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	<title>Panorama &#8211; El Comodorense</title>
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	<description>Noticias de comodoro rivadavia y la región</description>
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	<title>Panorama &#8211; El Comodorense</title>
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		<title>El poder de la negación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Nov 2022 11:50:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Panorama]]></category>
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					<description><![CDATA[El viaje del Presidente confirmó un rasgo que lo excede. El swap de la salvación, el lobby de Rocca y la vitalidad escénica de Cristina entre la inflación récord y la resignación social. Alberto Fernández podría argumentar en su defensa que lo suyo no es un problema político: la negación es una característica que atraviesa...]]></description>
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<p> <strong>El viaje del Presidente confirmó un rasgo que lo excede. El swap de la salvación, el lobby de Rocca y la vitalidad escénica de Cristina entre la inflación récord y la resignación social. </strong></p>



<p></p>



<p>Alberto Fernández podría argumentar en su defensa que lo suyo no es un problema político: la negación es una característica que atraviesa todas las facetas de su vida. Detrás de la gastritis erosiva con sangrado de la que informaron poco los médicos de la Unidad Presidencial hay problemas más graves, que Alberto prefiere minimizar para no actuar en consecuencia. Algo similar, piensan sus amigos de toda la vida, le sucede a la hora de ejercer un poder que le cayó del cielo, producto de la memoria difusa que Cristina Fernández conservaba de su paso por la jefatura de gabinete.&nbsp;</p>



<p>Habituado a actuar como un canciller que se garantiza la amplia cobertura de cada uno de sus viajes, Fernández se descompensó a 15 mil kilómetros de distancia de Olivos y decidió seguir adelante con las actividades más importantes: el encuentro con Xi Jinping para conseguir la ampliación del swap para las reservas menguantes del Banco Central y la cita con Kristalina Georgieva para comprobar una vez que el Nuevo Fondo no se mueve de sus exigencias. Pasadas unas horas del episodio que generó preocupación y del que se informó sin claridad, el Presidente buscó mostrarse como si no hubiera pasado nada.</p>



<p>Fernández viajó escoltado por el ínfimo círculo de funcionarios que se mantiene leal a su conducción y sumó en el camino a Sergio Massa y a Juan Manuel Olmos, el vicejefe de gabinete que quiere tomar el lugar de Juan Manzur para la secta de los porteños. Alguien está confundido: tanto el presidente como el ministro de Economía lo consideran un hombre tan leal como propio.</p>



<p>La gira de Alberto coincidió con dos pronunciamientos locales que llegaron desde las alturas del poder. El primero fue el de Paolo Rocca, el segundo el de Cristina. El dueño de Techint aprovechó el auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas para plantear sus preocupaciones en el 25 aniversario de su Fundación Observatorio Pyme. Rocca habló, una vez más, de los riesgos de una asociación con China que conduce a «la desindustrialización y la primarización» en América Latina y se refirió a lo que él mismo considera «un cambio geopolítico definitivo», el fin del mundo unipolar dominado por Estados Unidos.&nbsp;</p>



<p>«El principal actor del proceso de globalización es China, que representa el 28% de la producción industrial del mundo, incorporó a 250 millones de personas a estructuras de mayor productividad, y pasó de representar el 13% del comercio global al 30%», dijo. Frente a ese poderío formidable, el dueño de la trasnacional siderúrgica que tiene sede en Luxemburgo llama desde hace años a la resistencia. Rocca sostiene que Argentina debe pararse en la cadena de valor occidental y alejarse del bloque de los BRICS que Lula se dice dispuesto a impulsar a partir del 1 de enero.</p>



<p>Aunque no es nuevo, el planteo de Rocca llegó en forma instantánea a Bali porque incluyó un contrapunto con Jorge Argüello, que acompañaba a Fernández como sherpa en el G20. El embajador argentino en Washington es junto con Massa uno de los principales abogados del alineamiento con Estados Unidos pero la diplomacia le impide hablar como lo hace el heredero del imperio Techint. No alcanzó que le dijera «querido Paolo» -el mismo apelativo que usó alguna vez Néstor Kirchner- para que Rocca lo despachara como partidario de un no alineamiento que perdió vigencia.</p>



<p>El planteo de Rocca es el mismo que hace seis años provocó un intercambio de cartas entre la conducción de la UIA y el embajador macrista en China, Diego Guelar. En ese entonces, el déficit comercial con el gigante asiático era de 11.400 millones, hoy es de 8.000 millones. Para un gobierno sediento de dólares que rifó un superávit comercial récord, el swap con China es un placebo que le devuelve algo de oxígeno en medio de la pérdida de reservas -casi 1.000 millones en lo que va de noviembre- y la presión devaluatoria que vuelve a crecer.</p>



<p>Rocca insistió en que no somos Venezuela justo cuando un Joe Biden fortalecido como nunca decidió encontrarse con Xi Jinping para distender la escena del conflicto en Ucrania y escapar a lo que los analistas llaman la Trampa de Tucídides. La sinofobia del dueño de Techint coincide con la que propagan importantes usinas del norte y tuvo su auge durante la era Trump pero la estela se impone en el establishment estadounidense, como lo dejó claro la jefa del Comando Sur en su visita a CFK y lo expresan desde la propia burocracia del departamento de Estado que conduce Anthony Blinken. Impregnados por el mismo aire que Rocca, en Washington desfilan los representantes de empresas europeas y norteamericanas que se declaran totalmente «China Free». Solo algunos sobrevivientes como Henry Kissinger y James Carter coinciden en plantear una mirada distinta.</p>



<p>El ganador de la licitación del gasoducto Néstor Kirchner exhibe las preocupaciones de un poder permanente irreductible en sus obsesiones y contrasta con la plasticidad que distingue a José Luis Manzano, un adaptable a todas las eras que organizó su propio foro junto al Cippec para hablar del futuro de la región. El dueño de América y El Cronista, que se quedó con la mayor distribuidora de luz gracias al Frente de Todos, sigue creciendo como Rocca, pero no dramatiza: acaba de comprar la única refinería de petróleo del norte argentino. Algo molesto por su ascenso incontenible, los soldados de Héctor Magnetto le dedicaron una nota sin firma en Clarín en los últimos días y recordaron su proximidad con Massa. Padrino histórico del ministro de Economía, Manzano no estuvo en el Estadio Único de La Plata pero podría haberse sentado a aplaudir en primera fila junto con la feligresía que ya no lo denuncia como menemista y ahora le nota, muy marcadas, las facciones de nacional y popular.</p>



<p>La vitalidad escénica del peronismo de Cristina no puede más que sorprender en una semana en que el Banco Central volvió a perder reservas, los dólares paralelos subieron fuerte y la inflación marcó un récord histórico según el INDEC: 76,6% en los 10 meses de 2022, 88% en el último año y 101% interanual si se tiene en cuenta el aumento de la Canasta Básica Alimentaria. Considerada la inflación de los pobres, la canasta que fija el discutible límite de la indigencia aumentó en octubre 9,4% -3 puntos más que el IPC general- y hoy se ubica en 62 mil pesos para una familia tipo que, se supone, tiene resuelto el enorme problema de la vivienda.</p>



<p>En el Día de la Militancia, la ex presidenta eligió la consigna de «La fuerza de la esperanza», un eco lejano de la campaña publicitaria de Pucho Mentasti que hace 11 años condujo a la lista 131 del Frente para la Victoria, Cristina Fernández-Amado Boudou, al excepcional 54% de los votos.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="753" height="495" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2022/11/cristina-1.jpg" alt="" class="wp-image-471255"/></figure>



<blockquote class="wp-block-quote"><p><strong><em>La vitalidad escénica del peronismo de Cristina sorprende en una semana en que el Banco Central volvió a perder reservas, los dólares paralelos subieron fuerte y la inflación interanual llegó al 101% si se mide&nbsp; por el aumento de la Canasta Básica Alimentaria.</em></strong></p></blockquote>



<p>En su discurso de 55 minutos, la vicepresidenta se refugió en el confort de aquel pasado. Apeló una vez más a la memoria selectiva del período 2003-2015 y recordó el tiempo de la más alta participación asalariada en el PBI, pero casi no aludió a los resultados del presente ensayo de gobierno. En la platea, no solo la aplaudían los sectores que la acompañaron siempre. También estaban altos desertores de la utopía albertista incluidos varios ministros.&nbsp;</p>



