Doble crimen: un psicólogo, su paciente amante y un triángulo amoroso

Casi nadie sabía que Analía Estrella Libedinsky y Flavio Heriberto Piottante mantenían una relación hasta que los encontraron asesinados juntos en 2006.  Analía Estrella Libedinsky se atendía todos los miércoles a las 17 con su…

domingo 01/05/2022 - 9:31
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Casi nadie sabía que Analía Estrella Libedinsky y Flavio Heriberto Piottante mantenían una relación hasta que los encontraron asesinados juntos en 2006. 

Analía Estrella Libedinsky se atendía todos los miércoles a las 17 con su psicólogo, pero aquel 12 de julio de 2006 recibió un llamado por la mañana para que adelantara su horario. Unas doce horas después, la madre del profesional encontró los cuerpos de los dos tirados en el piso del consultorio. A él, Flavio Heriberto Piottante, lo habían matado a balazos. A ella, la estrangularon.

Después de 16 años la causa se cerró sin respuestas, ni culpables detenidos, y el único sospechoso que tuvo ya no podría ser juzgado por el doble crimen, ni aunque confesara su autoría. Mientras tanto, una nueva conjetura se abrió paso entre el dolor y la impotencia de los familiares, pero ya no apuntaba solamente a ese sujeto: tenía nombre de mujer.

Psicólogo y paciente. Profesor y alumna. Piottante y Libedinsky se conocían desde hacía varios años y ella, dicho por su propia familia, sentía por él una gran admiración. También eran amantes, pero casi nadie sabía de esta relación hasta que los encontraron asesinados juntos, ensangrentados y casi tomados de la mano.

Sin embargo, con el avance de la causa salieron a la luz otros intereses amorosos del psicólogo. Piottante tenía una novia identificada como Claudia, pero a su vez mantenía una relación con una colega llamada Andrea Troncoso. Esta mujer introdujo al cuarto personaje relevante de la historia: Mauricio Suárez, un hombre con quien tenía un hijo pequeño en común y que se convirtió en el primer y único sospechoso del caso. “Creo que tendrían que haber investigado alguna otra hipótesis”, señaló su abogado, Martín Ríos, quien siempre creyó en su inocencia.

Un triángulo inesperado y un sospechoso prófugo

“¡No, mi hijo no!”… Los alaridos de Beatriz Llin, la madre de Piottante, se escucharon desde la calle. Ella fue quien encontró los cuerpos de las víctimas y según sus primeras declaraciones, a la mujer ensangrentada que yacía a metros de Flavio ni siquiera la conocía.

La autopsia determinó que el psicólogo había sido asesinado de dos balazos a quemarropa. Su rostro estaba desfigurado. En cambio, a ella, la atacaron por la espalda y la estrangularon. Más tarde se conoció el resultado de los análisis de ADN y entonces se supo que ambos habían tenido relaciones sexuales antes del crimen.

En la escena nunca se encontró el arma homicida, pero sí una nota que Troncoso le había dejado a Piottante debajo de la puerta a la madrugada. En ella le avisaba que iba a ir a buscarlo, preocupada porque no le respondía los llamados.

La investigación no descartó ninguna hipótesis al principio. Trabajaron sobre un posible robo o un ajuste de cuentas. Pero nada cerraba y la causa terminó por inclinarse hacia un presunto conflicto amoroso. Así aparece Suárez, quien durante años fue pareja de Troncoso y había compartido reuniones y hasta cumpleaños con el psicólogo.

Para los investigadores, Piottante había sido el motivo por el cual Troncoso terminó la relación con el padre de su hijo y eso le habría dado a este un móvil probable por el cual planear el asesinato.

Pero se tardaron cinco días en emitir la orden de captura y cuando fueron a buscarlo descubrieron que se había fugado. Ni los 16 años que pasaron desde entonces ni los $100 mil que alcanzó la recompensa por su cabeza fueron suficientes para encontrarlo.

Tal como lo tipifica el apartado número 1 del artículo 62 del Código Penal de la Nación: “La acción penal prescribirá durante el tiempo fijado a continuación: a los quince años, cuando se tratare de delitos cuya pena fuere la de reclusión o prisión perpetua”.

De esta forma, Suárez debería poder caminar libremente por todo el mundo, pero aunque su abogado Martín Ríos ya solicitó expresamente que se declare la extinción de la acción penal en su caso particular, lo cierto es que aún siguen activos los pedidos de búsqueda nacional e internacional.

