Con una profunda carga emotiva para la comunidad, el tradicional espacio gastronómico de 60 años de trayectoria reabrió sus puertas bajo una nueva titularidad joven, pero apostando a la continuidad de su esencia al reincorporar a sus mozos históricos y mantener intactos los recuerdos de varias generaciones de comodorenses.
La reapertura generó una gran expectativa desde tempranas horas. Luis, mozo histórico del establecimiento con 35 años de labor en el lugar, expresó su alegría por el reencuentro tras el período de inactividad: “La verdad que re contento; después de seis meses que no estábamos trabajando, volvimos junto a mi compañero Luciano. Nos llamó el nuevo dueño, una persona joven de 28 años que viene con todas las luces y ideas nuevas, y como uno tiene la experiencia, lo vamos a complementar muy bien”. El trabajador destacó que el local abrirá todos los días de 08:00 a 21:00 horas, ofreciendo su clásica carta de milanesas, sándwiches de pollo, jugos exprimidos y la tradicional repostería para acompañar el café.
Por su parte, los clientes de toda la vida no ocultaron su entusiasmo por recuperar un punto de referencia afectivo e histórico. Mario Díaz, cliente frecuente desde el año 1975, relató emocionado lo significado de la jornada: “Siete meses costaba pasar por acá porque la costumbre era entrar; esto nos llena de emoción, es un sentimiento muy profundo y algo histórico de la ciudad que tenía que seguir con vida”. Recordando anécdotas de décadas pasadas —como cuando iba a buscar facturas a las seis de la mañana para el banco donde trabajaba—, Díaz valoró que el nuevo titular haya apostado por la fuente de trabajo y la modernización sin perder la identidad: “Dejaron algunas cosas de años atrás logrando un buen complemento; este es un lugar donde uno se sentía cómodo, tranquilo, donde nos sostenían los amigos y los gratos momentos”.
Con la presencia de vecinos esperando desde antes de las 08:00 horas en la entrada, la reapertura del Bar Kennedy se consolidó como un acontecimiento entrañable para la ciudad, enlazando el legado de abuelos, padres y nietos que hicieron de este espacio un clásico inalienable de la vida urbana.
