Son 1.400 familias que tienen luz, agua y gas, pero todavía aguardan por otros servicios como el mejoramiento o llegada de la red cloacal, la ampliación del sistema de transporte público, espacios verdes, atención sanitaria y la construcción de un gimnasio, entre diversas demandas.
En los nuevos asentamientos legales cercanos a Standart Norte, Gobernador Fontana, Don Bosco y el denominado Sector 22, durante los últimos cinco años se sumaron 1.400 nuevas familias a la amplia zona que comprende Kilómetro 8.
Unas 1.000 casas construidas por el Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), más otras 200 que se edificaron gracias a la puesta en marcha de cooperativas privadas, así como otros 200 lotes municipales entregados en la última etapa de la gestión de Raúl Simoncini y la actual de Martín Buzzi, provocaron que las nuevas urbanizaciones de Kilómetro 8 se convirtieran en un boom habitacional.
Semejante crecimiento, sin la planificación adecuada, tanto de especialistas provinciales como municipales, motivó que estas nuevas 1.400 familias radicadas, en su mayoría dentro del ejido del barrio Standart Norte, colapsaran no sólo la distribución de agua, luz y gas sino, y con mayor impacto, el resto de los servicios que hacen a la calidad de vida de sus habitantes.
Si bien las casas y los lotes se entregaron en la mayor parte de los casos con luz, agua y gas, quedó en evidencia que aún falta mejorar la red de cloacas, el transporte urbano, los espacios verdes, la atención sanitaria y la construcción de un gimnasio, entre otras demandas relevadas por Diario Patagónico en el mismo barrio.
También en las escuelas
En general, se trata de un crecimiento demográfico que tuvo su principal problema en los primeros tres años del boom habitacional con la ausencia de establecimientos educativos, pero que recién a comienzos de este año se solucionó en parte con la inauguración de la Escuela Primaria 221 y un secundario nocturno que funciona en el mismo edificio.
Sin embargo, la demanda en este ciclo lectivo volvió a superar la oferta escolar ya que escasearon bancos en todos los niveles, principalmente en las salas de nivel inicial.
Luego, otro de los problemas que surgió en los primeros dos años del asentamiento fue la ausencia de una línea urbana de colectivo, lo cual se subsanó a medias con la puesta en marcha del ramal 13 que pasa por algunos sectores de las nuevas urbanizaciones cada media hora.
En este sentido, los vecinos consultados por Diario Patagónico coincidieron en que “el colectivo pasa por determinados lugares, pero si necesitás un remis o un taxi es casi imposible. No hay agencias cerca, salvo una en Kilómetro 8, pero ese es un problema que tiene casi todos los barrios”, reconocieron los propios vecinos de zona norte.
Desbordes cloacales
Sin dudas, el principal problema que padecen por estos días las nuevas zonas urbanizadas con viviendas del IPV, cooperativas de la Sanidad, 9 de Agosto o Guilford, entre otras, además de los lotes entregados por el municipio, es la seguidilla de inconvenientes que se registran con los desbordes cloacales.
Sucede que, si bien muchas de las nuevas familias están conectadas a la red cloacal, se ha provocado una incapacidad de absorción de las antiguas cañerías que no fueron renovadas cuando se sumó a la red troncal a las más de mil viviendas.
También, se recordó que los espacios verdes, prácticamente, no existen y ese faltante viene de la mano con uno de los principales reclamos del barrio como la construcción de un gimnasio municipal. La juventud, que ha padecido problemas de enfrentamientos barriales, no tiene lugares de contención.
Un dato para destacar es la ausencia de las obras anunciadas, en su momento, en el marco del Programa de Mejoramiento Barrial (PROMEBA), las cuales tendrían financiamiento nacional y, aún no se han puesto en marcha. En general se trata de escaleras, cordones cuneta, alumbrado de espacios públicos y mejoras habitacionales.