<p>A Felipe Solá y Julián Dominguez, dueños de un abono en la primera fila cristinista, se le sumaron Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis, una delegación del Movimiento Evita y hasta Victoria Tolosa Paz, que llegó tarde pero llegó. Sin competencia a la vista y con el presidente fuera de escena, CFK se confirma como la jefa del peronismo real y con capacidad de reinventarse pese a ser la autora intelectual de la presidencia Fernández. Para bien o para mal, se lleva puesto una vez más al peronismo y no está claro si es el inicio de la resurrección al estilo Lula por la que se cantó en La Plata o si es en realidad la conducción de un peronismo en ruinas.</p>



<p>Aquella infancia política, el kirchnerismo de las vacas gordas, mantiene un poder relativo envidiable y habilita incluso a fingir demencia ante el bisturí del ministro Massa. Según el Monitor de Ajuste del Gasto de la consultora Analytica, en octubre el gasto primario real, sin estacionalidad, fue de $25.000 millones (7,8%) inferior a septiembre, y $358.200 millones (20,3%) inferior al de un año atrás. La contracción fiscal se nota en la variación interanual, que fue negativa por primera vez. El recorte más fuerte (26,4%) está en los subsidios económicos, el Rubicón que Martín Guzmán no pudo cruzar, pero el ajuste también entra en las partidas más sensibles.</p>



<p>Mientras el explorador de la Patagonia Guillermo Marijuan, gran auxiliar del poder de turno, avanza ahora con una pesquisa que legitima el ajuste en el área, el informe de Analytica dice que el gasto en programas sociales resultó en octubre $ 7.639 millones (5,7%) inferior a septiembre y $ 54.273 millones (34,6%) más bajo respecto del mismo mes de 2021. Es comprensible que en este contexto los dirigentes de La Cámpora no sepan dónde ubicarse, se alejen de la primera fila y se escuden en un paravalanchas. También que Cristina haya decidido un alto en fuego sobre la residencia de Olivos y hasta se predisponga a reanimar a alferdez con un retuit. La negación no es propiedad exclusiva del presidente.</p>



<p>Cuatro meses de inflación por encima del 6% impactan como un misil sobre el territorio en el cual se asienta el poder del cristinismo y siembran de obstáculos la campaña prematura hacia 2023. Un día después de dormir en el Senado a la oposición sin cabeza con las bancas en el Consejo de la Magistratura, la vicepresidenta pide un acuerdo político con bloque de fuerzas que solo se une en el rechazo a su figura. Y ni siquiera.</p>



<p>Cristina tiene la llave de lo que queda bajo el tinglado de un peronismo bonaerense donde los jefes territoriales no actúan nunca sin consultar a La Cámpora. En ese carácter, pide un gran pacto nacional y no está claro si lo hace porque piensa que puede volver al poder o si le está advirtiendo al próximo gobierno que la necesita a ella para poder gobernar.</p>



<blockquote class="wp-block-quote"><p><strong><em>Cristina tiene la llave de lo que queda bajo el tinglado del peronismo bonaerense. No está claro si pide un gran acuerdo porque piensa que puede volver al poder o si le está advirtiendo al próximo gobierno que la necesita a ella para poder gobernar.</em></strong></p></blockquote>



<p>La alusión de la vice al tema de la violencia urbana es sintomática: habla de un problema de difícil solución, que persiste como preocupación en la provincia de Buenos Aires y que tiene como responsable principal a Sergio Berni, un funcionario que Axel Kicillof no se anima a echar. Cristina plantea la necesidad de un control civil sobre las fuerzas de seguridad para hacer frente a una fábrica de violencia que, como repite desde hace años el especialista Alberto Binder, se activa en tiempos de crisis. Aunque el tiro por elevación cae en Aníbal Fernández, señalado como rey del autogobierno policial, también vale para Berni, un Rambo devaluado al que La Bonaerense le tomó el tiempo de entrada.</p>



<p>CFK sabe que en el PRO compiten por ver quién es más parecido a Milei pero, según dicen en el Senado, le gustaría llegar a un acuerdo con el radicalismo a través de algunos de sus soldados. El problema es que la UCR sigue siendo un actor de reparto en Juntos y está dividido en cuatro tribus distintas, tal y como lo reconocen algunos dirigentes que advierten con temor el renacimiento de Macri, producto del fracaso conjunto de una generación de dirigentes que no logra hacerlo a un costado.</p>



<p>En espejo con el Frente de Todos, el funcionamiento de la oposición que cuenta con más chances de gobernar a partir de 2023 es una calamidad. Así lo ven puertas adentro los que admiten que no existe un programa común y cada candidato se mueve de acuerdo a su criterio individual y a los financistas que consiguen. Patricia Bullrich y Gerardo Morales están de los dos lados del mostrador: son parte de la mesa directiva de Juntos y se venden como candidatos presidenciales. Siete años después de haber asumido el poder para perderlo en tiempo récord, las fuerzas del antiperonismo no acuerdan en las razones del fracaso de Macri y actúan como si nada hubiera pasado. La negación no es una propiedad exclusiva del presidente.</p>



<p>Fuera de la burbuja de los profesionales de la política, crece el malestar y el neocavallista Milei funge de novedad. La deriva de los dos últimos gobiernos, la inflación que corre al 100% y el derrumbe del salario real tienen un impacto todavía desconocido. Un estudio cualitativo de Poll Data en la provincia de Buenos Aires muestra que los consultados ya atravesaron el estadio de la negación, el enojo, la negociación y la tristeza para estacionarse en el de la resignación.</p>



<p>Lejos de la esperanza que promueve Cristina para que la gente decida -otra vez- lo que ya decidió en 2019, las palabras que conforman el ánimo general son tristeza, desilusión, desencanto, angustia y escepticismo. Según surge de los focus group que Celia Kleiman coordinó vía Zoom con bonaerenses de todas las edades, secciones electorales y clases sociales, se confirma que la distancia con la clase política vuelve a crecer y que los consultados igualan a los representantes de los dos polos principales: los ven como un universo de privilegiados que no sabe lo que es una Sube.</p>



<p>Por Diego Genoud para La Política Online</p>
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		<title>La entrega anticipada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Jul 2022 12:23:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Panorama]]></category>
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					<description><![CDATA[CFK forzó al Presidente a traspasar el poder a Massa ante la eventualidad de un colapso. El superministro arma un plan de apuro y la vice busca resguardarse, mientras asume que el kicillofismo no aplica al presente. Kristalina Georgieva ya tenía todo organizado para iniciar sus vacaciones en Grecia, pero la gravedad de la situación...]]></description>
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<p><strong> CFK forzó al Presidente a traspasar el poder a Massa ante la eventualidad de un colapso. El superministro arma un plan de apuro y la vice busca resguardarse, mientras asume que el kicillofismo no aplica al presente. </strong></p>



<p>Kristalina Georgieva ya tenía todo organizado para iniciar sus vacaciones en Grecia, pero la gravedad de la situación la decidió a suspender su descanso por unos días. La directora gerente del FMI canceló su viaje el fin de semana pasado para recibir a la por entonces ministra de Economía de la Argentina. Desde Buenos Aires, Sergio Chodos convenció a su amiga Georgieva con un chiste que hacía alusión al origen griego de la sucesora de Martín Guzmán, la mujer que -según decía la publicidad oficial- contaba con el apoyo de todos los sectores del peronismo.<br></p>



<p>La economista búlgara recibió a Silvina Batakis en Washington con el objetivo de estirar su sobrevida sin imaginar que, en la residencia de Olivos, el trío que la había dejado a cargo de la bomba hacía apenas 25 días la estaba ya sacando por la puerta de atrás.</p>



<p>Grandísimo responsable del endeudamiento demencial que contrajo Mauricio Macri gracias a Donald Trump, Steve Mnuchin, Christine Lagarde y David Lipton, el Fondo solo mantiene una línea de coherencia: cobra siempre lo que presta incluso de manera irregular, pero no quiere quedar asociado a un final traumático en Argentina.</p>



<p>La amiga del Papa Francisco puede postergar unas vacaciones y hasta ser la última en enterarse de que lo hace para hablar con una persona que ya no es quién creía ser, pero no puede fraguar una comunicación con el Presidente, como le piden desde la residencia de Olivos, para explicar el carnaval de la improvisación en el peronismo de gobierno.</p>



<p>Ante el desbande del Frente de Todos, es lo mismo estar en Washington que en Catamarca. Eduardo Hecker puede quedarse tranquilo. No fue el único que se enteró a último momento de que el frágil equilibrio de poder en el oficialismo se había desmoronado otra vez.</p>



