El presidente de Estados Unidos, , volvió a convertir un evento cultural masivo en un campo de disputa política y simbólica. Tras el espectáculo de medio tiempo protagonizado por en el , el mandatario lanzó una dura crítica pública en la que calificó el show como “absolutamente terrible” y “uno de los peores de la historia”.
En un extenso mensaje publicado en su red social, Trump sostuvo que la presentación fue “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos” y afirmó que “no representa nuestros estándares de éxito, creatividad ni excelencia”. También apuntó contra el idioma utilizado por el artista: “Nadie entiende una palabra de lo que este tipo está diciendo”, escribió, y fue más allá al calificar el baile como “asqueroso, especialmente para los niños pequeños que lo están viendo en todo Estados Unidos y en el mundo”.
Las declaraciones no sorprendieron. Trump ya había cuestionado con anterioridad la elección de Bad Bunny como figura central del halftime show, al que definió meses atrás como una “decisión absolutamente ridícula”. Incluso llegó a afirmar que “nunca había oído hablar de él” cuando la NFL confirmó oficialmente su participación.
El trasfondo del conflicto excede lo musical. El artista puertorriqueño ha sido abiertamente crítico de las políticas migratorias y del discurso antiinmigrante del actual presidente, lo que lo convirtió en un blanco frecuente de sectores republicanos. Las críticas se intensificaron tras confirmarse que el show sería íntegramente en español, algo inédito en la historia del Super Bowl.
Tras la presentación, Trump redobló su embestida y afirmó que el espectáculo fue “una bofetada en la cara” del país, justo cuando —según su visión— Estados Unidos estaría batiendo “récords todos los días” en la economía, el mercado bursátil y los fondos de jubilación. También anticipó que el show recibiría elogios de “los medios falsos”, a los que acusó de estar desconectados de la realidad, y aprovechó para exigir que la NFL “reemplazara de inmediato” la nueva regla del kickoff. El mensaje cerró con su consigna habitual: “Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo”.
Del otro lado, el show de Bad Bunny fue celebrado por gran parte de la prensa especializada y millones de espectadores como un hito cultural. Se trató del primer espectáculo de medio tiempo completamente en español, con una puesta que combinó reggaetón, trap, referencias directas a Puerto Rico y mensajes de orgullo e identidad latina.
Durante la presentación, el artista destacó la importancia de “amar a nuestra gente y a nuestras familias”. En el tramo final, al interpretar “El Apagón”, dejó un mensaje contundente acompañado por la canción “DTMF”: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.
La NFL defendió desde el inicio la elección del músico. El comisionado Roger Goodell había señalado previamente que Bad Bunny representa “uno de los mayores talentos del mundo” y que el objetivo del espectáculo de medio tiempo es “unir a la gente a través de la creatividad y el talento”.
Así, el Super Bowl volvió a demostrar que, más allá del deporte, es también un escenario donde se cruzan cultura, identidad y poder político, con repercusiones que trascienden el estadio y se proyectan a todo el mundo.
