El calvario de Jorgelina Torrilla comenzó hace meses, un 12 de febrero, cuando uno de sus hijos llegó a su casa del barrio Juan XXIII acompañado por una joven extraña que necesitaba un lugar para quedarse. «Ahí la vi por primera vez, no fue de mi agrado, pero tampoco soy castradora de mis hijos», comenzó narrando la protagonista a El Comodorense.
«Comenzamos a hablar y ella muy corta con sus palabras me contó que se estaba separando y que estaba buscando algo para alquilar. Me dice que soy chiquita, le pregunté la edad y me dijo 24 años, ‘sos una mujer entonces’ le dije, y ahí terminó la charla», detalló sobre los primeros encuentros.
La joven en cuestión se quedó en una de las casas de la propiedad de Jorgelina, donde la mujer tenía su salón, dado que su profesión es peluquera y la de su hijo barbero. La estadía que iba a ser de 10 días se convirtió en varias semanas.
«Comencé a trabajar incómoda por sus actitudes frente a mis alumnos y clientas. Salía del dormitorio y pasaba por el salón vistiendo provocativamente. Mi hijo no tomaba, pero cuando estaba con ella la chica compraba y preparaba jarras de vino entresemana», dijo sobre las primeras señales de alarma.
La entonces huésped comía en la habitación y solo salía de noche. «Venían autos, se subía y se iba. Comencé a notar algo raro, hasta que un alumno me dice ‘profe, ¿esta no es tu peluquería? ¿No es la amiga de tu hijo? Y sentí que la tierra me tragaba de la vergüenza, mi esfuerzo, mi sacrificio, mi lugar convertido en un cabaret», describió sobre el momento en que se enteró de dónde sacaba plata la joven agresora: es creadora de contenido para adultos.
«Ahí quiero hablar con mi hijo, pero el no quería. Me sacó la llave para que no entrara al salón. Cuando salieron a andar en bicicleta aproveché y me metí por la puerta de atrás. Fui a dialogar, pero no me miraba y se escondía. Cuando le dije que quería hablar con ella se enojó, me quiso levantar la mano y se fue a esconder al dormitorio y se encerró», precisó.
Algo muy llamativo para Jorgelina fueron los cambios de comportamiento de su nieto. «Comenzó a tener problemas en el jardín. Su problema era que su tío favorito trajo a la mujer mala, y no quería entrar más a la casa del tío favorito».
Luego de sacar sillones y espejos del salón para evitar que la huésped siguiera creando contenido para adultos allí, las peleas de su hijo con ella comenzaron a abundar. «Mi hijo me dijo la verdad, que era violenta».
Con base en ello, Jorgelina la confrontó: «Después de reiterados pedidos de mi hijo de que se retire de su casa, ella borracha le dice ‘sabés, tengo una fantasía: estar con dos hermanos, ¿por qué no hacemos un trío con tu hermanito?’. Ahí mi hijo comenzó a sacarle la ropa del bolso y dijo que se vaya de la casa, y ella le tiró una botella de vino, tazas y cosas que dejaba en la cama porque la mugrienta esa comía ahí».
La violencia fue escalando al punto tal que la agresora le mordió las manos al hijo de Jorgelina, que agarró un palo y fue a confrontarla: «Le digo quién te crees que sos para pegar y lastimar a mi hijo, yegua de mierda. Estaba en la cama burlándose porque mi hijo me fue a buscar a mi, y le pegué un garrotazo en las piernas, saltó como gato a la mesa de luz, le miro la cara y era un demonio. Me hice la señal de la cruz y le dije a mi hijo que salgamos de ahí. El sacerdote siempre me dice de no confrontar si estamos solos».
«En eso se me abalanza y me rompe el barril de vidrio en la cabeza, mi nuera se vuelve loca y la agarra, pero ella le clava un vidrio. Mi otro hijo tenía al bebé en brazos llorando y ella lo agarró de los testículos y se los retorció. Le decía dame el celular o mato a tu pendejo. En ese momento entra la Policía y la saca de encima de mi nietito e hijo», relató.
El episodio terminó con Jorgelina, su nuera y su hijo en el Hospital Regional, además de su nieto de 5 años, todos con heridas sangrantes o golpes producto de la agresión de la joven de 24 años.
La denuncia del hecho quedó radicada en la Seccional Quinta, aunque luego la familia amplió el testimonio en Fiscalía y consiguieron una medida cautelar de solo un mes de duración.
Jorgelina teme por la vida de su nieto, que producto del episodio tiene dificultades para dormir, dadas las amenazas de la mujer violenta que todavía debía volver a la casa para retirar sus últimas pertenencias escoltada por personal de la Comisaría Quinta, en una pesadilla que todavía no llegó a su fin.
