La Selección argentina volvió a protagonizar una remontada histórica y le ganó 2-1 a Inglaterra por las semifinales del Mundial. Tras la victoria, el Napoli eligió una particular manera de celebrar el resultado: posteó una imagen de Diego Maradona y fue directo al corazón de los argentinos.
Minutos después, la cuenta oficial de X del club italiano sumó: “Por el Diego”. Más temprano, habían publicado “Muchaaaachooos”, haciendo referencia a la canción de La Mosca Tsé-Tsé alusiva a la anterior Copa del Mundo.
Por su parte, cientos de personas en el centro de Nápoles salieron a festejar la victoria del equipo argentino y tiñeron las calles de albiceleste.

Maradona fue capitán del Napoli y figura en el icónico partido contra el equipo británico por los cuartos de final en el 86, encuentro en el que convirtió los dos goles que le dieron el triunfo al conjunto nacional.
El día que Diego Maradona llegó a Nápoles
El 5 de julio de 1984, Diego Maradona asomó, sonriente, por el túnel del estadio San Paolo donde lo esperaba un recibimiento de 80 mil hinchas. Todavía no había cumplido 24 años, pero ya era un experimentado en el fútbol: llevaba ocho años jugando en Primera División y todo ese tiempo siendo figura. De Argentinos Juniors, de Boca, de Barcelona, de la Selección Argentina.
Sin embargo, desde que arribó a la ciudad supo que sería algo diferente a lo vivido hasta ese momento. Es más: el paso del tiempo le hizo comprender que cualquier fantasía grandilocuente que pudiese haber tenido el día en que llegó a Nápoles se quedaría corta.
Unos días antes de confirmarse su contratación, cuando el Barcelona amenazó con hacer caer el pase, no solo Diego se enardeció y calificó a los dirigentes catalanes de ser “lo peor que hay, son una peste”, sino que el rebote que tuvo en los napolitanos fue vivido casi como una tragedia.

Incluso, un hincha, un “tifoso” llamado Gennaro Espósito, lideró junto a otros simpatizantes un intento fallido de copar el consulado de España en Nápoles. Al fracasar en el intento, optó por otro tipo de sacrificio, como encadenarse a las rejas de la entrada al estadio San Paolo, con una estampita de Maradona y un juramento: quedarse así hasta que el pase se realizase.
Y el pase se hizo a cambio de siete millones de dólares, con un muy buen arreglo económico para Diego: 800.000 dólares por cada una de las cuatro temporadas por las que había firmado su incorporación al Napoli, en un contrato que incluyó cláusulas secretas que garantizaban y complacían los primeros deseos maradonianos en la ciudad que lo adoptaría como un Dios.
En el Napoli, donde se lo sigue venerando como a una divinidad, el astro ganó el primer scudetto del club en 1987. Ese mismo año consiguió una Copa Italia y luego una Supercopa (1990), el segundo scudetto (1990) y tal vez el título más importante de su carrera en clubes: la Copa de la UEFA, en 1989.
