Tras 17 días sin pistas de Pedro y Juana, un rescatista descartó la hipótesis de los sumideros

A pesar de un amplio operativo que incluye drones, caballos y helicóptero, el terreno abrupto y peligroso del Cañadón de Visser sigue poniendo en jaque a rescatistas. Un especialista confirmó que no hay sumideros cerca de la camioneta abandonada.

martes 28/10/2025 - 17:43
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Comodoro atraviesa momentos de profunda incertidumbre y angustia al cumplirse 17 días desde la desaparición de Juana Inés Morales y Pedro Kreder, una pareja que el pasado 11 de octubre salió en su camioneta y no volvió a ser vista.

La búsqueda comenzó luego de que familiares denunciaran la ausencia de la pareja. El último registro los ubicó en las cercanías de Caleta Córdova, donde cámaras de seguridad captaron la Toyota Hilux en la que se desplazaban. El viernes 17, la camioneta apareció abandonada en el Cañadón de Visser, una zona de geografía abrupta y peligrosa, caracterizada por grietas profundas, suelos erosionados y rocas rojizas.

Hipótesis del accidente

El hallazgo llevó a los investigadores a barajar la hipótesis de un accidente en medio de un terreno hostil. Especialistas sostienen que el suelo podría haberse desmoronado, obligando a la pareja a abandonar el vehículo en busca de ayuda. Sin embargo, las condiciones extremas del lugar han dificultado el trabajo de los rescatistas.

“El terreno es de muy difícil acceso. Hay que tener los vehículos muy preparados, yo reventé dos amortiguadores. No es posible entrar con un auto común; si lográs entrar, tenés que salir caminando”, relató el enfermero licenciado y rescatista Luis Zuñiga, con experiencia en la región.

El especialista explicó que el trabajo se organiza mediante cuadrículas, marcando zonas clave para la inspección visual a pie o a caballo. Sin embargo, las lluvias recientes borraron posibles rastros. “Lo ideal son 20 personas para una batida eficaz, pero trasladarlas al terreno es muy complicado”, señaló.

Zuñiga viajó especialmente desde Cutral Co, Neuquén, para sumarse a la búsqueda tras el pedido de la familia. Con una amplia trayectoria en rescates y operativos en terreno hostil, explicó que en este caso los caballos son fundamentales: “Se calcula tres horas para ir y tres para volver con el animal bien racionado. Además, los caballos tienen que ser mansos para que otra persona pueda montarlos”.

A pesar de las dificultades, el rescatista mantiene la esperanza: “Son muchísimos días sin agua ni comida, pero los milagros existen. Tenemos el ejemplo de los Andes en 1972. La realidad es dura, pero si están refugiados y comiendo, es posible”.

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