<p>Estaba dicho: la épica del sciolismo venía atada a la mera supervivencia. Los que se apuran a festejar el desfile de recién llegados al gabinete deberían empezar a economizar energías. Ni el ahora todopoderoso Sergio Massa ni Cristina Fernández de Kirchner habían hecho más que convalidar a Batakis como ministra del impasse. Los resultados que pudo haber obtenido en su estadía en el quinto piso no convencieron a los socios del gobierno que, ahora se ve, nunca creyeron en ella.</p>



<p>En un frente que tiene la contradicción adentro, todo dura nada y nada es lo que parece.</p>



<p>Con Batakis en Washington, el nuevo gobierno que Alberto Fernandez estaba obligado a armar tras la renuncia de Guzmán, su gran pararrayos, se impuso contra su voluntad y producto de su impericia. El Presidente rechazó empoderar a Massa todo que pudo, consciente de que la asunción del ex intendente era la consagración de su propio fracaso. Ambicioso, audaz y calculador, Massa tiene entre sus métiros el de haberse sentado a ver cómo Fernández se desangraba, mientras se resistía sin método ni astucia a ceder lo que le quedaba de poder. Ahora es más que un primer ministro, un interventor que arranca con el apoyo del poder económico y del Senado.</p>



<p>El superministerio del político que se formó durante 6 años en la Ucedé de San Martín y se hizo grande con el peronismo como titular de la Anses e intendente de Tigre era un plan que el propio Massa promocionaba desde hace un año o tal vez más.</p>



<p>En septiembre de 2021, cuando la catástrofe electoral hizo volar por los aires la precaria armonía del FDT, el nombre de Massa ya circuló. Entonces, el presidente le envió a su vice con un intermediario el siguiente mensaje: «Avisale que yo a Massa no lo quiero en el gabinete. Es como dormir con el enemigo». Inmune ante el virus de la contradicción, el teléfono de Alberto todavía debe atesorar esa sentencia, escrita en el agua como tantas otras, pero producto de un tiempo en que el elegido de Cristina todavía se creía con chances de dar alguna pelea. Ahora, opina un gobernador, ni Dylan le obedece.</p>



<blockquote class="wp-block-quote"><p>«En septiembre de 2021, cuando la catástrofe electoral hizo volar por los aires la armonía del FDT y Massa ya sonaba, el presidente le envió a su vice con un intermediario el siguiente mensaje: «Avisale que yo a Massa no lo quiero en el gabinete. Es como dormir con el enemigo»</p></blockquote>



<p>Tras una corrida cambiaria que encadenó siete semanas, con el Banco Central perdiendo reservas en un contexto de superavit comercial excepcional y la inflación descontrolada, la capitulación es total, aunque lógica e inevitable: si algo no hizo Alberto fue cuidar el poder que llegó a tener. La escuelita del Grupo Callao con la que arribó a la Casa Rosada fue reemplazada en septiembre por una liga de profesionales del poder que cayeron en la intrascendencia en tiempo récord.&nbsp;</p>



<p>Considerado por Fernández un lobista del agronegocio en su gabinete, Julián Dominguez se tuvo que ir: tal vez no quiso convertirse en uno más entre los secretarios de su vecino de country o tal vez cayó producto del espiritú conquistador de Sergio. Acostumbrado al despoder, Juan Manzur ya no molesta a nadie y solo Anibal Fernandez resiste como defensor de un presidente imaginario.</p>



<p>La tercera etapa acaba de comenzar: es el gobierno por default del que esperó su oportunidad mientras los socios principales de la alianza se dañaban entre sí, sin beneficio de inventario. La entrega anticipada del poder que la vicepresidenta le obligó a hacer a su elegido en manos de Massa. Vaciada la secretaría desde la que se movía como embajador paralelo en Washington, Gustavo Beliz se llevó sus plegarias a otra parte.</p>



<p>El superministro se quedó con casi todo y los colaboradores que tuvo Guzmán se lamentan de no le dieron ni el&nbsp; 20% de lo que consiguió su sucesor. Si en algo coinciden casi todos los que lo conocen es en que Massa no duerme: vive para la política y para el poder. Miguel Pesce, que debe saberlo, tendrá desde mañana un rival interno más despiadado que Guzman.</p>



<p>Massa pidió tanto poder para hacerse cargo del barco a la deriva del peronismo de gobierno que algunos piensan que ni él creía que se lo iban a dar. Avalan esa teoría los testimonios de los economistas de Massa que advierten que no tienen nada que ver con el supuesto plan difundido sin firma en Clarín, antes de que fuera designado. La ofensiva de Cristina para que Alberto le entregue el gobierno a Massa sorprendió a Martin Redrado y Miguel Peirano en el exterior, por motivos distintos. El ahora superministro les empezó a escribir apurado para que vuelvan, pero ni uno ni otro, según dicen, tiene interés en asumir. Desprevenido y en chancletas, Roberto Lavagna no tenía a donde irse y Sergio aprovechó para traficar el encuentro en su casa como un átomo de planificación.</p>



<p>En el momento en el que su caudal electoral se licuó como nunca y su imagen figura entre las más dañadas en una clase política que se debilita en su conjunto, Massa acaba de dar una clase de cómo maximizar recursos en tiempos de escasez: asumió en lo más alto, producto de la debilidad general de los Fernández y la fragilidad profunda del gobierno. Así como subestimarlo sería un error imperdonable, comprar sus inagotables fuegos de artificio puede desencadenar grandes frustraciones, incluso entre los que lo quieren bien.</p>



<p>Después de romper con Cristina en 2013 y enfrentarse fuerte con La Cámpora, Massa volvió en 2019 al utero materno del kirchnerismo y llegó ahora a dónde quería: la pregunta todavía sin respuesta es para qué. El interventor del gobierno se mira en el espejo de Lavagna, pero sobre todo en el del sociologo Fernando Henrique Cardoso que llegó -con un plan- a domar la inflación y ser presidente de Brasil. Pero con menos épica pesa otro antecedente que el peronismo prefiere no mirar: el de aquel Fernando De la Rua que llamó a Domingo Cavallo con el apoyo militante del ex vicepresidente Chacho Alvarez.</p>



<p>Quienes conversaron con Massa en los días previos a su asunción en el poder afirman que no viene a inmolarse en el ajuste sino más bien a conseguir los dólares que la Argentina necesita para crecer. Cómo lograr sin devaluar que los sojeros liquiden los entre 14000 y 18000 millones de dolares que retienen en los silos, según el Banco Central, eso está por verse. Entre los teléfonos que Massa va a incendiar figura el de Gustavo Idigoras, que representa los intereses de las grandes cerealeras reunidas bajo el sello de CIARA-CEC.</p>



<p>El primer veredicto del mercado ya se hizo escuchar con la baja del dolar paralelo y el CCL que miran las empresas. Suben las acciones de dueños que apuestan desde hace años a la avenida del medio, se animan los viudos del menemismo y festeja una liga de empresarios que amasa el sueño del peronismo del orden. Desde el BID, Mauricio Claver Carone y su amigo argentino Gustavo Cinosi cambiaron de parecer en tiempo record. A la generala Laura Richardson -también- le gusta esto.</p>



<blockquote class="wp-block-quote"><p><strong><em>Massa arranca con el apoyo del poder económico y del Senado. El primer veredicto del mercado ya se hizo escuchar. Suben las acciones de dueños que apuestan desde hace años a la avenida del medio y festeja una liga de empresarios que amasa el sueño del peronismo del orden.&nbsp;</em></strong></p></blockquote>



<p>Sin remedio, Cristina decidió hacer lo que desaconsejaba y tercerizar una vez más el gobierno. La explicación de por qué eligió a Massa para esta entrega anticipada sería digna de una de sus clases magistrales. Entre las especulaciones, hay una inicial de mera supervivencia. En palabras de un economista ligado al peronismo, la Argentina estaba a 30 días de un estallido.</p>



<p>Ni Fernández ni Batakis pensaban eso, pero sobre todo al primero los pronósticos le venían fallando sin remedio. Massa garantiza que el peronismo intentará retomar el control de la situación sin minimizar los riesgos y que lo hará con un giro que contemplará primero que nada las demandas del mercado.</p>



