Un informe internacional asegura que el cambio climático potenció los incendios forestales en la Patagonia

Un informe del World Weather Attribution (WWA) develó que las condiciones meteorológicas cálidas, secas y ventosas que favorecieron la propagación de los incendios fueron más probables debido al calentamiento global causado por la quema de combustibles fósiles.

miércoles 11/02/2026 - 21:04
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Los incendios forestales que arrasaron este verano el norte de la Patagonia argentina no son un episodio aislado ni producto exclusivo de la variabilidad natural. Un nuevo estudio de atribución climática concluye que el cambio climático inducido por la actividad humana volvió mucho más probables las condiciones extremas que alimentaron el fuego en la región andino patagónica y en el centro sur de Chile.

Según el informe del consorcio científico internacional World Weather Attribution (WWA), las condiciones meteorológicas cálidas, secas y ventosas que favorecieron la propagación de los incendios en la Patagonia fueron al menos 2,5 veces más probables debido al calentamiento global causado por la quema de combustibles fósiles. En Chile, ese aumento en la probabilidad fue incluso mayor, cercano a tres veces.

En la Argentina, el fuego comenzó a inicios de enero en la provincia de Chubut y recrudeció hacia fines de mes, afectando valles boscosos y zonas turísticas como Cholila, Puerto Patriada, El Hoyo, El Bolsón y Lago Puelo, además del Parque Nacional Los Alerces. Se quemaron más de 60.000 hectáreas.

El Parque Nacional Los Alerces en el medio de la emergencia ígnea. (Foto: TN).
El Parque Nacional Los Alerces en el medio de la emergencia ígnea. (Foto: TN).

El impacto ambiental es particularmente grave. Las llamas avanzaron sobre bosques nativos y áreas de alto valor ecológico, incluido el Parque Nacional Los Alerces, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO y hogar de alerces milenarios que pueden superar los 3000 años de vida. También quedaron bajo presión especies emblemáticas y vulnerables como el huemul y el pudú, que dependen de estos ecosistemas para sobrevivir.

Más calor, menos lluvia

El análisis científico se centró en el llamado “Hot Dry Windy Index” (HDWI), un índice que combina temperaturas elevadas, baja humedad y vientos intensos, variables clave para que un incendio se vuelva incontrolable. En la región patagónica estudiada, el evento de mayor intensidad de cinco días fue caracterizado como un evento que hoy ocurre, en promedio, una vez cada cinco años.

Sin embargo, en un mundo 1,3 °C más frío —como el de fines del siglo XIX, antes del calentamiento global antropogénico—, un evento así habría sido mucho más raro. El informe científico estima que, debido al cambio climático, condiciones similares en la Patagonia son al menos 24 veces más probables que en ese escenario preindustrial.

El otro factor clave es la sequía. El estudio detectó una disminución marcada en las lluvias de comienzos del verano (noviembre-enero), justo antes del estallido de los incendios. En la Patagonia, la precipitación en esa temporada se redujo alrededor de 20% respecto de un clima sin influencia humana. El informe científico detalla que el descenso podría ubicarse incluso entre 32% y 35% según el modelo estadístico considerado.

En la Patagonia argentina se quemaron más de 45.000 hectáreas y al menos 3.000 personas fueron desplazadas (Foto: X/@NachoTorresCH)
En la Patagonia argentina se quemaron más de 45.000 hectáreas y al menos 3.000 personas fueron desplazadas (Foto: X/@NachoTorresCH)

Menos lluvia implica vegetación más seca. A eso se suma que las temperaturas más altas incrementan la evapotranspiración, es decir, la pérdida de humedad del suelo y de las plantas. El resultado es un paisaje más inflamable. En la Patagonia, el calentamiento de 1,3 °C se asocia con una reducción significativa de la “precipitación efectiva”, lo que profundiza la aridez del entorno.

El rol de La Niña y los factores naturales

El estudio también evaluó la influencia de la variabilidad natural del clima, como el fenómeno La Niña y la fase positiva del Modo Anular del Sur (SAM). Ambos pueden favorecer patrones de circulación atmosférica que promueven condiciones cálidas y secas en el sur de Sudamérica.

En el caso patagónico, la actual La Niña tuvo un efecto menor en comparación con el peso del calentamiento global. Es decir, si bien los factores naturales contribuyeron a generar un contexto propicio para el fuego, el aumento sostenido de las temperaturas y la tendencia al secamiento explican la mayor parte del incremento en el riesgo.

Vulnerabilidad y gestión

Los investigadores subrayan que la magnitud del desastre no depende solo del clima, sino también de la vulnerabilidad y la capacidad de respuesta. En Argentina, el informe menciona limitaciones presupuestarias y de monitoreo que podrían haber afectado la capacidad de contención rápida de los incendios.

Un helicóptero lanza agua para combatir incendios forestales cerca de Concepción, Chile, el 19 de enero de 2026. (Foto AP/Javier Torres)
Un helicóptero lanza agua para combatir incendios forestales cerca de Concepción, Chile, el 19 de enero de 2026. (Foto AP/Javier Torres)

En Chile, en cambio, el país incrementó en los últimos cuatro años en 110% el presupuesto para el combate de incendios, con inversiones en brigadas, equipamiento y sistemas de pronóstico. Aun así, el fuego dejó 23 muertos, más de 1.000 viviendas destruidas y más de 52.000 evacuados en enero.

El informe insiste en que, en un contexto de mayor riesgo estructural, la planificación territorial y el manejo del uso del suelo se vuelven cruciales. En Chile, por ejemplo, las plantaciones de pino —altamente inflamables— se expandieron en las últimas décadas y en algunos casos se encuentran muy cerca de zonas urbanas. En la Patagonia argentina, la presión histórica sobre los bosques nativos y la recurrencia de incendios agravan la fragilidad de los ecosistemas.

Un futuro más riesgoso

Los modelos climáticos coinciden en proyectar un escenario con condiciones de “clima de incendio” cada vez más severas y con lluvias estacionales en descenso en el sur de Sudamérica. Esa consistencia entre modelos refuerza la confianza científica en que las tendencias observadas no son circunstanciales.

En otras palabras, la Patagonia argentina enfrenta un nuevo régimen de riesgo: veranos más cálidos, suelos más secos y eventos extremos más frecuentes. Los incendios de 2026 no solo dejaron miles de hectáreas arrasadas y comunidades afectadas, sino también una advertencia clara: en un clima que se calienta, el fuego encuentra cada vez más condiciones para expandirse.

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