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	<title>No rendirse &#8211; El Comodorense</title>
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	<description>Noticias de comodoro rivadavia y la región</description>
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		<title>Se codeó con la muerte, perdió la movilidad y cumplió su sueño</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Apr 2022 00:45:36 +0000</pubDate>
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<h5><strong>Hace casi 20 años, Juan Aguirre, quedó en coma por un accidente, nunca abandonó su sueño y hoy ejerce derecho penal.</strong></h5>



<p></p>



<p> “Era un Jueves Santo. Bajé del móvil, llené con agua caliente el termo en una estación de servicio que está a la salida de<strong>&nbsp;Tunuyán</strong>, me volví a subir y salimos a la ruta.&nbsp;<strong>Fue la última vez que caminé”</strong>. En la charla con&nbsp;<strong>TN</strong>,&nbsp;<strong>Juan Aguirre</strong>&nbsp;recuerda la madrugada del&nbsp;<strong>17 de abril de 2003&nbsp;</strong>como lo que fue: una bisagra en su vida, marcada por la desgracia de perder la<strong>&nbsp;movilidad de sus piernas</strong>&nbsp;y, al mismo tiempo, por una&nbsp;<strong>segunda oportunidad</strong>. </p>



<p> La escena continuó con el auto del Ministerio de Seguridad de&nbsp;<strong>Mendoza&nbsp;</strong>saliendo hacia la ruta en dirección al Norte, un recorrido de apenas 300 metros y el accidente. “Nos chocaron de atrás,&nbsp;<strong>el impacto hizo que mi compañero se cruzara de carril y de frente venía una Trafic</strong>. Después ya no recuerdo más nada”, detalla Aguirre, que trabajaba en la Policía provincial, pero ya tenía claro que su horizonte profesional era ser&nbsp;<strong>abogado</strong>. Meses antes había completado los estudios preuniversitarios en la Universidad de Congreso. </p>



<p> El choque mató al suboficial que iba de acompañante, mientras que el conductor sufrió heridas en las piernas. Juan Aguirre -31 años entonces- padeció<strong>&nbsp;fractura de cráneo, un neumotórax en el pulmón derecho y una lesión medular irreversible</strong>: “Estuve unas tres semanas inconsciente más dos meses en terapia intensiva en el Hospital Militar. Mi estado era gravísimo&nbsp;<strong>y a mi esposa no le daban muchas esperanzas</strong>. La iban preparando anímicamente<strong>&nbsp;para darle la noticia de mi muerte”</strong></p>



<p>Cuenta Aguirre que fue “la mano de Dios” -dice ser muy creyente- sumada a sus ganas de vivir lo que le permitió, de a poco, exhibir <strong>signos de recuperación</strong>. Una mañana abrió los ojos y redescubrió la sonrisa de&nbsp;<strong>Soledad</strong>, su compañera de toda la vida. Sin embargo Aguirre no se ha enterado que no volverá a caminar, por el resto de su vida. </p>



<p>“Me comunicaron la noticia cuando estaba por pasar a sala común. Me lo tenían que decir ahí porque, si me descompensaba, estaba en terapia”, apunta este hombre de 50 años. Y sigue:<strong>&nbsp;“Recuerdo que mi esposa me tomó la mano</strong>. Tenía a un médico al pie de la cama y el otro a un costado”.</p>



<p>Entonces, uno de los médicos miró a los ojos de Aguirre y le habló:<strong>&nbsp;“Tuviste un accidente muy grave. No vas a poder volver a caminar”</strong>.</p>



<p>El hombre lloró al escuchar la noticia y dentro suyo se liberaron las emociones más desgarradoras:<strong>&nbsp;“Tuve mucha rabia, impotencia, dolor, tristeza, llanto</strong>. Toda esa mezcla. Obviamente, varias veces me cruzó por la cabeza el deseo de&nbsp;<strong>haber muerto esa noche”</strong>.</p>



<p>Era una etapa que debía transcurrir. Aguirre era joven, tenía<strong>&nbsp;cuatro hijos</strong>&nbsp;-Cristian, Juan, Paola y Matías-&nbsp;<strong>y un quinto&nbsp;</strong>-Gabriel- en camino. Tenía<strong>&nbsp;a sus padres</strong>&nbsp;-inmigrantes que llegaron de Bolivia y se afincaron en Mendoza- que lo educaron en el esfuerzo y le enseñaron a no rendirse ante la adversidad. Tenía una familia entera y amigos dispuesto a acompañarlo.</p>