<p>Forzada a incursionar en el pragmatismo hasta que duela, Cristina puede apostar con razón a que Massa cumpla con mayor eficiencia todas las tareas asignadas a Alberto que se perdieron entre Puerto Madero y los jardines de Olivos. La tregua con el establishment, la alianza firme con el peronismo que gana elecciones en su distrito, el indulto de Comodoro Py. Asignaturas que La Cámpora, el plan A de un tiempo de gloria perdida, tampoco podría jamás rendir con éxito por sí misma.</p>



<blockquote class="wp-block-quote"><p><strong><em>Los superpoderes para Massa en economía no sólo dejan al Presidente como actor de reparto: expresan también la aceptación por parte de Cristina y el kicillofismo de que su manual no es apto para ser aplicado en el presente</em></strong></p></blockquote>



<p>Lo que CFK conserva es un mundo de relaciones que en la presidencia subestimó. Hoy habla con casi todos y lo saben sus enemigos de ayer. Lo dice un empresario que abonó fuerte el proyecto antikirchnerista del ahora superministro: «Ella ha sabido perdonar».</p>



<p>Massa sabe rodearse y estimular a los propios, pero llega en un contexto de dificultades mayores. Cuando baje la espuma, cada uno de los protagonistas de esta historia verá hasta dónde llega. La campaña para 2023 acaba de empezar para el nuevo interventor. Si logra controlar la situación, buscará ser el heredero de lo que alguna vez se llamó kirchnerismo. Si no, se verá obligado a reinventarse una vez más para seguir, como siempre, cerca del poder.&nbsp;</p>



<p>Por Diego Genoud para La Política Online</p>
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		<title>Venga quien venga</title>
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		<dc:creator><![CDATA[redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Jul 2022 23:52:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Panorama]]></category>
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					<description><![CDATA[Fernández necesita un ministro que tenga el apoyo monolítico del Frente de Todos y respaldo afuera. Massa, la presión devaluatoria y el lugar de CFK en la etapa que se abre. Hace casi dos años, cuando enfrentó el primer gran desafío del mercado y el dólar tocó los 185 pesos, Martín Guzmán declaró que aumentar...]]></description>
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<p><strong> Fernández necesita un ministro que tenga el apoyo monolítico del Frente de Todos y respaldo afuera. Massa, la presión devaluatoria y el lugar de CFK en la etapa que se abre. </strong></p>



<p></p>



<p>Hace casi dos años, cuando enfrentó el primer gran desafío del mercado y el dólar tocó los 185 pesos, Martín Guzmán declaró que aumentar los controles no era la salida. Discutió dentro del gobierno contra la idea de Miguel Pesce, que quería prohibir la venta de dólar ahorro, y dejó una definición que en los últimos días volvió como un bumerán sobre el ministerio de Economía. «Cerrar aún más sería una medida para aguantar. Nosotros no venimos a aguantar, sino a tranquilizar la economía». Tanto tiempo después, con las consecuencias que la guerra en Ucrania sobreimprime sobre la pandemia y el Frente de Todos partido al medio, al ministro de Economía sólo le quedaba seguir haciendo lo que no había venido a hacer. Aguantar.</p>



<p>Guzmán ya no tenía la energía del comienzo de su gestión, su palabra había quedado devaluada y los que dialogaban con él admitían que, por primera vez, lo veían realmente afectado, temiendo algo peor. Sin apoyo de Cristina Fernández, que emparentó sus días ayer en Ensenada con las del abanderado del shock Carlos Melconian, el profesor de Columbia resistió hasta el final y como pudo la devaluación que le estaban exigiendo desde el mercado y que cuenta con abogados también en el propio Frente de Todos. En estas horas se definirá si la renovada presión para que Sergio Massa asuma como encargado del gobierno hasta 2023 tiene por fin resultado o da paso a otro esquema de transición.</p>



<p>Su renuncia es una victoria de la larga cadena de detractores que lo sindicaban como un enviado del Fondo o un académico sin roce político ni conocimientos del mercado, desde la vicepresidenta, La Cámpora hasta Massa, Martin Redrado, un grupo de empresarios ligados al peronismo y el propio Pesce.</p>



<p> El reemplazante que Alberto Fernández espera anunciar cuanto antes tendrá la misión de sacar del impase y la tensión interna que se llevó puesto a Guzmán. Ante la cadena de oraciones que se propaga para que asuma el mando de lo que viene, el presidente de la Cámara de Diputados no habla en público, pero los economistas a los que consulta de manera frecuente sostienen que lo mejor para él sería asumir con la devaluación ya consumada. Nadie quiere hacer el trabajo sucio. </p>



<p>Por eso, cerca de Massa piensan que los controles sobre las importaciones que anunció el gobierno fueron medidas tardías para no devaluar ahora y estirar hasta donde se pueda la indefinición. Se deben a la falta de dólares en un contexto de superávit comercial excepcional, -el complejo agroexportador declara haber liquidado casi 19.145 millones de dólares en los primeros seis meses del año-, sobrefacturación de importaciones y, ahora sobre todo, precios descontrolados de la energía que Argentina tiene que importar.</p>



<p>Los anuncios que la oposición define como de un virtual feriado cambiario le permitieron a Pesce acumular 1300 millones de dólares de reservas por primera vez en mucho tiempo pero dispararon la brecha otra vez hacia el 90% y pueden traer dos impactos negativos en el corto plazo: el regreso de un índice de inflación en julio más parecido al 6,7% de marzo que al de junio que se conocerá en dos semanas y un freno mayor al crecimiento. Es el escenario que le espera al próximo inquilino del quinto piso del Palacio de Hacienda.</p>



<p>Por la corrida cambiaria, el Presidente comprobó una vez más en la cumbre del G7 en Alemania que no tiene margen para desligarse de la inestabilidad que ya es marca de su gestión. Todo pasa cada vez más rápido. Tal vez deba postergar su perfil de orador en foros internacionales para resolver los problemas que lo están consumiendo.</p>



<p>Recién aterrizado en Buenos Aires, el presidente denunció un golpe de mercado en televisión sin conmover a nadie. Ni siquiera desde el propio gabinete surgieron voces solidarias con él ni hashtags de condena a los supuestos golpistas.</p>



<p>El caso es sintomático. Al lado de Alberto dicen que las diferentes facciones de la oposición van a jugar cada vez más fuerte a desestabilizar al gobierno. Pero al mismo tiempo hacen en voz alta un razonamiento que solo puede provocar nerviosismo: admiten que hoy entre el 50 y el 60% de la población se declara opositora, mientras el 25% del Frente de Todos que se referencia en la vicepresidenta toma distancia de Fernández. ¿Quién banca al Presidente?, se preguntan. El porcentaje que lo hace más que delatar la extrema fragilidad del sucesor de Mauricio Macri.</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p><strong><em>«Al lado de Alberto, hacen en voz alta un razonamiento que solo puede provocar nerviosismo: admiten que hoy entre el 50 y el 60% de la población se declara opositora, mientras el 25% del Frente de Todos que se referencia en la vicepresidenta toma distancia de Fernández. ¿Quién banca al Presidente?, se preguntan»</em></strong></p></blockquote></figure>



<p>Los ministros que responden a Fernández tienen una apuesta de mínima que hoy parece de máxima: llegar a diciembre con un respirador artificial y evitar el desenlace traumático que consumió los días finales del candidato Macri en 2019. Una vez que se adivine la costa del año electoral, suponen en Olivos, el Frente de Todos se ordenará detrás de la competencia interna y la oposición dejará de conspirar para comenzar a definir sus propios liderazgos.</p>



<p>Pero diciembre, el mes emblema de todos los fantasmas, queda todavía muy lejos para un gobierno que no sabe qué le espera mañana. La apuesta a un Massa todopoderoso que asume la brasa caliente de un gobierno a la deriva y un peronismo dividido precisa que se cumplan unas cuantas condiciones. Primero la decisión de un presidente que desconfía de muchos en su propia fuerza y había logrado una relación muy estrecha con el que era hasta ayer su ministro más importante. Segundo, la voluntad del propio ex intendente que quisiera llegar con el salto a la Juan Carlos Fabrega ya consumado. Tercero y decisivo, el resultado práctico de una prueba de fuego que se anuncia desde hace dos años. «La gestión te devora», dice un ministro del Frente de Todos que está lejos de ser un debutante. Como prueba, cita el caso de Juan Manzur, el jefe de gabinete que llegó en septiembre y lleva un semestre de intrascendencia como candidato a irte.</p>



