Oscar Faustino Melgarejo se convirtió en una postal habitual de las mañanas comodorenses. Con su carrito de café y una sonrisa siempre lista para atender a sus clientes, recorre las calles del centro ofreciendo desayunos desde hace tres años.
Su jornada comienza mucho antes de que salga el sol. A las 3:45 de la madrugada ya está en marcha preparando todo lo necesario para el día: café recién hecho, sándwiches, facturas, bizcochitos y otras opciones para quienes arrancan temprano sus actividades.

«Todo es fresco. Tenemos que retirar el pan, venir, cortarlo y preparar los sándwiches. A las 6 de la mañana ya estamos trabajando», contó.
Su recorrido inicia en la Terminal de Ómnibus, continúa por la Municipalidad, el Banco Nación y el Correo, para luego avanzar por la zona céntrica de la ciudad. A lo largo de los años, construyó una clientela fiel que lo espera cada mañana, incluso durante los días más fríos.
«Cuando más frío, mejor», aseguró entre risas, destacando que el café se vuelve un aliado indispensable para enfrentar las bajas temperaturas.
Sin embargo, reconoció que la situación económica también impacta en las ventas. «No nos podemos quejar, pero está un poquito para atrás todo. Se nota mucho», afirmó.
La historia de Oscar tiene además un fuerte componente familiar. La actividad fue heredada de su hermano José Melgarejo, conocido por muchos comodorenses como «el Cafetín». Tras su partida, decidió continuar con la tradición y hoy comparte el oficio con su hija, quien también trabaja como cafetera en la zona industrial.
Sobre el secreto de su producto estrella, prefirió mantener el misterio. «Es como la Coca-Cola, no te lo puedo decir», bromeó. Aunque explicó que el café filtrado tiene características diferentes al preparado en máquina y que muchos clientes eligen precisamente ese sabor.
Con precios accesibles y el respaldo del boca a boca, cada día suma nuevos clientes. «Hay mucha gente que conocía a mi hermano y hoy me encuentra a mí. También ayudan mucho las redes sociales», señaló.
Después de tres años recorriendo las calles de Comodoro Rivadavia, Oscar sigue siendo mucho más que un vendedor ambulante: es parte de la rutina diaria de cientos de vecinos que encuentran en su café el primer impulso para comenzar el día.