<p>Hubo, también, momentos de<strong>&nbsp;negación</strong>.&nbsp;<strong>“Pensaba que iba a ocurrir algo milagroso y me iba a poder parar</strong>. ‘Yo tengo que salir de esto’, me alentaba a mi mismo”, recuerda Aguirre.</p>



<p>Luego de tres meses en sala común y un fuerte tratamiento psiquiátrico, Aguirre fue trasladado al centro de rehabilitación de la Fundación San Andrés, situada junto al Parque San Martín, en la capital mendocina.</p>



<p>“Ahí comencé la etapa de<em>&nbsp;click</em>.&nbsp;<strong>Me di cuenta de que la silla de ruedas ya era parte de mi vida</strong>. Coincidí con gente que había sufrido lo mismo que yo. Empecé a cruzarme&nbsp;<strong>con otras historias de vida”</strong>, relata. “Conocí a Marcos, un amigo que vive en silla de ruedas hace muchos más años que yo, y que casualmente vive en la misma manzana de casa.&nbsp;<strong>‘Tenés que seguir, hermano. Dale que se puede’</strong>, me decía”.</p>



<p>Las recaídas en el ánimo, sin embargo, también eran parte del renacer. “Fue duro salir a la calle. Me perseguía.&nbsp;<strong>Pensaba que la gente me estaba mirando como algo raro, o con lástima</strong>. Me costó mucho”, recuerda. Y continúa: “O me encerraba o salía, ésas eran las opciones.&nbsp;<strong>Decidí salir”</strong>.</p>



<p>Por aquellos días, el sueño de convertirse en abogado volvía a florecer. Pero las secuelas físicas del accidente seguían haciendo mella en el presente de Aguirre y minaban su futuro:&nbsp;<strong>“Retomé dos veces y no pude continuar</strong>. Me habían colocado una placa para fijar la columna, pero me empezó a lastimar y se me había formado una herida fea en la espalda. Hasta que a fin de año me dijeron que&nbsp;<strong>debían operarme”</strong>. Corría el año<strong>&nbsp;2006</strong>.</p>



<p>En adelante fueron siete años en los que Aguirre vio crecer a sus cinco hijos y nunca perdió la ilusión de retomar los estudios. “Teníamos varios gastos. Los chicos, la escuela. No podía destinar un dinero extra para cursar abogacía”, cuenta.</p>



<p>En 2013, la Universidad Siglo 21 abrió una sede en Tunuyán, a siete cuadras de la casa de los Aguirre.&nbsp;<strong>“‘Acá está la oportunidad</strong>’, me dije. ‘¿Tenés ganas?’, me preguntó mi esposa. ‘Por supuesto’, le respondí. Y me anoté. Arranqué en marzo”.</p>



<p>Dos años después, el protagonista de esta historia obtuvo el título intermedio de procurador. “Tener ese diploma colgado en la pared me animaba a ir por más.<strong>&nbsp;Y en 2018, finalmente, me recibí de abogado. Ya no hubo más paréntesis. La tercera fue la vencida”</strong>, se enorgullece.</p>



<h5>El poema de Mario Benedetti que fue su inspiración: “No te rindas”</h5>



<p>Las obstáculos, sin embargo, nunca dejaron de ser parte del paisaje. “Me largué solito, a los tumbos, luego de no recibir respuesta de parte de los estudios jurídicos de la zona, a los que había enviado mi currículum”, cuenta.</p>



<p>Con su silla de ruedas, Juan Aguirre empezó a recorrer los pasillos de los tribunales y recibió sus primeros casos. “Me acuerdo que el primero fue de familia. El segundo fue un caso penal, y ahí dije<strong>&nbsp;‘acá está lo mío, esto es lo que me gusta’”</strong>, rememora.</p>



<p>Según cuenta, el derecho amerita “una capacitación constante”, con lo cual Aguirre fue llenando de diplomaturas y actualizaciones las paredes del estudio montado en una de las habitaciones de su casa. Allí también se luce&nbsp;<strong>un poema de Mario Benedetti</strong>.</p>



<p><strong>”No te rindas, por favor no cedas.&nbsp;</strong>Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda. Aunque el sol se esconda y se calle el viento.&nbsp;<strong>Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños</strong>. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo. Porque lo has querido y porque te quiero”, dice.</p>



<p>Para Juan Aguirre es una bandera y encierra el mensaje que quiere dar en el final: “Mi vida es eso. Y es lo que siempre trato de transmitir:&nbsp;<strong>no hay que rendirse</strong>, ¡jamás!”.</p>
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