<p>Promovido por la propia Cristina, Manzur no contó con el respaldo que hubiera querido de Alberto y tendrá sus razones para explicar su licuación, pero lo suyo es un caso perdido. Volumen político son los padres. Su presencia en los festejos de la embajada de Estados Unidos lo mostró como un actor que está fuera del sistema de decisiones. Mimetizado con figuras de la oposición como el propio Melconian, al jefe de gabinete le pesa todavía el error de cálculo por la falta de gasoil: lo que se iba a solucionar en 48 horas se extendió durante 40 días.</p>



<p>Para decir que no al operativo clamor, Massa puede ver el destino de Manzur o mirar incluso las dificultades que ya afronta su enemigo íntimo Daniel Scioli, que llegó a pura sonrisa al gobierno y ya comprobó que le va a costar encontrar las buenas noticias que quiere dar. Según la consultora Equilibra, el aumento de los controles a las importaciones y el salto de la brecha provoca que muchas empresas pymes no tengan precio para sus productos y prefieran vender lo menos posible al precio más caro.</p>



<p>La incorporación de Massa al gabinete sería parte del relanzamiento tantas veces postergado. Fernández ya demostró que solo cambia en cuentagotas y forzado por las circunstancias. Así su esquema de gobierno se desintegra sin lograr el aire de renovación que pretenden sus defensores.</p>



<p>La presión para que el Frente de Todos haga ahora mismo su última apuesta de gobierno unifica a distintas corrientes. En un clima distendido, la reunión de Cristina con siete gobernadores en el Senado fue parte de un movimiento que tiende a profundizarse. El martes próximo, en Formosa, Gildo Insfrán será el anfitrión de una nueva reunión de los diez mandatarios provinciales de Norte Grande y Jorge Capitanich será uno de los presentes. Todos le reclaman al Presidente que cambie el rumbo económico y se muestran preocupados por el impacto de la crisis en sus propias chances de sobrevida.</p>



<p>Pero Fernández piensa que el plan de estabilización que le reclaman es un plan de ajuste más duro, que incluye la devaluación y un aumento de tarifas más pronunciado, que lo debilitará todavía más si no cuenta con respaldo político. Para lanzarse a esa misión de resultado incierto, el Presidente no solo necesita un piloto de tormenta. Además, le hace falta lo que en más de 30 meses no tuvo: un frente político monolítico que apruebe su política sin beneficio de inventario.</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p><strong><em>«¿CFK está dispuesta a ofrecer un candidato propio para asumir el rumbo económico y arriesgarse a poner a prueba su manual en el final del gobierno? ¿O prefiere seguir en modo campaña casi como opositora y tercerizar esa tarea en algún voluntario del que después pueda desmarcarse?» </em></strong></p></blockquote></figure>



<p>Ubicada en el centro de la cancha, «pum para arriba» como se declaró ayer en Ensenada o «impecable» como dicen que la vieron esta semana en el Senado sus leales, la vicepresidenta cuenta todavía con una base de adhesiones que nadie sueña siquiera empardar hoy dentro del Frente de Todos. La presencia de Julián Dominguez y Felipe Sola en el acto organizado por Mario Secco no hizo más que confirmar el gesto de los gobernadores que se acercaron a hablar con ella. Sin embargo, la debilidad también la afecta producto de un gobierno que no siente como propio pero es producto de su designio. Cristina dice que hay que hablar con todos los sectores y defiende su encuentro con Melconian, pero nunca termina de quedar claro cuál es su salida económica para dar por terminado el vía crucis de Guzmán. La alianza oficialista deambula entre el recuerdo de Axel Kicillof y la campaña permanente de Martin Redrado.</p>



<p>¿CFK está dispuesta a ofrecer un candidato propio para asumir el rumbo económico y arriesgarse a poner a prueba su manual en el final del gobierno? ¿O prefiere seguir en modo campaña casi como opositora y tercerizar esa tarea en algún voluntario del que después pueda desmarcarse? Con una fortaleza relativa envidiable dentro de un gobierno que se autolesiona cada día, la vicepresidenta es considerada por el albertismo duro. Sin embargo, por la responsabilidad que le toca en haber elegido a Fernanndez, no cumple todavía con lo que le recomiendan ni pasa a la oposición plena.</p>



<p>Venga quien venga, como dijo la vicepresidenta en el homenaje a Perón, la situación que le tocará afrontar no va a ser fácil y las consecuencias de lo que decida no van a ser gratis, en especial para lo que fue la base tradicional del Frente de Todos. «Se lo dije a Melconian, no hay posibilidad si no hay un gran acuerdo, hay que encontrar un instrumento que vuelva a colocar una unidad de cuenta, una moneda de reserva y una moneda de transacción, si no hacemos esto estamos sonados, venga quien venga».</p>



<p>Más que eso, el reemplazante de Guzmán tiene que cumplir ese desafío en un tiempo de descuento, cuando el experimento del Frente de Todos se acerca al principio del fin.</p>



