En un relato estremecedor, denunció que la Justicia y el sistema de Protección de Derechos ignoraron pruebas contundentes de maltrato, obligándola a entregar al niño bajo amenaza de sanciones legales. Hoy, mientras el cuerpo del pequeño es sometido a autopsias para revelar la mecánica de su muerte, la familia de crianza denuncia que los responsables continúan en libertad y que el Estado «falló en cada uno de sus eslabones».
El clima en el velorio de Ángel no es solo de luto, es de una furia contenida que clama por respuestas. Lorena Andrade, quien se identifica como su «verdadera madre» por haber sido quien lo cuidó y acompañó junto a su padre biológico, no encuentra consuelo frente al féretro del niño de 4 años. «Justicia para mí es que entren y Ángel se levante de ese cajón. Eso es justicia para mí y para el papá. Que podamos de vuelta llevarlo a su jardín, a la plaza, a la cancha juntos», expresó envuelta en llanto.
El testimonio de Andrade revela una trama de presunta ceguera judicial y administrativa. Según explica, el niño fue entregado a su madre biológica por orden de un juez y la intervención de la Defensoría, ignorando el historial de abandono previo y la resistencia del propio menor. «Ese nene tenía miedo. ¿Por qué no quería ir con la mamá? Él pedía estar con nosotros, pedía volver a su casa. ¿Por qué nos obligaron a entregárselo?», cuestionó Lorena, detallando que la entrega se hizo bajo la presión de ser denunciados por violar una medida judicial. «La madre de él era yo; pueden ir al jardín 413 y entrevistar a la gente, él se expresaba conmigo, con esa asesina de mierda no», sentenció.
La crítica de la familia alcanza también al ámbito educativo de la zona de Quintas, donde el niño fue trasladado. Andrade contrastó la actitud del jardín anterior, que sí informó irregularidades, con la del nuevo establecimiento: «Esa directora falló, se hizo la pelotuda. Cuando lo hice público, todos dijeron que al nene lo golpeaban, pero ella no vio nada». Incluso relató con dolor que, en sus últimos días, el niño fue al jardín «con hambre, gritaba y no quería dibujar», una actividad que antes disfrutaba profundamente.
El dolor se agrava por la falta de detenciones. Mientras la familia acompañaba el cuerpo, denuncian que los sospechosos tuvieron tiempo para ocultar evidencia. «Mientras nosotros estábamos con Ángel en el hospital, ellos se fueron a la casa a quemar las cosas. Les dieron todo ese tiempo para que hagan y deshagan, y ahora les dan tiempo para que se vayan a la mierda», alertó Andrade. Además, desmintió versiones del padrastro sobre el comportamiento del niño: «Ángel era cariñoso, respetuoso. Se lavaba las manos, tiraba el botón del baño… y este tipo me viene a decir que le tenía que limpiar la cola cuando ni siquiera lo conocía».
Hoy, la familia enfrenta la agonía de una autopsia para que se revele la verdad. «El nene habló vivo y ahora tiene que seguir hablando de muerto. Tienen que romperlo más para que él diga ‘me mató esta hija de puta que para ustedes era su madre'», expresó Lorena con crudeza. Con el corazón destrozado, concluyó: «Nosotros tenemos que volver a casa con sus juguetes, con su ropa, y con la imagen de él ahí adentro todo roto… y esa gente sigue ahí paseándose por el barrio como si nada pasara».
