El delantero norteamericano Folarin Balogun rompió el silencio tras el indulto que le otorgó la FIFA luego de una gestión directa del presidente de su país, Donald Trump, ante Gianni Infantino, en el que le anularon una tarjeta roja para que pueda jugar el partido de octavos de final ante Bélgica.
“Mi reacción inicial fue estar contento de volver al equipo. Pero cuando empecé a pensarlo, sabía que eso iba a causar mucha polémica. Y casi podía ver en mis compañeros de equipo un poco de nerviosismo, porque era algo único”, confesó el futbolista de 25 años en la cadena CBS.
El escándalo se desató en los dieciseisavos de final, cuando Balogun vio la tarjeta roja por pisar la pierna del defensor bosnio Tarik Muharemovic. Una sanción que, según la mirada del propio delantero, fue excesivamente severa: “Cuando un gesto no es intencionado, nunca debería ser tarjeta roja”, insistió para defenderse.

La sanción original de la FIFA lo marginaba del duelo de octavos ante Bélgica. Sin embargo, para sorpresa generalizada de la UEFA y de la federación belga, la comisión de disciplina de la federación internacional conmutó el castigo a “un partido de suspensión condicional, acompañado de un período de prueba de un año”.
El inesperado cambio de rumbo se dio a conocer luego de trascender una comunicación telefónica privada en la que Trump intercedió directamente ante Infantino para asegurar la presencia de la figura de “las barras y las estrellas” en cancha.
La resolución desató una ola de indignación en el ambiente del fútbol internacional, y la presión sobre el equipo anfitrión se volvió asfixiante durante las horas previas al partido de eliminación directa. Aunque Balogun terminó siendo titular frente a Bélgica, reconoció que todo el revuelo mediático conspiró contra el rendimiento del conjunto dirigido por Mauricio Pochettino.
“Intenté concentrarme lo mejor que pude a medida que se acercaba el partido. Pero fue difícil, hubo mucho ruido externo y es complicado evitarlo”, concluyó el atacante, admitiendo que el insólito beneficio político terminó jugando en contra de la concentración de su propio seleccionado.