<p>Por Diego Genoud para La Política Online</p>
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		<title>2019 no es 1995</title>
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		<dc:creator><![CDATA[dnucera]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Jan 2019 14:21:49 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Panorama]]></category>
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					<description><![CDATA[Analistas políticos y voceros del oficialismo suelen comparar la crisis económica actual con la que se produjo en 1995, cuando Carlos Menem obtuvo la reelección, para restar trascendencia a los efectos de la recesión sobre el humor del electorado. Mauricio Macri puede ganar los comicios de este año a pesar de la caída del PBI...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Analistas políticos y voceros del oficialismo suelen comparar la crisis económica actual con la que se produjo en 1995, cuando Carlos Menem obtuvo la reelección, para restar trascendencia a los efectos de la recesión sobre el humor del electorado. Mauricio Macri puede ganar los comicios de este año a pesar de la caída del PBI así como el riojano lo logró con la economía en plena ebullición por el Efecto Tequila, sostiene esa interpretación.</strong></p>
<p>Quienes la formulan no niegan la dificultad que supone para el Gobierno enfrentar las elecciones en un contexto de tanta contracción económica, pero la relativizan con aquella referencia a lo vivido a mediados de los 90. Sí se puede, afirman, porque los votantes no solo prestan atención al bolsillo a la hora de sufragar sino que conforman su opinión en base a un amplio abanico de circunstancias. Frente a ello, desde la oposición advierten que la experiencia de 1995 fue una excepción, mientras la regla desde la recuperación democrática ha sido que los oficialismos pudieron sostenerse con la economía en crecimiento –aunque no siempre– y perdieron cuando la situación fue adversa en ese terreno. Es decir, la marcha de la economía constituye un aspecto determinante en los resultados de las elecciones, en especial en las presidenciales. Más allá de ese debate, una cuestión central a tener en cuenta es que la asimilación automática del derrumbe de 2019 con la baja de 1995 es cuanto menos forzada, ya que los escenarios previos y las intensidades de las caídas son marcadamente distintos.</p>
<p>Las elecciones del 14 de mayo de 1995 que dieron el triunfo a Menem se produjeron con la economía recién entrando en crisis y después de cuatro años con tasas de crecimiento de entre el 5,8 y el 9,1 por ciento. Es cierto que en el momento de los comicios se vivía una gran incertidumbre financiera que ponía en riesgo la continuidad del plan de Convertibilidad, valorado por amplios sectores de la población por la euforia de consumo que había habilitado, aun a costa de la destrucción del aparato productivo, la suba de la desocupación, el endeudamiento y la exclusión de millones de personas. Pero para aquellos trabajadores que conservaron su empleo, el dólar por el piso, la apertura importadora y el freno a la inflación les permitieron acceder a bienes y consumos, como por ejemplo viajes al exterior, que antes les resultaban imposibles. Hasta marzo de aquel año 95, además, la economía seguía creciendo, a un ritmo del 2,2 por ciento, luego del estallido mexicano de fines del año anterior. El ciclo expansivo del menemismo, a diferencia de la recesión casi permanente del macrismo, duró 19 trimestres consecutivos, con arranque en el tercer trimestre de 1990 y el cierre en abril de 1995. Esa performance generó una percepción de éxito económico para un amplio universo de votantes, por más que otros la estuvieran pasando cada vez peor, que fue reconocido en los comicios del 95 a favor del presidente Menem. En 1991 el PIB avanzó 9,1 por ciento; en el 92, 7,9 por ciento; en el 93, 8,2 por ciento: y en el 94, 5,8 por ciento. En resumen, cuando los argentinos fueron a las urnas en mayo del 95 pesó más la bonanza de cuatro años largos de expansión del PBI que la caída que empezaba recién en ese momento –el segundo trimestre– y que luego se transformaría en una recesión de un año, hasta la salida del pozo en el segundo trimestre de 1996. Menem, además, quedó identificado como el garante de la Convertibilidad. Fue el “voto cuota”, por los créditos en dólares contraídos por millones de argentinos, esencialmente para el consumo, que de alterarse la paridad cambiaria se transformarían en una carga difícil de sobrellevar.</p>
<p>En contraste, ni los medios ultra M ni los consultores de la city alineados con el actual Gobierno pueden dejar de reconocer que el modelo económico de Cambiemos es un gran fracaso desde el primer día. La promesa de la campaña de 2015 de mejorar lo que se había alcanzado hasta entonces y la posterior, de 2017, de por fin dejar atrás la “pesada herencia populista” y consolidar los “brotes verdes” se convirtieron en un engaño inocultable. Macri aparece desnudo cuando se analiza la economía, al punto que el oficialismo hace todo lo posible por tapar los debates sobre el rumbo emprendido y sobre las consecuencias de abrazarse a las reglas del FMI. Hacia adelante, el Presidente tampoco ofrece nada distinto cuando remarca que el proyecto actual es “el único camino” e insiste, contra toda evidencia, en que “es por acá”. Frente a una economía que anotará en 2019 su tercer año de recesión en cuatro de mandato, con record de inflación en 27 años y record de caída de actividad desde 2002, el escenario es claramente distinto al de 1995, cuando Menem consiguió la reelección.</p>
<p>En las demás elecciones presidenciales, la economía fue clave para establecer las preferencias del electorado. En 1989, con hiperinflación y tras un año entero en recesión, el radicalismo perdió a manos del PJ, que prometía salariazo y revolución productiva. En 1999, Eduardo Duhalde no pudo torcer su identificación con la década menemista, que a esa altura ya no tenía la valoración que había logrado en 1995 sino que sobresalían los graves perjuicios del engendro neoliberal, y perdió frente a Fernando De la Rúa, quien supuestamente llegaba para poner en caja a los ganadores del modelo. Además, al momento de la votación el PIB llevaba tres trimestres en picada por la repercusión de las crisis del sudeste asiático, Rusia y Brasil. En la elección de 2003, el balotaje hubiera castigado a Menem frente a la opción heterodoxa que ofrecía Néstor Kirchner, pero la defección del riojano dejó vacante el resultado. Además, el santacruceño se postulaba de la mano de Duhalde y prometía conservar a su ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien había logrado encaminar al país desde las ruinas del 2001. En 2007, el kirchnerismo fue premiado por cuatro años de crecimiento a tasas chinas con el triunfo de Cristina Fernández y en 2011, pese al golpe de 2008 y 2009 por la crisis internacional, la Presidenta fue reelecta con el 54 por ciento y la economía en recuperación. En 2015, en cambio, Daniel Scioli perdió ajustadamente en el balotaje frente a Macri, que machacaba con el latiguillo de que el país hacía cuatro años que no crecía, que por más que no fuera cierto, reflejaba en buena medida el humor social frente al estancamiento productivo y los problemas generados por la restricción externa, con la imposición del “cepo” cambiario como medida emblemática.</p>
<p>En conclusión, en seis de las siete elecciones presidenciales desde 1989 los resultados de los comicios mostraron un alineamiento con el ciclo económico, otorgando la victoria a los oficialismos cuando éste iba hacia arriba –2003, 2007 y 2011– y optando por un cambio frente a situaciones de crisis o estancamiento –1989, 1999 y 2015–. Como se indicó más arriba, el caso de 1995 se diferencia del resto porque la votación se produjo luego de una prolongada etapa de avance del PBI –con todas las objeciones antes mencionadas– y el candidato del gobierno, Menem, era visualizado como la persona capaz de sortear la crisis defendiendo la Convertibilidad. De ahí que sea erróneo utilizar ese antecedente como referencia para lo que pueda ocurrir en 2019. Difícilmente Macri logre conquistar en la próxima campaña esa percepción de piloto de tormenta después de tres años en que la economía no hizo más que entregar malas noticias, a pesar de sus promesas.</p>
<p>Por supuesto que la economía no es el único elemento que juega en una elección de jefe de Estado, más en tiempos políticos locales, regionales e internacionales dominados por las fake news y las operaciones mediáticas y judiciales, pero cuando el bolsillo le aprieta a la mayoría, los vientos de cambio suelen terminar por barrer la hojarasca e imponer su fuerza en las urnas.</p>
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		<title>El primer semestre viene con todo</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Jan 2019 15:04:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En 2015 once provincias unificaron sus elecciones a gobernador con las nacionales, la mitad clavada de las que renovaban los Ejecutivos. Aunque faltan definir unas cuantas parece inexorable: serán varias menos en 2019; al cierre esta nota suman nueve. Media un primer condicionante de manual: en aquel entonces había más provincias controladas por el mismo...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>En 2015 once provincias unificaron sus elecciones a gobernador con las nacionales, la mitad clavada de las que renovaban los Ejecutivos. Aunque faltan definir unas cuantas parece inexorable: serán varias menos en 2019; al cierre esta nota suman nueve. Media un primer condicionante de manual: en aquel entonces había más provincias controladas por el mismo partido que la Casa Rosada. </strong></p>
<p>Se añaden otros factores; prevalece el de despegarse de la polarización priorizando la disputa lugareña. Desdoblan con adelantamientos prolongados, en cantidades superiores al pasado. En el primer semestre se elegirá en Córdoba, Santa Fe y Neuquén entre las más pobladas.</p>
<p>Tucumán podría sumarse a esa oleada. El gobernador Juan Manzur consiguió, vía amparo judicial, declarar inconstitucional la fecha estipulada en la mismísima Carta Magna provincial. Convocó a votar en mayo. Uno de los precandidatos de Cambiemos, el radical José Cano, canta retruco; acudirá a los tribunales con otro amparo para revocar el adelanto.</p>
