Las interminables colas en las estaciones de servicio tienden a convertirse en una postal cotidiana en Comodoro Rivadavia. Abastecerse de nafta o gasoil significa por estos días esperar largas horas en filas que se extienden cuadras y cuadras. Muchos tienden a perder la paciencia y se han observado fuertes discusiones entre los automovilistas por ganar un lugar o cuando alguno ha intentado “colarse”.
Tal como había ocurrido a lo largo de la semana, ayer desde tempranas horas las distintas estaciones de servicio de Comodoro Rivadavia, comenzaron a llenarse de clientes sedientos de combustible que esperaban la llegada de algún camión abastecedor al surtidor.
Las columnas de vehículos atravesaban avenidas enteras como fue el caso de la céntrica estación Rodrigo, de bandera YPF. La fila de automovilistas por la avenida Ducós llegaba a la altura de la Iglesia Schoenstatt, frente al complejo habitacional Las Torres.
La estación Petrobas “Zona Cero”, situada sobre Rivadavia y Güemes, vivía una situación similar y las colas de automóviles se distribuían en tres largas filas que daban la vuelta en la rotonda que conecta con la calle Abásolo. Allí tuvo que concurrir personal municipal de tránsito, que dirigió el embotellamiento que causaba la desesperación de los clientes.
Incluso el equipo periodístico de Diario Patagónico pudo observar en ese lugar una acalorada discusión entre dos automovilistas que se bajaron de sus vehículos para reclamarse un lugar en la cola. Todos querían cargar combustible en el menos tiempo posible y no importaba respetar el lugar del otro.
Esa radiografía de estaciones de servicio repletas se repitió a lo largo y ancho de la ciudad. De ese modo, luego del conflicto entre la operadora YPF y el sindicato de la construcción conocido como “Dragones” que impactó en el abastecimiento, a diario los surtidores se quedan rápidamente sin stock, porque los automovilistas concurren en masa a cargar, temerosos de volver a quedarse con el tanque vacío por algún conflicto gremial.
Sobre las 10, un camión descargó combustible en Zona Cero y el encargado calculaba que en tan sólo cuatro horas iban a agotar la existencia. “La locura de la gente desabastece las estaciones”, esgrimió el encargado, quien trabajaba a la par de los playeros para atender la demanda.
(El Patagónico)

