Francisco cumplió una frondosa agenda en Bolivia y Paraguay durante el viernes. En la capital guaraní lo invitaron a entrar a un penal: al excusarse, le confesó su cansancio a un sacerdote.
El papamóvil giro hacia la izquierda sobre la avenida Mariscal López, pasó por delante del escenario montado y se detuvo justo frente a la puerta de la cárcel del Buen Pastor, el penal para mujeres de Asunción en el que Francisco tenía pautada una breve parada para oír a las reclusas entonar una canción que le estuvieron preparando durante meses.
El Papa se apeó del vehículo y fue recibido por la ministra de Justicia, Sheila Abed, el director de Establecimientos Penitenciarios, Artemio Vera, y el capellán Luis Arias. Dos internas, Clementina Ruiz y Andrea Garcete, le entregaron unas estola bordada y recibieron su saludo.
Luego Francisco se acercó directamente al lugar donde cantaba el coro. Fue rodeado de un gentío y de la custodia. Se colocó frente al escenario donde cantaban las mujeres, agitando sus pañuelos amarillos y blancos. Mientras las saludaba e intentaba oírlas, algunas oficiales que habían logrado acercarse pugnaban también por dialogar con él.