<p>Los baqueanos regionales malician que un par de “gobernas” cuanto menos especulan con amarrar el terruño y, ya enraizados, postularse para la presidencia. Manzur y el cordobés Juan Schiaretti caen bajo sospecha. No hay modo fehaciente de corroborarlo: los concernidos negarán todo hasta que esté descifrado el escenario provincial.</p>
<p>La bonaerense María Eugenia Vidal maneja un cambio potencial gigante. Analiza separar las compulsas provincial y municipales de la presidencial. Instala la perspectiva con notas de tapa en La Nación, Promueve una comisión bicameral para estudiar la legalidad de la movida. Si quisiera llevarla a cabo tendrían que modificarse o derogarse leyes provinciales. Misión posible dada la correlación de fuerzas parlamentaria y la colaboración de los legisladores que (todavía) responden a Sergio Massa.</p>
<p>Especialistas desmenuzan pros, contras    y prospectivas de la jugada en las páginas 2/3.  Este cronista intuye que la iniciativa quedará en amague, apostaría un asado pero no un auto.</p>
<p>La sinergia entre las candidaturas de Vidal y el presidente Mauricio Macri es una baraja fuerte de Cambiemos, arriesgarse a renunciarla suena temerario. Claro que las tácticas electorales, como las futboleras, se endiosan con el éxito y se desprestigian con la derrota. Guillermo Barrios Schelotto y Marcelo Gallardo capacitan para dictar seminarios sobre el tópico a dirigentes políticos.</p>
<p>El pretexto alegado, que ni la prensa cambiemita toma en serio, es implantar la Boleta Única (BU) en los comicios locales, Imposible combinar entonces con el escenario nacional. La BU en papel se aplica en Córdoba y Santa Fe, con formatos distintos. Ahorra costos de impresión, reduce la impresionante oferta de boletas en el cuarto oscuro. Exige al votante indicar preferencias para cada categoría votada. La experiencia prueba que hay más “votos en blanco” para los cargos menos conspicuos, producto de la relativa dificultad para el elector. Los “famosos” se benefician, en detrimento de sus aliados menos conocidos. Se corrobora más diversidad en votos, “cortes de boletas”.</p>
<p>Quienes despotrican contra las listas sábanas deberían cuestionar a la BU: en general no figuran todos los nombres de todos los candidatos sino de los cabezas de lista&#8230; imposible colarlos a todos sin hacer un mantel.</p>
<p>La prerrogativa de acomodar el calendario es ventaja deportiva de quienes gobiernan, Vidal deshoja la margarita. Los estrategas de Macri ven con malos ojos la tentativa. Todos leen encuestas a lo pavote. En febrero o marzo se discernirá.</p>
<p>El gobernador santafesino Miguel Lifschitz y los ex diputados Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer se insinúan como aliados progresistas del peronismo federal. Ambición modesta que habla de un bajo potencial en la coyuntura. Los socialistas santafesinos conservan la prioridad de revalidarse en la única provincia que gobernaron y sostienen. He ahí su contradicción principal, donde se juegan casi todo. Como secondbest: descolgarse de la competencia nacional es costoso para los aspirantes socialistas a entrar al Congreso Nacional.</p>
<p>Alfonsín y Stolbizer atraviesan el erial del llano, precisan como maná una banca en el Parlamento. Eligieron de modo Random aliados en tiempos recientes, sin fortuna,</p>
<p>Los peronistas federales concitan más reportajes que adhesiones. El gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, reconoce a La Nación que “no somos favoritos por ahora”, un eufemismo más entrador que su discurso. Su esposa, la actriz Isabel Macedo se anota como precandidata a primera dama, haciendo equilibrios difíciles con la temática de género. Se pronuncia a favor de la despenalización del aborto, titubea cuando incursiona en la violencia machista. Le alcanza para quedar a la izquierda de Urtubey, un cometido sencillo.</p>
<p>La pregunta de moda para panelistas o tertulianos de quincho: ¿hay margen para un Bolsonaro argentino? El diputado Alfredo Olmedo contesta que sí, dando un paso al frente. Troglodita, misógino y desenfadado&#8230; el hombre califica para lanzarse.</p>
<p>Allende el contexto derechoso, inestable y líquido este cronista intuye que el macrismo deja poco espacio a su derecha. Las sociedades argentinas y brasileña difieren, la capacidad de protesta y resistencia social son claves. Sin exagerar paralelismos el mayor símil imaginable de Bolsonaro será Macri, si reelige. Más doctrina Chocobar, más represión, reformas laborales, tentativas de eyectar de la Corte Suprema a Elena Highton de Nolasco y Ricardo Lorenzetti. Inquisición judicial para los opositores, acentuación de la doctrina Irurzun, salvavidas tribunalicio o legal para los empresarios implicados en causas de corrupción. La tentación autoritaria ya le borró la sonrisa a “Mauricio”, si triunfa irá por más. Seguramente menos teocrático que el colega brasileño, verbalmente menos franco o brutal pero sintonizando con una ideología que se expande cual mancha de aceite (ver asimismo nota principal).</p>
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		<title>La dolarización es como las brujas</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Sep 2018 11:53:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Un asesor de Trump aseguró que Argentina trabaja en la vuelta de la convertibilidad: Lawrence Kudlow, director del Consejo Económico Nacional de Estados Unidos, sostuvo que el gobierno de su país y el argentino trabajan en un proyecto para “atar el peso” al dólar. Ante el revuelo, voceros de Dujovne negaron la versión. Un asesor...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Un asesor de Trump aseguró que Argentina trabaja en la vuelta de la convertibilidad: Lawrence Kudlow, director del Consejo Económico Nacional de Estados Unidos, sostuvo que el gobierno de su país y el argentino trabajan en un proyecto para “atar el peso” al dólar. Ante el revuelo, voceros de Dujovne negaron la versión.</strong></p>
<p>Un asesor del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que el Departamento del Tesoro de ese país está trabajando en el regreso de la convertibilidad en Argentina. “La única salida para el dilema argentino es fijar el tipo de cambio, atar el peso al dólar. La gente del Departamento del Tesoro está metida en ese tema”, afirmó Lawrence Kudlow durante una entrevista con la cadena de noticias Fox News. Ante el revuelo, desde el Palacio de Hacienda negaron que el Gobierno esté evaluando la introducción de una regla monetaria y cambiaria como el 1 a 1 entre el peso y el dólar que obligaría al Banco Central a respaldar la totalidad de la base monetaria con reservas. A pesar de los cuestionamientos realizados por las autoridades argentinas, las declaraciones del director del Consejo Económico Nacional (CEN) del gobierno estadounidense revelan la vigencia del proyecto que el establishment financiero no pudo imponer después de la debacle de 2001: la dolarización.</p>
<p>La restauración de un esquema de tipo de cambio fijo como antesala para una dolarización de la economía implica renunciar a la soberanía monetaria. A pesar de la efectividad que demostraron esos programas para disciplinar precios internos, la adopción de reglas monetarias y cambiarias estrictas terminó siendo una alternativa ruinosa para los países que siguieron ese camino. Al desestimar las versiones sobre la existencia de un proyecto dolarizador realizadas por el funcionario de la Casa Blanca, el Ministerio de Hacienda difundió una afirmación del Departamento del Tesoro norteamericano: “Apoyamos el trabajo entre Argentina y el FMI sobre reformas monetarias y fiscales, incluida una política monetaria fuerte que confiablemente bajará la inflación y las tasas de interés al tiempo que restablezca la confianza en la economía en el corto plazo”. Aunque la declaración no desmiente las afirmaciones de Kudlow, los funcionarios argentinos lo presentaron como un respaldo a las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional que impulsa el ministro Nicolás Dujovne.</p>
<p>“El peso se ata al dólar y no se puede crear dinero a menos que tengas reservas detrás de él. Eso funcionó en los noventa. Bajó la inflación y mantuvo la prosperidad. Eso es lo que necesitan hacer nuevamente”, expresó el asesor de Trump al señalar que “el Departamento del Tesoro está profundamente involucrado en esta discusión”. Kudlow es un mediático analista financiero que en abril fue nombrado directivo del CEN. El cargo no solo le garantiza una oficina en la Casa Blanca sino que lo convierte en el Asistente del Presidente de Estados Unidos para la Política Económica. Republicano conservador, Kudlow comenzó su carrera política en los años ochenta como director asociado en la Oficina de Administración y Presupuesto durante el gobierno de Donald Reagan para luego regresar a Wall Street, donde trabajó en distintas entidades como el extinto banco de inversión Bear Sterns. A lo largo de los últimos años el promotor del regreso a la convertibilidad mantuvo una activa participación en medios de comunicación.</p>
<p>El Plan de Convertibilidad se puso en marcha el 1º de abril de 1991. La iniciativa instaló una estricta regla monetaria y cambiaria donde se estableció que el Banco Central debía respaldar la totalidad de la base monetaria con reservas internacionales. El programa que estableció un tipo de cambio fijo y apreciado fue desplegado en medio de un profundo proceso de desregulación, privatizaciones, ajuste del gasto, apertura comercial y distintos programas financieros (reestructuración con el Brady y canje compulsivo de plazos fijos con el Bonex). Las iniciativas apuntaban a estabilizar el escenario macroeconómico luego de dos procesos hiperinflacionarios en 1989 y 1990, una cesación de pagos en los servicios de la deuda externa y una fuerte disputa de poder político y económico entre diferentes sectores hegemónicos.</p>
<p>El esquema de política económica activado por el gobierno de Carlos Menem se prolongó más de diez años durante los cuales se consolidaron las tendencias hacia la desindustrialización y reestructuración sectorial puestas en marcha a partir de la última dictadura cívico-militar. La política monetaria y cambiaria estuvo acompañada por la venta de los activos del Estado (desde empresas hasta la seguridad social), el crecimiento del endeudamiento externo, los paquetes ajuste del FMI, la desregulación financiera, una masiva fuga de capitales, la apertura comercial, la flexibilización de las condiciones de empleo y la marginalización de un segmento significativo de los trabajadores. Los pilares fundamentales de la política que desmanteló la estructura productiva se prolongaron hasta 2002, cuando el gobierno provisional de Eduardo Duhalde, quien había firmado una década atrás como vicepresidente la Ley 23.928 que fijó el cambio 1 a 1 entre el peso y el dólar, dispuso el abandono de la paridad cambiaria y una megadevaluación de la moneda nacional.</p>
