La Fundación Luz de Esperanza de Comodoro Rivadavia nació con la necesidad de unos padres de ayudar a sus hijos electrodependientes. “el primero que arrancó con esto fue Cristian Sosa porque su hija tiene parálisis cerebral y diversas patologías que generaron que quede con internación domiciliaria en su casa. Al no conseguir generador, cada vez que se cortaba la luz tenía que ir corriendo al Hospital, entonces allí comenzó la lucha”-comentó la secretaria de la fundación Olga Pelozo a El Comodorense Portal de Noticias.

Poco a poco se fueron sumando más padres con el mismo problema que Cristian y Olga “se cortaba la luz y tenía que ir volando al Hospital y es así como nos unimos a luchar por la misma causa: conseguir generadores para que nuestros chicos y personas electrodependientes puedan tenernos en su propio hogar y una ley que garantice la energía gratuita en nuestras viviendas”.

Y continuó: “Nos fuimos acercando y asesorando sobre el tema lo que provocó casi de casualidad que se formara una Fundación con el objetivo de ayudar a la gente que están atravesando la misma situación que nosotros y así conseguir un poco más de derechos entre todos”-expresó.

Actualmente son alrededor de 50 familias electrodependientes que están involucradas en la Fundación “tenemos un grupo donde nos vamos comunicando por si surge algún problema”. A su vez, mencionó que “muchas veces hacemos rifas o alguna venta de algo para ayudar a las familias que deben viajar a Buenos Aires con sus hijos”.

En estos momentos, la secretaria contó que “lo que más necesitamos ahora son alimentos específicos para los chicos que están en esta situación, pañales, entre otras cosas que muchas veces la obra social no lo cubre y la actualidad del país genera que nosotros tengamos que hacer distintas cosas para conseguirlos”.

La Fundación, está compuesta por personas que requieren un consumo de luz constante para sobrevivir, como aquellos que necesitan un respirador, nebulizador, aspiración constante, y más, incluyendo colchones anti escaras. También brindan ayuda a familias que necesiten ayuda con botones gástricos.

Finalmente, Olga reflexionó que a pesar de que perdió a su hijo de 18 años de edad en enero de este año y que estuvo sin ir a la fundación varios meses “seguí para adelante y para ayudar a aquellos niños que lo necesitan, como alguna vez mi hija lo necesitó”.
