Con techos perforados por el óxido y la ausencia total de paneles laterales, los usuarios denuncian que esperar el colectivo se ha vuelto una odisea en la que es imposible protegerse de las inclemencias del tiempo.
En esta ciudad, donde el clima suele ser implacable, las garitas de colectivos no son un lujo, sino una necesidad básica de infraestructura urbana. Sin embargo, para los habitantes del barrio Usina en Kilómetro 5, el refugio ubicado en la calle Reconquista es hoy poco más que un esqueleto de metal oxidado que no cumple su función de protección.
A través de un mensaje enviado a FM La Petrolera 89.3 MHz, un vecino compartió imágenes contundentes que muestran el avanzado estado de deterioro del refugio. «Ahí no tenés donde guarecerte cuando llueve. A ver si nos ayudan a que nos la reparen», expresó con resignación, reflejando el sentimiento de muchos trabajadores y estudiantes que deben enfrentar el frío y la lluvia a la espera del transporte público.

Una estructura que se cae a pedazos
Como se puede observar en las fotografías adjuntas, la garita presenta graves deficiencias estructurales. El techo, castigado por el ambiente salitroso y la falta de mantenimiento, muestra perforaciones importantes producto del óxido. Más grave aún es la ausencia de paneles laterales, lo que convierte a la estructura en un «túnel de viento» donde es imposible refugiarse de las ráfagas que caracterizan a la zona.
Esta situación se vuelve crítica en el contexto de los recientes temporales que han azotado a la provincia. Mientras las autoridades recomiendan «no salir si no es necesario», aquellos que dependen del sistema de transporte de pasajeros se ven obligados a esperar a la intemperie total, aun estando debajo de la supuesta «protección» de la garita.

El pedido a las autoridades
El reclamo de los vecinos del barrio Usina es concreto: solicitan que el área de infraestructura municipal o la empresa correspondiente proceda al recambio de los paneles y al tratamiento de los techos.
«Les comparto unas imágenes de la garita donde esperamos el colectivo para que vean la realidad. No pedimos nada extraordinario, solo un lugar donde poder esperar el micro sin mojarnos enteros», sentenció el vecino damnificado.
Hasta el momento, la estructura sigue en pie pero en condiciones que representan un riesgo incluso para la seguridad física de los usuarios, debido a los bordes filosos del metal oxidado y la posibilidad de desprendimientos ante vientos de gran intensidad. Los vecinos esperan que, tras la difusión del caso, la solución llegue antes de que el invierno recrudezca en la región.
