Es un mandamiento de Dios. Yo siempre digo que ojalá se contagien otras iglesias».
Su sueño a corto plazo es ambicioso pero sumamente necesario: armar una red de asistencia que cubra toda la semana. «Si logramos que siete iglesias se sumen, una cada día, vamos a tener una semana completa de alimento para darle a muchísimos más. La idea es sumar», concluye.
