Ya en Santiago esperando la definición del sábado, la Selección entrenó de manera liviana con la reaparición de la «Sombra», quien se movió diferenciado pero igualmente está en la consideración para recuperar su puesto por Demichelis.
Argentina está muy cerca de saldar una deuda que lleva 22 años ininterrumpidos de frustraciones para el fútbol nacional. A poco de cumplirse un año de la Final de la Copa del Mundo ante Alemania, el conjunto de Gerardo Martino aseguró su presencia en la definición continental que se jugará desde las 17 del sábado en el Estadio Nacional, con el anhelo a flor de piel de consagrarse como hiciera por última vez el equipo versión 1993.
Luego de una Fase de Grupos con más dudas que certezas y una sufrida clasificación en los Cuartos ante Colombia a través de los remates desde el punto del penal, la Semifinal fue testigo del mejor rendimiento de la «Albiceleste», que ganó, gustó, goleó y disfrutó el 6-1 ante Paraguay para obtener el privilegio de formar parte de la Gran Final ante Chile, otro candidato que planea quedarse con el trofeo por primera vez en su historia.
Las principales novedades futbolísticas las propinaron los titulares en Concepción, producto de una exhibición que ilusionó a una Nación entera con la posibilidad de volver a festejar un lauro oficial tras mucho tiempo de angustia. La Formación Ideal del «Tata» lució en su sintonía más afinada y los desequilibrantes de arriba rompieron con la falta de contundencia y se amigaron con las redes. De cara al juego por la corona, una tranquilidad.
Sin embargo, Ezequiel Garay y su estado de salud continúan siendo el punto de preocupación -a medias- del entrenador y su cuerpo técnico, pensando en confirmar la alineación para presentarse en la capital trasandina. La «Sombra» quedó marginado del encuentro ante la «Albirroja» por un severo cuadro de gastroenterocolitis y no pudo participar del entrenamiento regenerativo que desarrollaron sus compañeros ayer, en Huachipato.
