Corrupto, probablemente, pero con mucha honra

«Sin aporte no hay contrato de obra pública»: es una máxima tercermundista que los Macri y otras familias con historia contratista, conocen bien. Está muy mal y es corrupción pero casi nunca le importó a…

lunes 06/08/2018 - 7:49
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«Sin aporte no hay contrato de obra pública»: es una máxima tercermundista que los Macri y otras familias con historia contratista, conocen bien. Está muy mal y es corrupción pero casi nunca le importó a alguien. Es cierto que Roberto Lavagna embistió de frente pero lo hizo sabiendo que ya bailaba en la cuerda menos firme.

Según publica urgente24.com, para colmo, el ‘Lava Jato’ destruyó la economía de Brasil, e Italia no es mejor hoy que antes del Mani Pulite. Algunos afirman que esta saludable cuestión de la transparencia es conveniente hacerlo hacia adelante y no hacia atrás. En la Argentina, el asunto se presenta como un laboratorio que habrá que mirar con interés.

Cronológicamente antes, el portal trató la debacle recaudatoria y moral del kirchnerismo. Es infortunadamente público.

Pero un lustro antes, el portal supo anticipar, además, la irrupción de la “peste de transparencia”.

Bajaba desde el norte, para envolver, con la pureza de su malignidad, lo que aún persistía de la Argentina (después de haberse llevado puesto el producto bruto de Brasil).

Con el predominio cultural de La Mafia del Bien, y con la perfecta sincronización del periodismo con la política y la justicia, el portal (que se equivoca y a veces acierta) hoy se atreve a confirmar que la transparencia es, en efecto, la peste.

Que llegó para destruir, y no para purificar, las bases del pestilente sistema político, económico y jurídico.

Otra mala idea fue deslizada aquí. Aún se sostiene. Indica que “la marginalidad está peor que en 2001”.

Es de desear que pronto no haya que comprobarlo.

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