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		<title>El plan recesión</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Aug 2018 14:44:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Panorama]]></category>
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					<description><![CDATA[La única salida que imagina el Gobierno para contener las presiones devaluatorias es la recesión. Mientras más pronunciada sea la caída de la actividad económica, más posibilidades habrá de cerrar el desequilibrio del sector externo que puso en jaque el experimento de Cambiemos. El equipo económico está dispuesto a sacrificar las empresas que sean necesarias,...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La única salida que imagina el Gobierno para contener las presiones devaluatorias es la recesión. Mientras más pronunciada sea la caída de la actividad económica, más posibilidades habrá de cerrar el desequilibrio del sector externo que puso en jaque el experimento de Cambiemos. El equipo económico está dispuesto a sacrificar las empresas que sean necesarias, los empleos que hagan falta, la calidad de vida de millones de personas para evitar que el principal factor de desestabilización política en la Argentina, el precio y la disponibilidad de dólares para un sector acotado de la población, salga otra vez de su control.</strong></p>
<p><a href="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2018/08/recesion.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="alignnone size-full wp-image-221223" src="https://elcomodorense.net/wp-content/uploads/2018/08/recesion.jpg" alt="" width="960" height="540" srcset="https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2018/08/recesion.jpg 960w, https://www.elcomodorense.net/wp-content/uploads/2018/08/recesion-768x432.jpg 768w" sizes="(max-width: 960px) 100vw, 960px" /></a>El salto del tipo de cambio de 20 a casi 30 pesos entre fines de abril y fines de junio expuso con virulencia los riesgos para la gobernabilidad que implica una corrida sin vallas de contención. Esa situación no ha sido superada, pero logró ser encorsetada con el “salvataje” del FMI y un paquete de medidas monetarias y fiscales contractivas que generan un alto costo en materia de producción, consumo y ocupación. El plan recesión es justamente lo que aminora la sangría de divisas que ponía todo el andamiaje económico al borde del colapso, por el freno que implica en el nivel de importaciones y por la disminución de gastos de argentinos en el exterior. Es la receta habitual del Fondo Monetario frente a casos similares. El oficialismo se abrazó a ella como una tabla de salvación, confiando en repetir la experiencia de los primeros dos años de gestión: un 2016 recesivo y un 2017 de rebote que le permitió llegar a las elecciones de medio término con la promesa de un futuro mejor nuevamente a flote. La expectativa, otra vez, es que luego de un 2018 en picada sobrevenga un 2019 de recuperación que mejore las chances electorales de la alianza gobernante en los comicios presidenciales. La estrategia depende en buena medida de los grados de tolerancia social a las medidas de ajuste. Como se ha podido comprobar desde diciembre de 2015 a la fecha, la política económica no ofrece un horizonte para el desarrollo nacional, ni soluciones a problemas estructurales como la insuficiencia relativa de divisas, la inflación o las debilidades del tejido industrial. Todas esas variables y otras como el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones sufrieron un deterioro acelerado, al tiempo que la deuda del sector público se catapultó en 90 mil millones de dólares sin que ello redundara en mejoras del aparato productivo que garanticen el repago de esos compromisos. Cambiemos, en definitiva, no ha resuelto ningún problema, ha empeorado los que existían, ha engendrado una grave crisis y ha provocado, sobre todo, una transferencia regresiva del ingreso nacional en favor de un puñado de sectores concentrados.</p>
<p>El plan de recesión económica para disminuir la salida de dólares por menos importaciones y menos argentinos viajando por el mundo enfrenta, desde el punto de vista de la ecuación de las divisas, dos problemas fundamentales que la estrategia en marcha ni siquiera se propone abordar: la fuga de capitales y la carga en aumento de intereses de la deuda. La compra irrestricta de dólares que habilitó el Banco Central con la desregulación cambiaria es el Talón de Aquiles del modelo desde un primer momento, el cual fue disimulado mediante aquella explosión de nueva deuda por 90 mil millones de dólares y con el ingreso de capitales especulativos atraídos por las altas tasas de interés. Ese mecanismo, sin embargo, hizo eclosión cuando se cortó el financiamiento externo el último verano y cuando los capitales golondrina empezaron a volar en bandada a fines de abril por una ligera suba de la tasa de interés en Estados Unidos. Eso es lo que Mauricio Macri llama la tormenta, cuando en rigor salta a la vista que el problema era la inviabilidad del esquema instaurado de vía libre a la avalancha importadora, fuga de capitales y deuda al por mayor. Esa deuda, a esta altura, acumuló un caudal de intereses a pagar en moneda dura que dificulta los problemas en esta instancia.</p>
<p>No deja de ser paradójico que el achicamiento económico, con la destrucción que ello implica, sea el camino elegido por el Gobierno para intentar recuperar la confianza de los capitales especulativos. Ya ni siquiera se apela a demandar el sacrificio de la población con la promesa de que ello traerá más adelante una lluvia de inversiones productivas. Solo se plantea que hay que ajustar a cualquier precio para exhibir a los mercados una reducción del déficit fiscal que resucite los canales de financiamiento externo. Así como se condena a la economía a la recesión para contener el valor del dólar, el equipo económico se compromete a que esa política será permanente para ganarse nuevamente el favor de los prestamistas internacionales. Tanta devoción por el ajuste se explica en que el actual modelo solo puede terminar en un estallido devaluatorio y eventualmente en un default si no recupera el acceso a la deuda y a los dólares de los inversores golondrina. Como el perro que se muerde la cola, en caso de que el plan oficial tenga “éxito” en los términos buscados, solo servirá para ganar tiempo hasta la próxima huida de los fondos especulativos o una nueva interrupción de los flujos de deuda, exponiendo otra vez a la Argentina a una crisis que será peor que la actual porque el país estará más endeudado y con menos posibilidades de defensa frente a una situación de ese tipo.</p>
<p>Si el Gobierno tuviera alguna intención de evitar la recesión o al menos amortiguar sus efectos sobre quienes dependen de salarios o jubilaciones desplegaría una batería de medidas anticíclicas de orden monetario y redistributivas. Los ejemplos de las recesiones de 2009 y 2014 están a mano para comparar las diferentes respuestas de política económica ante situaciones similares. En 2009 la Argentina sufrió las repercusiones de la crisis financiera internacional y también una grave sequía. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner reaccionó primero a fines de 2008 con la estatización de las AFJP a fin de terminar con esa estafa a los trabajadores pero también para acceder a fondos acumulados que utilizó, por ejemplo, para darle créditos a empresas en crisis para evitar despidos y reforzar la obra pública. El ejemplo emblemático fue el préstamo a la General Motors. Con la rentabilidad de ese fondo puso en marcha a fines de 2009 la Asignación Universal por Hijo, una potente medida de redistribución del ingreso que sirvió además para reactivar el consumo y la producción industrial pyme que atiende al mercado interno. Pero además se desplegó a lo largo y ancho del país el plan Repro, consistente en el pago de una porción de los salarios de los trabajadores de empresas en crisis para atenuar el salto de la desocupación. Desde lo financiero, se creó el Fondo de Desendeudamiento para evitar recurrir al financiamiento de los mercados cuando se había disparado la tasa de interés. “Nuestro gobierno buscó proteger al mercado interno de la volatilidad internacional, exactamente lo contrario a lo que ocurre ahora. Fuimos expansivos en lo fiscal, tomamos medidas redistributivas y usamos los ahorros acumulados para acotar la crisis”, resume Roberto Feletti, ex secretario de Política Económica en aquel momento, en el equipo que conducía Amado Boudou.</p>
<p>En 2014, agrega Emmanuel Alvarez Agis, ex número dos del equipo de Axel Kicillof , también se aplicaron políticas contracíclicas frente a la recesión, como la multiplicación del plan Procrear de créditos a la vivienda, el aumento del 50 por ciento en el monto de la AUH, la creación del plan Progresar de estímulo a estudiantes, la extensión del plan Conectar Igualdad de producción nacional y distribución de computadoras entre estudiantes, se obligó a los bancos a prestar hasta el 10 por ciento de los depósitos a las pymes, se impusieron techos a las tasas de interés de créditos bancarios y pisos para las tasas de los plazos fijos, se aumentaron las partidas de créditos de la línea productiva, se creó el programa Ahora 12 de préstamos subsidiados al consumo popular, se contuvo el aumento de tarifas a los servicios públicos y se instauró el programa Precios Cuidados para morigerar la inflación. “Las medidas del actual gobierno son procíclicas, nosotros hicimos política monetaria y fiscal anticíclica y por eso la recesión no fue tan profunda y se salió más rápido”, describe Alvarez Agis.</p>
<p>El plan recesión de Cambiemos solo busca la supervivencia política de la segunda alianza, condenando a la mayoría de los argentinos a pagar las consecuencias, mientras se sostienen políticas inviables que solo traen involución, penurias, destrucción del aparato productivo y hasta muerte, como se pudo comprobar esta semana con los desgarradores casos de la escuela de Moreno, a la vez que se compromete el futuro de las próximas generaciones con un endeudamiento descontrolado. Eso, más que un plan, es una sentencia al fracaso.</p>
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