“En la fiscalía se negaron a levantar las medidas”, explicó  el defensor de Suárez y añadió: “Dicen que es porque no fue correctamente identificado y no pueden saber si en todo este tiempo cometió algún nuevo delito o no´”. La respuesta que recibió, consideró, es relativa: “Si para imputarlo les sirvió lo que tenían, para dictar la prescripción les tendría que servir lo mismo”.

“Yo creo en su inocencia, no hay nada contra él”, dijo sobre su cliente, con quien no puede comunicarse actualmente, pero sí está en contacto con su familia. “Pienso que se fue porque se asustó, pero de lo único que estoy seguro es de que no estuvo ahí (en la escena del crimen)”, insistió Ríos.

“Me mandé una cagada y me tengo que ir del país”

Una huella hemática en una pared del consultorio de Piottante y la declaración de un testigo fueron los principales indicios que apuntaron a Suárez. La primera fue descartada con el avance de la investigación de manera terminante. “Hicieron un cotejo de ADN con el hijo de Suárez y resultó que (la huella) no era de él”, detalló su abogado. El testimonio, en cambio, fue una pista firme que llegó demasiado tarde.

La noche previa a la fuga de Suárez, uno de sus principales allegados, Diego Coronel, exfuncionario del Ministerio de Seguridad, se presentó ante la Justicia para contar que había estado con su amigo en un bar de la calle Arístides y allí le contó que se había mandado una “cagada”.

“Solo sé que una persona que es allegada a la pareja de la víctima me dijo: ‘Me mandé una cagada y me tengo que ir del país’. Esta persona se llama Mauricio Suárez. Yo no puedo decir de manera fehaciente que es o no el culpable, pero hablando con los que viven con él, hablamos de venir a declarar”, fueron las palabras de Coronel. Los investigadores cuestionaron la demora en contarlo, ya que podrían haber atrapado al sospechoso antes de que se escapara.

“En cuanto Suárez desapareció, dieron por sentado que había sido él”, criticó Ríos, tras lo cual argumentó: “Había otras personas que tenían más elementos de sospecha para efectuar ese crimen, y no se las investigó”.

¿El asesino actuó solo?

Andrea Troncoso era colega de Piottante y trabajaba como él en la penitenciaría de San Felipe. Ambos tenían una relación cuando ocurrió el doble crimen y ella fue el común denominador entre la víctima y el sospechoso prófugo. Nunca la investigaron.

Los Libedinsky, al igual que la familia del psicólogo asesinado, nunca dudaron de la participación de Mauricio Suárez en el doble crimen, pero tampoco creen que haya actuado solo. De hecho, en una entrevista años atrás, la hermana de Estrella sugirió que, tal vez, los celos hubieran sido “la motivación de una mujer” para querer matar.

En esa línea hipotética, Clara Libedinsky puso el foco sobre Troncoso, que pasó desapercibida en todos los años de investigación. Clara resaltó que poco antes de los asesinatos, al padre de la mujer le habían robado un arma calibre 32, el mismo que se usó para matar al médico.

El otro punto sobre el que llamó la atención tenía que ver con los horarios del día del crimen. Es que la propia Troncoso dijo en su declaración que se había retirado del consultorio de su amante a las 16 y al salir se había cruzado en la puerta con una mujer a la que no reconoció.

“Era mi hermana, que había llegado un poco más temprano y como no le abrían, caminó hasta un kiosco de la vereda de enfrente para comprar golosinas”, apuntó Clara. La pregunta aparece entonces sin esfuerzo: ¿Las dos amantes de Piottante se cruzaron? ¿Realmente ninguna estaba al tanto de la existencia de la otra? Ante la Justicia, Troncoso no dio muchas respuestas, pero sí se ocupó de despegar a su ex, Mauricio Suárez, del doble homicidio.

Caso cerrado

La investigación pasó por tres fiscales, se hicieron numerosos rastrillajes, seguimientos y allanamientos, pero una década y media después sigue siendo un misterio la identidad del asesino del psicólogo mendocino y su paciente.

TN intentó comunicarse con la familia de Piottante, pero desde hace tiempo decidieron alejarse de los medios. “Nos es muy duro cada año revivir este dolor”, afirmó en un breve intercambio de mensajes Andrea, hermana del hombre asesinado.

Por parte de la familia de Estrella, su mamá, Nelly Witkowsky, murió recientemente sin saber quién o por qué mataron a su hija. En entrevistas anteriores, la mujer nunca llamó a Suárez por su nombre. Ni siquiera opinaba sobre él.

Ante la posibilidad de que el caso algún día sea resuelto, Nelly explicaba que no sentiría paz ni tranquilidad: “Solo quiero que se haga justicia y que ningún caso quede impune”.


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