Pero además cuando viajaba desde Trelew a Bariloche para instalarse en la casa de sus padres sufrió un accidente que considera dudoso. El auto en el que viaja y que conducía su padre volcó provocándole serias heridas y dificultades en el habla. Necesita una operación facial urgente. Pero la obra social de la Armada llamada Diba ya le “perdió” tres expedientes. Y lo que es peor para que consideren la posibilidad de realizar la intervención tuvo que recurrir a la Justicia Federal porque sistemáticamente los médicos de Diba se lo rechazaban pese a la existencia de un diagnóstico contundente.
Así transita la vida el ex marino Carlos Alegre. A los 36 años no tiene paz tras haber sido quien en 2006 denunció una red de espionaje ilegal que operaba desde la Base Almirante Zar. “Soy el enemigo público número uno de la Armada”, le dijo a Jornada que lo entrevistó en Bariloche donde reside junto a sus padres, en la misma casa donde nació.
“Nada es fácil para mi. Tras la denuncia me dieron una licencia especial. Y el primero de setiembre de 2009 el “retiro obligatorio”. No había motivos para que me dejen afuera de la fuerza. El médico que me revisó en el Hospital de Puerto Belgrano me dijo que debía irme por “mediático y mentiroso”. Sólo recuerdo que su apellido era Suárez”.
A Alegre no le dieron ninguna constancia de su baja. El capitán de navío Daniel Gustavo Manzella, comandante de la Fuerza Aeronaval 3 puso su firma en una de las hojas del documento del cabo debajo de la inscripción “retiro obligatorio”.
“Cuando me retiraron comencé a realizar trabajos de electricista en forma particular. Pero vivía con miedo. No por mi, sino por mi familia. Varias veces tuvimos que soportar la presencia de un auto con un integrante de la policía aeronáutica en su interior. Estaba largas horas frente a mi domicilio. Yo lo conocí en un asado interfuerza. Hubo muchas acciones intimidatorias pero seguí adelante. No me arrepiento de lo que hice. Y aún sabiendo estas consecuencias lo volvería a hacer”, dijo Alegre.

