“Este va a ser nuestro lugar bendecido”: la historia de una familia que hace 11 años vende en una rotonda de Comodoro

Vanesa y su familia están detrás de “Cosas Caseras y Ricas”, un emprendimiento que nació hace 18 años y que hoy sostiene a la familia con productos elaborados artesanalmente.

sábado 29/08/2026 - 17:22
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Hace 18 años, Vanesa y su familia comenzaron a elaborar productos caseros. Sin embargo, fue hace 11 años cuando encontraron el lugar que terminaría convirtiéndose en una referencia para sus clientes: la rotonda ubicada en Avenida Rivadavia y Estados Unidos.

En diálogo con El Comodorense, portal de noticias, Vanesa recordó que el emprendimiento surgió en un momento difícil para la familia, cuando su marido se había quedado sin trabajo.

“Nosotros hace 18 años elaboramos, pero hace 11 años estamos en la rotonda. Los años anteriores vendíamos en la Ruta 3, frente a la estación de servicio Orve, porque mi marido se había quedado sin trabajo. También empezamos a vender a los trabajadores en las empresas”, contó.

Con el tiempo, tuvieron que abandonar ese lugar y comenzaron a recorrer distintos sectores de la ciudad en busca de un punto donde pudieran sostener las ventas.

“Después nos sacaron de la zona y fuimos probando en distintos lugares. Nos fuimos hasta Zona Norte, pero vendíamos muy poco. Un día mi esposo me dice ‘no nos vamos a ir tan lejos’ y nos fuimos a la rotonda. Él dijo: ‘Este va a ser nuestro lugar bendecido’. Y ese fue el lugar donde nos hicimos más conocidos”, relató.

Desde entonces, muchos de los clientes que conocieron sus productos en aquellos primeros años continúan comprándoles hasta el día de hoy.

Un emprendimiento hecho a mano

Vanesa contó que desde pequeña tuvo pasión por la cocina y por crear sus propios productos. Con los años fue ampliando la variedad que ofrece en su puesto, siempre con elaboración artesanal.

“De chiquita siempre me gustó hacer cosas, cocinar, inventar. Con el tiempo fui agregando productos como tortillas, torta matera, budines, todo hecho a mano porque no uso máquinas”, explicó.

En esta tarea también tiene un papel fundamental su familia. Sus hijos, su nuera y su esposo colaboran diariamente para poder mantener el emprendimiento.

“Mis hijos, mi nuera y mi esposo me ayudan mucho”, destacó.

El trabajo familiar se convirtió así en una herramienta para salir adelante y generar ingresos, incluso en momentos en los que la situación económica comenzó a complicarse.

“Las ventas empezaron a decaer un poco”

Vanesa aseguró que durante el último tiempo comenzaron a notar una caída en las ventas. Según explicó, el cambio se hizo especialmente visible durante el último año.

“Las ventas empezaron a decaer un poco. Mucha gente se quedó sin trabajo y apostó a hacer emprendimientos, comprar insumos y salir a vender. Pero gracias a Dios tengo mi trabajo, que todos los días se vende algo”, señaló.

La diferencia, dijo, también se observa en los días de lluvia, cuando anteriormente lograban vender prácticamente toda la producción.

“Años anteriores, un día de lluvia vendías un montón y ahora nos sobra. Y ahí te das cuenta. Hoy tengo que elaborar menos”, sostuvo.

En ese sentido, contó que actualmente utiliza alrededor de una bolsa de harina por día, mientras que anteriormente llegaba a utilizar dos.

“Antes eran dos bolsas y ahora capaz ni termino una”, graficó.

También creció la necesidad

La situación económica, según Vanesa, no solamente se refleja en las ventas, sino también en las historias de las personas que se acercan diariamente.

“También se ve mucha gente pidiendo. Lo que queda lo guardo en bolsitas y la gente sabe que tipo 20 horas entrego. Se ve mucha gente pidiendo trabajo y comida”, contó.

Para sostener los ingresos familiares, también sumaron una nueva alternativa: la venta de pizzas durante la noche, elaboradas desde su propia casa.

“Uno tiene que rebuscárselas, mientras tengamos salud”, expresó.

De vender desde un vehículo a tener su propio carrito

Durante los primeros años, todos los productos eran exhibidos directamente en el vehículo familiar. Pero hace aproximadamente un año pudieron dar otro paso: contar con un carrito propio.

La estructura fue construida por el esposo de Vanesa, quien tenía la idea desde hacía tiempo debido a las bajas temperaturas que soportaban durante las jornadas de venta.

Mi marido tenía pensado hace rato hacer el carrito porque en el invierno se pasaba mucho frío. Él lo construyó de cero, también lo ayudó un vecino”, relató.

El proyecto tuvo un significado todavía más especial para la familia debido a la situación de salud que atraviesa su esposo. El año pasado fue sometido a una intervención cardíaca y actualmente se encuentra a la espera de una derivación a Buenos Aires para continuar con su tratamiento.

“Lo operaron el año pasado del corazón, pero no resultó. Le funciona el 22% del corazón nomás. Entonces nos derivaron a Buenos Aires por trasplante, pero estamos esperando que nos llamen para poder viajar”, explicó Vanesa.

A pesar de esa difícil situación, su marido logró terminar el carrito con esfuerzo y sacrificio.

“Me siento re orgullosa de lo que hacemos”

Durante el verano, además, la familia suele trasladarse hasta distintos sectores de la ciudad para continuar trabajando y llegar a otros clientes.

“En el verano nos hemos ido a vender a la playa”, contó.

A pesar de las dificultades económicas y familiares, Vanesa asegura que continúa sintiendo orgullo por el camino recorrido.

Me siento re orgullosa de lo que hacemos. La gente nos dice que las cosas son ricas y se te llena el alma de alegría”, expresó.

Y recordó aquella frase de su madre que, en uno de los momentos más difíciles de la familia, terminó convirtiéndose en el impulso para comenzar: “Cuando mi esposo se quedó sin trabajo, mi mamá me dijo: ‘Hija, vos sabés hacer tantas cosas’. Y yo le dije: ‘Tenés razón’”.

Desde entonces, el emprendimiento se convirtió no solamente en una fuente de ingresos, sino también en una historia de esfuerzo familiar que lleva 18 años y que encontró hace 11 su lugar en una de las rotondas más transitadas de Comodoro Rivadavia.

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