Es la única maestra en una escuela rural, tiene 9 alumnos y pone plata de su bolsillo para que haya clases

Mirta Cardoso es directora, docente y portera de la Escuela N° 7 “Calá”, en el interior de Entre Ríos. A un año de jubilarse, sostiene a pulmón el aula plurigrado junto al compromiso incondicional de las familias.

sábado 23/05/2026 - 9:24
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Todos los días, poco antes del mediodía, Mirta Celina Cardoso pone en marcha su auto para recorrer los 20 kilómetros de tierra que separan la ciudad entrerriana de Nogoyá de la Escuela Rural N° 7 “Calá”, en el Distrito Sauce, publicó TN.

Para ella, no es un camino más: es el regreso al lugar donde creció. Con una trayectoria de más de una década en la institución, Mirta se desempeña como personal único, asumiendo en simultáneo los roles de docente, directora y portera para garantizar la educación de sus alumnos.

“Mi día comienza tempranito. Estoy en este momento preparando las clases para hoy. Ingresamos a la escuela a las 12 y media hasta las 17 y media”, relató la maestra sobre su rutina habitual, que varía hacia el turno mañana cuando llega el mes de octubre.

“La escuela queda a 20 kilómetros de la ciudad cabecera de Nogoyá, en Distrito Sauce, sobre la ruta provincial 13, que es de tierra. Voy en mi auto”, detalló respecto al trayecto diario que realiza para dar inicio a las jornadas.

Al llegar, la rutina se activa bajo su estricta responsabilidad. Mirta abre el establecimiento y recibe a los chicos, transformando el único salón disponible en un plurigrado dinámico.

“Llegamos, abrimos la escuela, izamos la bandera, cantamos el himno, ingresamos al aula, ponemos la fecha, y bueno, comenzamos cada uno con sus actividades”, describió.

Actualmente, la matrícula se compone de nueve alumnos activos de distintas edades: tres de nivel inicial —de cuatro y cinco años— y seis de nivel primario distribuidos entre tercero, cuarto y sexto grado. “Están todos juntos en el mismo salón, en el mismo aula. Los chiquitos de nivel inicial tienen su mesita, hacen sus trabajitos ahí”, explicó sobre la dinámica del salón.

Llevar adelante una escuela con estas características implica desafíos que exceden lo estrictamente pedagógico. Al no contar con servicio de comedor, la docente se encarga de asegurar el refrigerio diario mediante un refuerzo alimentario que gestiona.

La docencia rural es la verdadera vocación de Mirta, quien se recibió en 1997 y dio sus primeros pasos a 100 kilómetros de su hogar, en Crucecita Séptima, donde trabajó durante diez años. Recordar aquellos inicios junto a su familia le genera una profunda emoción: “Me fui con mi marido y teníamos en ese momento un nenito, mi hijo Martín, que era chiquito, tenía un añito, a él lo dejaba con los abuelos”, evocó con la voz quebrada. Tiempo después, la vida la trajo de regreso a sus raíces.

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